EL AUTISMO INFANTIL  

 

 

 
 
 
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ARTÍCULO DE INMACULADA REMESAL MARTÍNEZ

Psicóloga Infanto-Juvenil

psicologiainfantojuvenil@yahoo.es

 

 Es un síndrome comportamental que se manifiesta por una alteración del lenguaje, de las relaciones sociales y los procesos cognitivos en las primeras etapas de la vida.

 

Tres patrones de conducta: aislado, que evita la interacción de forma activa; pasivo, que soporta pasivamente la relación social, pero no la busca; y activo pero extravagante, que interactúa de un modo extraño o excéntrico.

 

Los problemas que presentan los niños autistas en su conducta social es quizás el rasgo más conocido. El desarrollo de la conducta social del niño autista va produciéndose en ausencia casi absoluta de reciprocidad social y respuesta emocional.

 El déficit social es más evidente en los primeros años de vida.

 

A pesar de estas pautas diferenciales, podemos observar algunas conductas específicas de los niños autistas como la ausencia de contacto con los demás y carencia de vínculo con los padres. Parece como si no necesitaran a sus padres. Con frecuencia, estos niños no gritan para llamar la atención como hacen los niños normales, no buscan el contacto afectivo y nunca manifiestan conductas anticipatorias de ser cogidos en brazos.

 

Otra de las características esenciales del autismo es la preocupación que tiene el niño autista por preservar la invariabilidad del medio. Estos niño muestran una hipersensibilidad al cambio.

 

Los niños autistas que llegan a hablar lo hacen de forma característica, con unos patrones lingüísticos cualitativamente diferentes de los normales y de los niños con otros trastornos del habla. Además, un alto porcentaje de autistas, no adquiere el lenguaje expresivo nunca. De esta población, sólo un 5% presenta una capacidad intelectual suficiente para adquirir el lenguaje, aunque con déficit muy graves de comprensión y mutismo.

Los autistas hablantes, además de adquirir el lenguaje de forma tardía, hacen un uso muy peculiar de él. Entre las alteraciones lingüísticas más frecuentes se encuentran la inversión pronominal, cuando el niño se refiere a sí mismo utilizando “tú” o “él”.

 

La ecolalia, repetición de las palabras o frases dichas por los demás, puede tener lugar inmediatamente después de que haya hablado el interlocutor o después de un tiempo de demora (ecolalia retardada). El desarrollo del lenguaje normal incluye una fase en la que se pueden observar conductas de ecolalia alrededor de los 30 meses. Pero cuando persiste más allá de los 3-4 años empieza a considerarse patológica.

 

También los niños autistas tienen alterado el lenguaje receptivo, ya que presentan dificultades para atender y/o percibir la información, bajo nivel de comprensión gestual, etc. Además, cuando hablan, con frecuencia no lo hacen con propósitos comunicativos. El lenguaje expresivo no verbal (gestual) de los autistas también se encuentra alterado.

 

Otra característica de los niños autistas, incluida en los criterios diagnósticos, hace referencia a los restrictivos patrones de conductas repetitivos y estereotipados. La conducta estereotipada, también denominada conducta autoestimuladora, ha sido descrita como un comportamiento repetitivo, persistente y reiterado sin otra función aparentemente que proveer al niño de retroalimentación sensorial o cinestésica. En la mayoría de estos comportamientos, parece que el núcleo central lo integra la estimulación visual y auditiva.

Las conductas autolesivas suponen no sólo otra característica más de las alteraciones motoras que se observan en los niños autistas, sino que es la alteración más dramática que presentan, aunque no es una característica exclusiva de los autistas, ya que también se puede observar en niños con retraso mental o en adultos con esquizofrenia. La conducta autolesiva implica cualquier comportamiento mediante el cual una personal produce daño físico a su propio cuerpo.

También existe un déficit generalizado en las diferentes áreas del desarrollo cognitivo.

 Parece ser que los niños autistas obtienen mejores resultados en los tests que miden habilidades manipulativas o visoespaciales y memoria automática, y registran un rendimiento significativamente inferior en las tareas que requieren un procesamiento secuencial. Parece claro que los autistas procesan la información de forma cualitativamente diferente a los sujetos no autistas. Una evidencia de este procesamiento diferencial se constata en el análisis de sus “habilidades especiales”, o también llamadas “islotes de habilidad”. Son las capacidades intelectuales que con frecuencia permanecen extraordinariamente intactas y en algunos casos son superiores en los autistas.

Otra alteración cognitiva es el déficit conocido como ceguera mental, esto es, una incapacidad para atribuir estados mentales en los demás.

 

Una característica esencial del autismo es la repuesta anormal que estos niños tienen ante la estimulación sensorial. Esta anormalidad parece ser más una consecuencia de los procesos atencionales que de los perceptivos. Diversos estudios han demostrado que los niños autistas responden sólo a un componente de la información sensorial disponible, lo que llaman hipersensibilidad estimular.

  

     Psicóloga Clínica experta en infancia y adolescencia: Inmaculada Remesal Martínez