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LA AGRESIVIDAD INFANTIL

 

 

 
 

 

LA AGRESIVIDAD INFANTIL

Gloria Martí Cholbi. (Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación)

 

Celos
 
 
 

 

Junto a la desobediencia, la agresividad infantil es uno de los problemas de los que más se quejan los padres y educadores; muchas veces aparecen unidos ambos tipos de problemas.

El comportamiento agresivo es muy común en los niños. Es mucho más frecuente en los primeros años, y luego va bajando. El nivel máximo se da sobre los 2 años, a partir de los cuales disminuye hasta alcanzar niveles más moderados en la edad escolar. Así, cuando decimos que un niño mayor es agresivo, decimos que tiene la misma frecuencia de conductas que el de 2 o 3 años.

 

Se puede decir que la agresividad es relativamente deseable en el proceso de socialización, entendida como cierta dosis de combatividad, gracias a la cual se pueden ir consiguiendo pequeños logros. Pero esa dosis no debe pasar los límites aceptables para que se considere como adaptativa. No es bueno que el niño tenga miedo a ejercer sus derechos, pero tampoco lo es dejar rienda suelta a la agresividad. El niño agresivo no se encuentra a gusto ni con los demás ni consigo mismo. Los ataques agresivos fomentan respuestas agresivas por lo que es normal descubrir que estos niños no son populares. El comportamiento agresivo dificulta las relaciones sociales y la correcta integración en cualquier ambiente.

 

Igualmente hay que tener en cuenta que algunas manifestaciones de agresividad son admisibles en una etapa de la vida pero no lo son en otras. Es normal que un niño en sus primeros años de desarrollo llore, patalee, golpee..., pero en etapas posteriores estas conductas no son aceptables. Después de los 6 años estas conductas suelen convertirse en insultos verbales, acusaciones... Si estas conductas llegan a consolidarse, independientemente de la edad que tenga el niño, es muy probable que tenga problemas en el futuro.

 

 

Muchos padres piensan que estos problemas de los niños son hereditarios y por ello no se les puede ayudar.... bueno, toda conducta humana es afectada por la herencia pero en mayor medida por el ambiente. La herencia no se puede cambiar, pero el entorno sí. Así, hay que saber que el problema puede resolverse. Entre los niños hay diferencias a la hora de aprender, pero todos pueden cambiar su comportamiento. La mayoría de fracasos a la hora de resolver problemas de conducta en los niños no se deben a que el niño no sea capaz de aprender, sino a la ignorancia de los adultos sobre cómo puede modificarse el comportamiento humano.

 

Las conductas agresivas se suelen aprender por imitación u observación de la conducta de modelos agresivos, es decir, el niño tiende a imitar los modelos de conducta que se le presentan La reacción de cada niño depende de cómo haya aprendido a reaccionar ante las situaciones conflictivas. Si vive rodeado de modelos agresivos, irá adquiriendo un repertorio conductual caracterizado por una tendencia a responder agresivamente a las situaciones conflictivas. El niño no es adivino, no nace sabiendo, ni aprende solo; no puede saber cómo debe comportarse si no es viendo cómo lo hacen los demás. Los niños aprenderán a comportarse de acuerdo a los patrones de conducta que les presentemos, según los modelos que tengan oportunidad de observar y según las consecuencias de las conductas que observan.

 

 

 

Disciplina
Hiperactividad
Acoso Escolar
Enuresis
Tartamudez

Miedos

Deberes

Ortografía

Autonomía

Autocontrol

Valores

Situación Crítica

Memoria

Lectoescritura

Autoestima

Habilidades Sociales

Adicción Internet

Disciplina Positiva

Inteligencia Emocional

Razonamiento

Adolescencia

Lectura

Timidez

Libros Educativos

Divorcio

Grafomotricidad

Aprendizaje Cooperativo

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
   
   
   
   

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