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TÉCNICAS PARA CAMBIAR EL COMPORTAMIENTO

 

 

 
 

TÉCNICAS PARA CAMBIAR EL COMPORTAMIENTO

Elizabeth Martínez Villalta

 
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Las técnicas de Modificación de Conducta son una serie de herramientas que se usan en psicología para ayudar a cambiar un comportamiento malo o inadecuado de una persona por otro comportamiento más adecuado y positivo, tanto para él como para las personas a las que afecta. Son técnicas muy usadas en Psicología, y sobre todo en el área educativo, tanto escolar como familiar.

 


La comunicación con los hijos es un elemento fundamental para una buena educación, así que también es imprescindible que sea buena en los procedimientos de modificación de conducta.
Ante todo, hay que dejar claro al niño que lo que se necesita cambiar es la conducta y no la personalidad. Lo que se cambia mediante refuerzo, castigo o extinción es su forma de actuar, y no su forma de ser.

Por eso es bueno dar un aviso previo al niño de cuál va a ser la consecuencia de su conducta, y en el momento en que tengamos que aplicar o quitar el refuerzo o castigo, recordarle cuál ha sido la conducta que nos ha llevado a eso.
Si por ejemplo, intentamos evitar que un niño le quite los juguetes a su hermano mediante castigo negativo, en lugar de frases como “que malo eres”, o “trata bien a tu hermano”, sería más conveniente frases más explicativas como “ahora no puedes jugar, porque le has quitado el juguete a tu hermano”.
De esta forma, ponemos el énfasis en el mal comportamiento que ha tenido en ese momento concreto y no que sea malo, travieso, agresivo…

Una vez que tengamos claro que no intentamos cambiar al niño, sino su forma de comportarse, debemos definir y especificar exactamente la conducta que hay que cambiar. Es habitual que los padres se expliquen los problemas con sus hijos de forma muy general, lo que dificulta mucho encontrar una solución ya que se mezclan distintas situaciones, conductas, objetos o actuaciones que están provocando que siga el problema sin que sepan diferenciar cada cosa. La unión de todo ello sin que sepan cómo afrontarlo, lleva a la sensación de desbordamiento y no saber por dónde empezar.

La base del éxito, en gran parte, consiste en desgranar y concretar todas las conductas que queremos modificar y comenzar por la que creamos más problemática. Una vez identificado ese comportamiento, tendremos que fijarnos en qué situación se da, qué consecuencias tiene para el niño y para el resto, y qué posibles cosas están haciendo que siga actuando así. Si nos damos cuenta de que un problema se compone de distintos elementos más manejables, será más fácil que encontremos soluciones paso a paso.

Resulta bastante difícil ponerse en lugar del niño y saber identificar porqué lo hace y qué consecuencias obtiene con ello. Es lógico pensar que aunque no sabemos qué es, si el niño lo hace será porque obtiene algo que le beneficia, o se libra de algo que no quiere.

Independientemente del procedimiento que vayamos a hacer, siempre debe ser en el momento en que se hace la conducta. Es decir, si queremos castigar al niño porque ha tirado la comida, debemos hacerlo en el momento en que lo vemos. Si echamos la bronca mientras recogemos y aplicamos un castigo cuando ya ha pasado un rato, no es tan eficaz. El niño puede identificar el castigo con alguna otra cosa que haya hecho después. Debe ser próximo en el tiempo para que el niño se dé cuenta que ha cambiado la relación que entendía hasta entonces de lo que hacía y lo que obtenía.
Nosotros debemos actuar sobre lo que obtiene, para que así cambie lo que hace.


Las técnicas operantes más utilizadas en la educación infantil son el refuerzo, el reforzamiento diferencial, castigo, tiempo fuera, economía de fichas y la extinción.


REFUERZO

 

Se emplea la técnica del reforzamiento, si lo que se quiere conseguir es que el niño repita una conducta. Vamos a conseguir aumentar el número de veces que el niño haga una conducta que hasta ahora se hacía pocas veces y que queremos que se habitúe a hacerlo.

Lo podemos conseguir de dos maneras.
Mediante refuerzo positivo le daremos al hijo algo que le guste cuando ha hecho algo correctamente.
La otra manera de reforzar es quitarle un objeto o situación que no le gusta al niño y que le resulte desagradable, justo después de hacer bien un comportamiento o tarea. A esto se le llama refuerzo negativo. (Por ejemplo, si el niño ha estado ordenando su habitación adecuadamente, como recompensa le libraremos hoy de tirar la basura que no le gusta).
En ambos casos el niño está obteniendo beneficios por actuar bien, así que es probable que la próxima vez vuelva a hacerlo igual, y así obtener su recompensa. Si usamos refuerzo positivo, directamente obtiene un premio, mientras que si usamos refuerzo negativo se libra de aquello que le está molestando.
La distinción positivo/negativo no se refiere a que sea bueno o malo, sino que se da o se quita algo.

Para que sea lo más eficaz posible, es importante conocer los gustos del niño. Lo que para unas personas funciona como algo positivo y por lo tanto reforzante, para otras significa algo desagradable y que intentarán evitar. Es útil elaborar un listado con los objetos o actividades que más gustan, así como las que más le desagradan, pidiendo la opinión al propio hijo.


REFORZAMIENTO DIFERENCIAL

Consiste en eliminar un comportamiento inadecuado a base de reforzar otro comportamiento que sustituya al anterior, pero que sea más apropiado.
Las técnicas para eliminar conductas no suelen ser muy bien acogidas por niños ni por padres, ya que suelen acarrear protestas, gritos y berrinches, lo que desanima a muchos padres a seguir. En el caso del reforzamiento diferencial, no resulta tan desagradable el proceso, ya que también se ofrecen refuerzos a otras conductas, lo que produce una sensación general más positiva. Además de enseñar al niño lo que NO debe hacer, también se le especifica lo que sí puede hacer, y se le premia por ello.

1 – Reforzar otras conductas
En este caso, lo que se refuerza es que NO se produzca el comportamiento que se quiere eliminar en un intervalo determinado. Es decir, que se premia cualquier otra conducta que no sea la inapropiada.
Es útil sobre todo para conductas que se dan en situaciones específicas y no durante todo el día, ya que eso resultaría muy complicado y requeriría un estudio previo detallado.


2 – Reforzar conductas incompatibles
Lo que se premia en este caso es que haga un comportamiento concreto que no pueda hacer a la vez que el inadecuado. Puede ser incompatible por distintas razones; que tenga que usar las mismas partes del cuerpo, que se haga en sitios muy alejados entre si, que use los mismos objetos pero con otra función…
Ejemplos de conductas incompatibles entre sí son morderse los labios y comer chicle, tocar el piano y jugar al ordenador, escupir y beber agua…


CASTIGO

El objetivo de usar un castigo es que el niño no vuelva a hacer una conducta que consideremos mala, o que la haga menos veces.
Al igual que ocurre si reforzamos, podemos aplicar castigo de dos maneras: positivo o negativo (dar/quitar).
Castigo positivo – Le daremos a nuestro hijo algo desagradable para él cuando haga algo que no debe.
Castigo negativo – Consiste el quitarle algo que le gusta mucho en el caso de que haga algo malo que no queremos que haga.

Siempre habrá que especificar qué es lo que ha hecho mal y por que se le castigua por ese acto y no por otro.

La actitud adecuada para que sea eficaz debe ser firme, tajante y siempre constante. Cada vez que aparece esa mala conducta que no queremos que haga, inmediatamente le daremos el castigo que hayamos acordado con el hijo, sin variaciones ni cambios de última hora.


TIEMPO FUERA

Consiste en aislar al niño durante un tiempo en un lugar aburrido y así no tenga ninguna posibilidad de refuerzo.

Primero hay que especificar qué conductas son las que implicarán el tiempo fuera. Las normas deben ser claras y concisas para que el niño las entienda fácilmente y sepa distinguir lo que está bien hecho y lo que no. Una orden como “portarse bien en la mesa” es demasiado amplia y llevará a errores, incluso entre los mismos padres. Sería más adecuada una orden más concreta como “no gritar en la mesa”.

El sitio elegido para que el niño quede aislado durante el tiempo fuera debe ser aburrido, sin nada con lo que pueda entretenerse, ni elementos peligrosos (como tijeras o cuchillas). Ejemplos de sitios son el pasillo, el hall de entrada, la terraza…

En ese intervalo de tiempo, los padres deben resistirse a hacer caso al niño. Ni los gritos ni lloros, ni siquiera los intentos de mantener una conversación pueden hacerles perder los nervios. Hay que ignorar las quejas, y si durante el periodo de tiempo fuera no se mantiene en su sitio, se repetirá el periodo.


ECONOMÍA DE FICHAS

Este procedimiento consiste en darle al niño puntos o fichas que podrá acumular y cambiar por objetos o actividades de su gusto.

Los comportamientos que se van a puntuar están establecidos antes de empezar con el programa y son conocidos y comprendidos tanto por los padres como por el hijo.
Lo mismo ocurre con la lista por la que se pueden canjear las fichas. Deberá reflejar los gustos del hijo que hayan sido aprobados por los padres. Por ejemplo, aunque lo que más le guste sea un perro, y los padres no quieren tener uno en casa, no se deberá incluir en el listado. Todo lo que se acuerde en la lista de normas y la de premios deberá ser cumplido por todos, así que los padres no pueden negarse a hacer algo que haya ganado su hijo con puntos.

Es útil escribir todas las normas, la lista de premios, y tenerlos en algún sitio visible de la casa para recordarlos. También se puede hacer una tabla o pizarra donde ir apuntando las fichas que obtiene para que el hecho de ver la tabla llena de puntos o pegatinas sirva como ánimo de los logros del niño. Estos puntos se darán en el momento en que el niño ha cumplido una de sus normas, mientras que el rato elegido para canjearlos suele ser determinado previamente.


EXTINCIÓN

El objetivo es dejar de reforzar una conducta del niño que no queremos que siga haciendo.

Muchas veces, sin darnos cuenta, estamos reforzando una mala conducta del niño, y éste aprende a hacerla para conseguir lo que quiere. Si le ha dado resultado en otras ocasiones, seguirá así. Mediante la extinción del refuerzo, es más probable que deje de hacer esa mala conducta y busque otras maneras de lograr su objetivo.
Es más útil combinar esto con el refuerzo de otras conductas más positivas por las que sí obtenga beneficios.

 

Elizabeth Martínez Villalta
Centro Psicológico Adán

 

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