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EL DESARROLLO SOCIAL Y DE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO

 

 

 
 
 

EL DESARROLLO SOCIAL Y DE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO

 
Índice LOE

 

Cada niño manifiesta una personalidad única, es decir, una
perdurable organización o pauta de características o maneras de pensar,
sentir, relacionarse con los demás y adaptarse al ambiente.

 

Cada cultura, subcultura o grupo étnico tiene una personalidad típica, que es característica de todos sus miembros.

El término socialización designa el proceso por el cual el
individuo adquiere las conductas, creencias, normas y motivos apreciados
por su familia y por el grupo cultural al que pertenece.

Pese a que existen muchos y muy valiosos estudios sobre el
desarrollo social y de la personalidad del niño, lo que no existe es
una teoría única y dominante desde la cual abordarlos, y sigue predominando en ellos un enfoque descriptivo.

Algunos de estos modelos van desde una posición madurativa
(Gesell), o constructivista y cognoscitiva (Piaget), constitucionalista
(Eysenck), instintiva (Freud), hasta otros ambientalistas
(Skinner) o de aprendizaje social (Bandura), pasando por el modelo
procedente de la psicología soviética (que postula que los procesos
psíquicos son generados a partir de un organismo biológico que se va
forjando en unas condiciones ambientales específicas las cuales reflejan
el desarrollo sociohistórico de la humanidad, implicando, además que la actividad del hombre provoca también cambios en el medio).

El desarrollo del niño no transcurre de forma regular. Unos periodos
son de cambio relativamente lento y gradual y el niño mantiene constantes los aspectos fundamentales de su psiquismo durante un
tiempo prolongado; en otros periodos los cambios se producen a saltos:
ciertos rasgos psíquicos desaparecen y surgen otros, que en ocasiones hacen al niño irreconocible para los que le rodean. Estos periodos
de desarrollo a saltos se llaman crisis de desarrollo. Todos
los niños que viven en condiciones similares acusan estas crisis aproximadamente
en el mismo periodo. Esto permite dividir la infancia
en varias etapas de edad: la primera edad (del nacimiento al año de
edad), la infancia temprana (entre el año y los tres años), y la infancia
preescolar (entre los tres años y los siete).

 

Debido al desarrollo logrado por el niño en una etapa llega un
momento en que sus conocimientos, sus hábitos, sus cualidades psíquicas, es decir, sus posibilidades, entran en contradicción con las
viejas formas de acción y de relación con los que le rodean. El niño
siente sus nuevas posibilidades y pierde interés por las cosas que
hacía poco le interesaban. Busca nuevas relaciones con el adulto. Esta contradicción se expresa en forma de crisis: lo viejo ya no satisface al niño y lo nuevo aún no ha fraguado. Por ello, se puede decir
que las contradicciones en el proceso de desarrollo psíquico, que originan nuevas necesidades e intereses, y el deseo de nuevas actividades
son las fuerzas que impulsan el desarrollo psíquico.

1- La primera edad:
Sólo mencionar el llanto, como expresión natural del padecimiento, y la sonrisa, más posterior, con la que se expresan las emociones
positivas.

Paulatinamente, en el niño se produce una reacción emocional motora dirigida hacia el adulto y que se denomina "complejo de animación"
(el niño concentra su mirada en la cara que se inclina sobre
él, sonríe a esa cara, mueve animadamente los brazos y las piernas y
emite sonidos suaves.)

Al cuarto o quinto mes las relaciones con el adulto se hacen selectivas, tras comenzar a distinguir al familiar del extraño.

Pronto, el niño comienza a tener una relación con respecto a objetos o a juguetes que se transforma en actividad conjunta del adulto
y del niño; esta relación hace que el niño vea la realidad (y a
sí mismo) siempre a través del prisma de las relaciones con otra
persona, por lo que su actitud hacia la realidad tiene desde el comienzo
un carácter social.

En la primera edad, los niños también reaccionan ante la presencia de otros niños. Alrededor de los dos o tres meses se orientan hacia sus movimientos, y alrededor de los cinco meses lo hacen hacia sus gritos.

En los bebés hay un interés natural por los otros niños, utilizando
mímica y por medio del "ahora tu-ahora yo", pero muchas de estas
conductas sociales están centradas en el objeto.

La repetida exposición de los bebés a interacciones de compañeros
produce cambios cualitativos en estas interacciones.

2- La Infancia Temprana:

El niño de edad temprana actúa sin reflexionar, movido por deseos
y sentimientos de cada momento concreto; pero a medida que sus
impresiones sobre los objetos se hacen más firmes, el niño experimenta sentimientos y deseos relacionados con objetos que no tiene delante de su mirada, pero sí en la memoria.

Por otro lado, después del año y medio, la valoración que de su
comportamiento hace el adulto es uno de los sentimientos más fuertes
para el niño; un poco después de ese sentimiento de orgullo, el niño
comienza a sentir vergüenza cuando el adulto reprueba sus actos. Pero
esos sentimientos no bastan para que el niño controle todo su comportamiento,
pues le es sumamente difícil evitar satisfacer inmediatamente
un deseo y más difícil aún realizar una acción propuesta
por el adulto que no es de su agrado.

Una de las etapas más importantes del desarrollo del niño en la
edad temprana es cuando comienza a sentirse un individuo que no cambia,
aún cuando cambie la situación; una persona con deseos propios,
que unas veces coinciden con los del adulto y otras no. Al finalizar
su tercer año de vida, el niño descubre su personalidad como fuente
constante de un comportamiento y de unos deseos distintos a los de
otras personas; ello se debe a su creciente autonomía práctica. Así
surge la crisis de los tres años, un periodo en el que el adulto encuentra
grandes dificultades para entenderse con el niño y tropieza
con la terquedad y obstinación de éste.

Uno de los cambios más decisivos que ocurren en la interacción
entre compañeros durante el segundo año de vida, es la aparición de
contingencias complejas en las conductas socialmente orientadas que
están relacionadas tangencialmente con los juguetes (y otros objetos
no sociales). La imitación se hace más frecuente y coordinada; las
responsabilidades para el mantenimiento de los intercambios sociales
se reparten con más frecuencia; y los intercambios sociales aumentan
en dimensionalidad y en complejidad organizativa. La reciprocidad y
la complementariedad en las interacciones de juego surgen al final
del segundo año como se ve en las relaciones en las que los niños desempeñan un papel determinado, como por ejemplo "perseguidor" y "perseguido" o "el que da" y "el que toma". Al parecer, los niños coordinan
sus acciones sociales con sus complementarios de una forma que
se asemeja a la coordinación de los esquemas mentales basados en objetos
no sociales.

3- La Edad Preescolar:

Pasaremos, en primer lugar, repaso a las principales motivaciones
del niño en la edad preescolar:

a- Motivaciones relacionadas con el interés del niño por el mundo de los adultos.

b- Motivaciones lúdicas, relacionadas con su interés por el juego.

c- Motivación por el mantenimiento de las relaciones positivas con los adultos y con otros niños.

d- Motivaciones del amor propio y la autoafirmación.

e- Motivaciones cognitivas y competitivas.

f- Motivaciones éticas y dentro de ellas las sociales, el deseo de ser útiles a los demás.

Pero la adquisición más importante en la evolución de la personalidad del preescolar quizás sea la jerarquización de las motivaciones, que comienzan a alinearse en un sistema y van confiriendo una línea determinada a toda la conducta.

El niño es cada vez más consciente de los motivos que determinan
su conducta y de las consecuencias de ella. Esto se debe a que en
el preescolar se está desarrollando la autoconciencia. Esta se manifiesta sobre todo en la autovaloración, es decir, en como el niño valora sus logros y sus fracasos, sus cualidades y sus posibilidades.

Por lo que respecta al mundo de los sentimientos, su exteriorización
es mucho más impetuosa, más sincera e involuntaria que en el
adulto.

Los sentimientos del niño de tres o cuatro años son muy fuertes,
pero dependen mucho de la situación y son inestables. A lo largo de
la edad preescolar, los sentimientos del niño aumentan en profundidad
y estabilidad, volviéndose poco a poco más "razonables". Entre
los sentimientos del niño ocupa un lugar especial el miedo.

En cuanto a la evolución de la voluntad, hemos de decir que las
actividades volitivas del preescolar se desarrollan en base a tres
aspectos mutuamente relacionados:

a- Constancia en el logro del objetivo: En el niño de edad preescolar
se va formando paulatinamente la capacidad para retener el objetivo.

b- Relación entre el objetivo de las operaciones y su motivación:
El preescolar ya sabe supeditar la operación a unas
motivaciones relativamente lejanas y establecer una relación
entre las motivaciones y el objetivo, o sea el resulta
do directo de la acción. Pero no es una supeditación plena,
pues requiere un refuerzo mediante circunstancias externas.

c- El creciente papel regulador del lenguaje en el cumplimiento
de las acciones.

La incidencia de los encuentros sociales y la naturaleza de estos
últimos continúa cambiando entre los tres y los seis años.

Conforme los niños crecen aumenta su participación en actividades
asociativas y de colaboración, y disminuye, por otro lado, el
juego solitario, la ociosidad, el juego paralelo o sin interacción y
la conducta de observación pasiva.

Los comportamientos regidos por normas son mucho más frecuentes
entre los niños de guardería que entre los niños que todavía no andan.

Por los general, las divisiones tempranas entre sexos tienen su
base en intereses compartidos por los niños del mismo sexo más que
en un rechazo al sexo opuesto, pero sea cual sea el origen, las normas
basadas en el papel sexual se manifiestan en las interacciones
de compañeros a una edad muy temprana.

Pasados los años de guardería, sigue habiendo cambios cualitativos en la interacción social. Por ejemplo, la agresión instrumental
(peleas para recuperar un objeto, territorio o privilegio) se instiga
más consistentemente entre los niños de cuatro años que entre los
de siete, y los actos agresivos de estos últimos tienen, por lo general, un carácter más hostil que los de los pequeños.

Ya en las sociedades de niños muy pequeños (dos, tres, y cuatro
años), es posible observar la existencia de jerarquías sociales. Las
puntuaciones sociométricas son algo menos estables en los grupos de
niños de guardería que en los mayores, aunque, incluso en niños muy
pequeños, se aprecia una considerable estabilidad. Las jerarquías
que se basan en rechazos no son tan estables como las basadas en elecciones
positivas.

Bibliografía

Más Artículos:

INFLUENCIAS FAMILIARES EN EL DESARROLLO SOCIAL Y DE LA PERSONALIDAD DEL NIÑO

EL GRUPO DE IGUALES COMO FACTOR CONDICIONANTE EN EL PROCESO DE APRENDIZAJE

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