La Deficiencia Auditiva

 

 

 

 

 

DETECCIÓN E IDENTIFICACIÓN TEMPRANA DEL NIÑO SORDO

 

 

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DETECCIÓN E IDENTIFICACIÓN TEMPRANA DEL NIÑO SORDO

 
Índice LOE

 

 

Toda deficiencia auditiva que no ha sido descubierta y
tratada a tiempo tiene efectos desastrosos tanto para el
desarrollo lingüístico como para el desarrollo intelectual y
social de un niño. En consecuencia, resulta muy importante el
diagnóstico auditivo en la infancia.

Según Graf desde el punto de vista del desarrollo
psicológico el limite superior del reconocimiento temprano está
en el primer año, porque rigurosamente la identificación
temprana significa el reconocimiento de una perturbación
auditiva infantil y el comienzo de una educación auditiva en la
iniciación fisiológica del desarrollo lingüístico, es decir a
los 6-8 meses. En consecuencia, Graf considera el hallazgo de un
daño auditivo después del segundo año de vida como un
diagnóstico tardío.
Hartmann presenta a este respecto los siguientes datos
(citado en Lowe: "Detección, diagnóstico y tratamiento temprano
en los niños con problemas de audición". Panamericana, Buenos
Aires, 1982), referidos a la República Federal de Alemania:


EDAD                                   CANTIDAD                 PORCENTAJE
1 año       Identificación               38                              2,7%
2 años         temprana               142                       10,0% 12,7%
3 anos                                     429                            30,02%
4 años      Identificación             409                            28,8%
5 años           tardía                   220                            15,5%
6 anos                                      113                        8,0% 87,3%
7 años                                       54                              3,8%
Desconocida                               15                              1,0%

Como se desprende de este cuadro, Hartmann comprobó
entre los niños atendidos en el periodo de la encuesta que sólo
el 2,7% se ajustaban a la identificación temprana, de acuerdo
con el sentido pedagógico especializado. Aún cuando -como es el
caso en el cuadro- se incluya a los niños hasta el segundo año
de vida, se llega a una participación del 12,7% de niños tempranamente identificados. Consecuentemente, por lo menos el
87,3% de los 1420 niños encuestados por Hartmann deben
considerarse como tardíamente identificados.

Kuhn y Kuhn encontraron como edades medias de
identificación de las pérdidas auditivas las siguientes:


                                                      Número            Edad Media de
                                                      de niños            identificación


Niños con sordera total
(pérdida auditiva: más de 90 dE)            195                  2,6 años
Niños altamente sordos
(pérdida auditiva: entre 60 y 90 dE)        170                  3,4 años
Niños medianamente sordos
(pérdida auditiva: menos de 60 dE)          72                   5,7 años

También se ha comprobado la gran pérdida de tiempo entre
primera sospecha por parte de los padres de un daño auditivo
y la confirmación final por un especialista.

Cualquiera de los siguientes hechos nos deben hacer
sospechar la existencia de una dificultad auditiva:

- Un recién nacido que no muestra sobresalto ante
cualquier ruido del ambiente.

- Un niño que al año de edad no balbucea o bien no se
vuelve ante sonidos supuestamente familiares.

- Un niño que a los dos años da la impresión de que
sólo entiende órdenes sencillas si nos está mirando.

- Un niño que a los tres años no es capaz de repetir
frases de más de dos palabras.

- Un niño que, cumplidos los cuatro años, no sabe
contarnos espontáneamente lo que pasa.

- Cualquier niño que hable de forma poco inteligible a
partir de los cinco años.

- Cualquier niño que tenga frecuentes afecciones de
oído.

- Cualquier niño de los que se dice frecuentemente:
"sólo atiende lo que quiere y cuando quiere".

A. Marchesi se refiere también a la importancia de la
detección para el diagnóstico temprano de la sordera,
considerando la necesidad de que existan programas generales de
detección que seleccionen aquellos niños de alto riesgo o con
problemas de audición para un diagnóstico posterior más
completo. El objetivo de las pruebas de detección no es evaluar
el tipo, características y profundidad de la deficiencia
auditiva del niño, sino delimitar aquellos niños que presentan
algún problema de audición.

La prueba de distracción es la más habitual y suele
aplicarse cuando el niño tiene entre seis y nueve meses. En
estas edades el bebé tiene mayor control de la cabeza y puede
localizar los sonidos que provienen de distintos lugares.

Normalmente se coloca al niño sentado sobre las rodillas de la
madre, con el tronco erguido, de tal manera que pueda girar sin
dificultad la cabeza hacia la fuente del sonido. Uno de los
especialistas trata de mantener la atención del niño con algún
juguete u objeto atractivo. El segundo especialista se sitúa
detrás del niño, como en un ángulo de 45 grados y a un metro de
distancia, y produce un sonido al mismo nivel que el oído del
niño. El sonido presentado es de unos 20 dB y se hacen tres
presentaciones distintas, en alta, media y baja frecuencia. El
niño debe mover la cabeza y buscar el lugar de donde procede el
sonido. Por eso es importante que la prueba se realice en un
ambiente tranquilo, sin que se produzcan interferencias de otros
ruidos o de otras señales visuales que atraigan la atención del
niño.

Junto con este tipo de pruebas basadas en solicitar la
atención del niño a través de estímulos sonoros existen otros
procedimientos que se utilizan para medir la respuesta al sonido
de los recién nacidos. Estas pruebas consisten básicamente en
controlar las reacciones fisiológicas del bebé (ritmo cardíaco,
parpadeo, respiración, etc.) ante un estímulo sonoro intenso. En
los últimos años el control de estas respuestas se puede
realizar a través de microprocesadores, lo que garantiza una
mayor precisión de los registros.

Cuando el niño es mayor de dos años, el despistaje de
los problemas de audición se hace por medio de pruebas en las
que se solicita al niño que ejecute una acción concreta, en un
contexto de interacción y participación, cuando escuche un
sonido o una orden determinada. Lógicamente es necesaria una
preparación anterior para el correcto desarrollo de la prueba. A
partir de los tres años es posible utilizar audiometrías tonales
para detectar los problemas auditivos.

(Nota: Los números entre paréntesis hacen referencia a las obras señaladas, con ese mismo número, en la Bibliografía.)

Bibliografía

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