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Artículos de Psicopedagogía: METODOLOGÍA EN LA EDUCACIÓN INFANTIL

 

 

 

 
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METODOLOGÍA EN LA EDUCACIÓN INFANTIL

 

 
Celos

La etapa de EI es susceptible de recibir diferentes tratamientos. La exigencia de orientar y dar un sentido inequívocamente educativo a la EI conduce a la necesidad de hacer explícitos los principios metodológicos que deben enmarcar la acción pedagógica en este etapa.

 

       Los aprendizajes que el niño realiza en esta etapa contribuirán a su desarrollo en la medida en que constituyan aprendizajes significativos. Para ello, el niño debe poder establecer relaciones entre sus experiencias previas y los nuevos aprendizajes. El proceso que conduce a la realización de estos aprendizajes requiere que las actividades y tareas que se lleven a cabo tengan un sentido claro para él.

      El profesor, partiendo de la información que tiene sobre los conocimientos previos del niño, presentará actividades que atraigan su interés y que el niño pueda relacionar con sus experiencias anteriores.

      Aunque no hay método único para trabajar en esta etapa, la perspectiva globalizadora se perfila como la más adecuada para que los aprendizajes que los niños y niñas realicen sean significativos. El principio de globalización supone que el aprendizaje es el producto del establecimiento de múltiples conexiones, de relaciones entre lo nuevo y lo ya aprendido. Es, pues, un proceso global de acercamiento del individuo a la realidad que quiere conocer. Este proceso será fructífero si permite que las relaciones que se establezcan y los significados que se construyan sean amplios y diversificados.

      El profesor propondrá a los niños y niñas secuencias de aprendizaje, pequeños proyectos o unidades didácticas que requieran el concurso de contenidos de diferente tipo y de distintas áreas, aunque será también conveniente plantear otras actividades que alternen con las propuestas globalizadoras.

      La actividad física y mental del niño es una de las fuentes principales de sus aprendizajes y de su desarrollo. Esta actividad tendrá un carácter constructivo en la medida en que a través del juego, la acción y la experimentación descubra propiedades y relaciones y vaya construyendo sus conocimientos.

      Es imprescindible destacar la importancia del juego como la actividad propia de esta etapa. En el juego se aúna, por una parte, un fuerte carácter motivador y, por otra, importantes posibilidades para que el niño y la niña establezcan relaciones significativas y el profesorado organice contenidos diversos, siempre con carácter global, referidos sobre todo a los procedimientos y a las experiencias. Se evitará la falsa dicotomía entre juego y trabajo escolar.

      Desde esta perspectiva debe entenderse la consideración de las distintas clases de contenido establecidos en el currículo. La existencia de conceptos y actitudes no supone en ningún caso que deban ser abordados de manera transmisiva y verbalista. La distinción es útil para el profesor, quien a la hora de planificar las actividades tendrá en cuenta los diferentes tipos de contenidos y procurará que su construcción progresiva se realice siempre desde la actuación del pequeño, alrededor de problemas y situaciones concretos en los que pueda encontrar sentido porque conecten con sus intereses y motivaciones.

      Aunque importantes en todas las etapas, los aspectos afectivos y de relación adquieren un relieve especial en la EI. En esta etapa es imprescindible la creación de un ambiente cálido, acogedor y seguro, en el que el niño se sienta querido y confiado para poder afrontar los retos que le plantea el conocimiento progresivo de su medio y para adquirir los instrumentos que le permitan acceder a él. Los niños que asisten  a un centro de EI necesitan establecer con el educador una relación personal de gran calidad, relación que les transmitirá una confianza básica y la seguridad precisa para su desarrollo. El centro de EI aporta al niño otra fuente de experiencias determinante de su desarrollo: su encuentro con los compañeros. La interacción entre los niños y niñas constituye tanto un objetivo educativo como un recurso metodológico de primer orden. Las controversias, interacciones y reajustes que se generan en el grupo facilitan el progreso intelectual, afectivo y social.

 

Una adecuada organización del ambiente, incluyendo espacios, recursos materiales y distribución del tiempo, será fundamental para la consecución de las intenciones educativas. El espacio escolar permitirá al niño situarse en él, sentirlo suyo, a partir de sus experiencias y relaciones con personas y objetos. La distribución del espacio debe adecuarse a las variadas y cambiantes necesidades de los niños, hacer posible el sueño y reposo de los más pequeños, facilitar a los que se desplazan el acceso y uso autónomo del espacio, y tener presentes las características de cada grupo de edad y sus necesidades. Se debe prever que los niños dispongan de lugares propios y de uso común para compartir, para estar solos o para jugar y relacionarse con los demás, espacios para actividades que requieren una cierta concentración y espacios amplios que faciliten el movimiento. El educador deberá prever las distintas situaciones y decidir sobre los medios que las hagan posibles, evitando organizaciones rígidas y excesivamente especializadas.

      El Centro debe ofrecer una gama variada y estimulante de objetos, juguetes y materiales que proporcionen múltiples oportunidades de manipulación y nuevas adquisiciones. La selección, preparación y disposición del material y su adecuación a los objetivos educativos son elementos esenciales en esta etapa.

      En la Educación Infantil la organización de las actividades requiere flexibilidad y posibilidad de adecuación a los ritmos de los niños. La organización del tiempo debe respetar sus necesidades: afecto, actividad, relajación, descanso, alimentación, experiencias directas con los objetos, relación y comunicación, movimiento. El Educador organizará la actividad partiendo de los ritmos biológicos y estableciendo rutinas cotidianas, lo que contribuirá a estructurar la actividad del niño y a la interiorización de unos marcos de referencia temporales.

      En los centros de Educación Infantil se configura una comunidad educativa con mayor facilidad que en otro tipo de centros. La Educación Infantil alcanza su pleno sentido en un marco de colaboración y coordinación entre los elementos que inciden en el proceso educativo de los niños y niñas: el equipo docente y las familias.

      La existencia del equipo educativo es indispensable para asegurar una coherencia y continuidad en la acción docente. El equipo actuará conjunta y responsablemente en las tareas y funciones que le son propias. Estas se refieren a la elaboración, desarrollo y evaluación del proyecto curricular.

      La familia desempeña un papel crucial en el desarrollo del niño. En este sentido, el centro de Educación Infantil comparte con la familia la labor educativa, completando y ampliando sus experiencias formativas. La eficacia de la Educación Infantil depende, en gran medida, de la unidad de criterios educativos en los distintos momentos de la vida del niño, en casa y en la escuela. Para que esto sea posible es necesaria la comunicación y coordinación entre educadores y padres.

      Mediante el intercambio de información, familia y educadores tratan de guiar y facilitar la incorporación y adaptación del niño al centro.

      No se pretende definir un único método o metodologías mejores o peores, sino criterios didácticos, en consonancia con la forma de entender el proceso de enseñanza y aprendizaje y la relación que ha de existir entre el alumno y el educador.

      - Desde una perspectiva constructivista, para ayudar a un niño o a una niña a progresar, el educador debe conocer sus posibilidades madurativas y confiar en sus capacidades de progreso.

      - Si el aprendizaje lo realizan los niños y las niñas, el educador organizará la actividad de tal modo que no sólo dé cabida, sino que favorezca y fomente las propuestas por parte de ellos y ellas, la planificación de los pasos necesarios para llevarlas a cabo y su realización.

      - Dentro de esta organización cobran especial relevancia las actividades y experiencias. La actividad del niño es una de las fuentes principales de su aprendizaje y desarrollo, teniendo un carácter realmente constructivo en la medida en que es a través de la acción y la experimentación como el niño, por un lado, expresa sus intereses y motivaciones y, por otro, descubre propiedades de los objetos, relaciones, etc.

- El juego es un instrumento privilegiado para el desarrollo de las capacidades que se pretende que alcance el niño, por el grado de actividad que comporta, por su carácter motivador, por las situaciones en que se desarrolla y que permiten al niño globalizar, y por las posibilidades de participación e interacción que propicia, entre otros aspectos.

      - La actuación del niño sobre la realidad comporta un proceso de construcción de significados, que es la clave de su desarrollo, y que realiza con el concurso de sus experiencias y conocimientos previos y en la medida en que se siente motivado a implicarse en tal proceso. Esto significa que el maestro o la maestra deben tratar de conocer cuáles son los conocimientos y experiencias previos de los niños y niñas, los significados que ya han construido -sean adecuados o no- para partir de ellos y facilitar este proceso de construcción y reconstrucción continua de significados. Como, además, el niño ha de sentirse motivado a participar en este proceso de construcción, resultará básica la aportación del adulto y su intencionalidad de partir de interés de los niños y niñas, de sus propias propuestas y motivaciones, y articular a su alrededor las secuencias susceptibles de ayudarles a aprender constructivamente.

      - El principio de globalización supone, ante todo, que aprender requiere establecer múltiples conexiones entre lo nuevo y lo sabido, experimentado o vivido. Se trata de un proceso global de acercamiento del individuo a la realidad que quiere conocer, que será un proceso más fructífero en tanto le permita establecer relaciones y construir significados más amplios y diversificados. En estrecha relación con ello, se trata también de comprender que cada niño o niña es un ser único, en el que se engloban todas sus capacidades sin separación y profundamente imbricadas, y al que hay que contemplar y apoyar en todo su ser.

      Abordar los contenidos de Educación Infantil desde una perspectiva globalizadora supone proponer a los niños que se impliquen en la realización de proyectos que respondan a sus intereses y que tengan sentido para ellos (por ejemplo, adornar la clase para una fiesta o representación).

      Como principio general, al planificar debe evitarse ser artificial intentando globalizarlo absolutamente todo; puede haber ocasiones en las que resulte conveniente plantear actividades concretas que alternen con las propuestas habitualmente globalizadas. Estas actividades aisladas pueden ser de grupo grande (explicación de un cuento, aprendizaje de una canción...) o de grupo más reducido (participación en rincones o talleres, por ejemplo), y pueden surgir a propuesta del educador o de los propios niños.

      - El maestro o la maestra deben posibilitar que las relaciones entre iguales sean paulatinamente más enriquecedoras y constructivas y, al tiempo, utilizarlas como un recurso metodológico básico, que les permite organizar buena parte de las experiencias y actividades educativas en torno a ellas.

      - Las características de los niños que acuden al centro educativo hacen imprescindible que encuentren en él un ambiente cálido, acogedor y seguro, que permita y contribuya al desarrollo de todas sus capacidades.

      - Cuando el niño menor de seis años asiste a un centro de Educación Infantil, éste debe compartir con la familia la labor educativa, completando y ampliando las experiencias formativas del desarrollo. 

BIBLIOGRAFÍA:

ESPINOSA, A.: "La nueva ordenación de la Educación Infantil". Escuela Española. Madrid, 1991.

LOGSE

Real Decreto 1333/1991, de 6 de Septiembre, por el que se establece el currículo de la Educación Infantil.

MEC: "Orientaciones Didácticas. Educación Infantil. Madrid, 1992.

 

 

Disciplina
Hiperactividad
Acoso Escolar
Enuresis
Tartamudez

Miedos

Deberes

Comidas

Habilidades Sociales

Autocontrol

Deberes

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Autonomía

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Autoestima

Valores

Lectoescritura

Inteligencia Emocional

Memoria

Razonamiento

Situación Crítica

Libros Educativos

Timidez

Lectura

Adolescencia

Grafomotricidad

Aprendizaje Cooperativo

Divorcio

Ortografía

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
   
   
   
   
   
   
   

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