EL CONOCIMIENTO INERTE

 

 

 
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Una de las preocupaciones más extendidas entre el profesorado es la falta de interés de un gran número de alumnos por lo que se les intenta enseñar en la escuela.

El fenómeno de la baja motivación por el aprendizaje no es nuevo y dista mucho de ser una cuestión simple. Por el contrario se trata de un problema complejo en el que intervienen numerosos factores.

Uno de estos factores reside en la poca utilidad que ven los estudiantes en lo que los profesores les enseñan. Se trata de contenidos alejados de la realidad de sus vidas e intereses.

Por ejemplo ¿qué le importa a un niño de 12 años la diferencia entre los tiempos pretérito imperfecto y pretérito indefinido?. ¿A qué le suenan esos términos gramaticales?

¿Cómo era la vida de los niños del siglo XIX, cuando también se enseñaban esos mismos contenidos, y la vida de un niño de un país desarrollado en el 2008?.
Es decir, lo que se les enseña a los niños está muy alejado de su realidad, es excesivamente teórico y no tiene aplicación para cuando el niño marche a su casa tras acabar el colegio. Es lo que se llama “el conocimiento inerte”.

El problema del conocimiento inerte es que puede acabar con el deseo innato de aprender de los niños.

De ahí la importancia del “aprendizaje significativo”, término utilizado por Ausubel. El aprendizaje significativo es aquel que se puede relacionar con lo que ya se sabe, es decir, que tiene significado para el alumno, y por lo tanto es interesante.

La tarea de la escuela es construir aprendizajes significativos que hagan el conocimiento asequible e interesante para el alumno, en definitiva, un conocimiento vivo.