EL DESARROLLO SOCIAL: LA ADQUISICIÓN DE CONOCIMIENTOS SOCIALES  

 

 

 

Algunas cuestiones que se plantean o suscitan en este artículo:

- Cómo asimilan y aprenden los niños las normas sociales.

- Cuando comienzan los bebés a distinguir a los desconocidos.

- Cuando comienzan a distinguir lo bueno de lo malo.

 

Entendemos el desarrollo social como el proceso de asimilación de loa valores, normas y pautas de actuación del grupo social en el que se está inmerso, es decir, como el proceso de socialización.

El desarrollo social comienza en el mismo momento del nacimiento. El niño tiene unas necesidades básicas que no puede satisfacer sin ayuda social. Por su parte, el grupo social donde nace el niño necesita también de la incorporación de éste para mantenerse y sobrevivir, por lo que lleva a cabo la transmisión cultural de valores, normas, costumbres, etc., a través de determinados agentes sociales (personas, instituciones, medios de comunicación, etc.).

Procesos de socialización en la etapa de la Educación Infantil en relación a la Adquisición de Conocimientos Sociales: (1)

Se trata de conocimientos referidos a las personas (reconocimiento, identidad, roles, punto de vista de los demás, relaciones entre las personas...) y a la sociedad (conceptos sociales -como dinero, nación, etc.-, conocimiento de las instituciones sociales, conocimiento de los valores, etc.).

Desde el comienzo del nacimiento los bebés son capaces de percibir algunas expresiones emocionales de los demás, produciéndose una especie de contagio emocional a través de la visión (la observación de un rostro triste les provoca una imitación expresiva de ese rostro) o de la audición (lloran más cuando oyen llorar), así como también aprenden una serie de indicios y señales sociales (por ejemplo, la voz de determinadas personas más familiares es reconocida y seguida de determinadas pautas de conducta).

Pero el reconocimiento de las personas no ocurrirá hasta los 3-4 meses, llegando alrededor del octavo mes a la discriminación entre conocidos y extraños.

Pronto, el niño comienza a tener una relación con respecto a objetos o a juguetes que se transforma en actividad conjunta del adulto y del niño; esta relación hace que el niño vea la realidad (y a sí mismo) siempre a través del prisma de las relaciones con otra persona.

El conocimiento que tienen los niños mayores de 3 años de los pensamientos, sentimientos, intenciones y características de personalidad de los otros es el siguiente:

     - Es un conocimiento muy basado aún en características externas y aparentes. Así cuando describen a las personas que conocen, las caracterizan sobre la base de rasgos externos como atributos corporales, sus bienes, etc.

     - Sus inferencias acerca de los sentimientos, pensamientos, intenciones o rasgos personales de otros tienen aún un carácter global, poco preciso y poco afinado. Por ejemplo, dirán que un niño se sentirá "mal" al ser castigado, pero no especificarán si será por tristeza, ira, envidia, etc.

     - Cuanto más familiares son las situaciones en las que se encuentran, más sencillo les resultará inferir las características de otros y adaptar a ellas su comportamiento. Así, podrán comprender los sentimientos de un niño que ha sufrido una caída, pero difícilmente comprenderán los de un adulto que ha sido despedido de su trabajo.

     - En sus concepciones de otros, coexisten características a menudo irreconciliables y a las que no intentan buscar explicación. Por ejemplo, pueden decir que "un niño es bueno" y, a la vez, "que no le presta sus lápices".

     - Cuando su propio punto de vista está implicado en una situación social, les cuesta diferenciarlo del de otros, dando muestras de una cierta indiferenciación o egocentrismo. De este modo, como a ellos los juguetes les parecen divertidos, piensan que a los adultos les parecerán igual de divertidos.

El conocimiento que tienen, igualmente, de las relaciones interpersonales (autoridad/sumisión, liderazgo, amistad, etc.) es como sigue:

     - Se apoyan bastante en características físicas, externas y concretas , de modo que alguien es su amigo "porque le da cosas".

     - Su concepción de las relaciones la marca el propio interés: alguien es su amigo "porque le presta los lápices", no por ayuda mutua.

     - Conciben las relaciones como "dadas" o "impuestas" por el poder, más que basadas en el acuerdo y bienestar mutuo.

Hasta aquí sus conocimientos sociales referidos a las personas. En cuanto a los que se refieren a la sociedad, concretamente respecto al conocimiento de los sistemas e instituciones sociales, se puede decir que:

     - Está basado en rasgos y aspectos externos, perceptibles, por lo que sus representaciones se componen de una mezcla de detalles irrelevantes, curiosos y fantásticos. Por ejemplo, un padre no puede ser hijo porque "es grande".

     - Está basado en lo más próximo a su experiencia. Por ejemplo, identificarán la ley con el guaria urbano de su barrio.

     - Los elementos que conforman su representación de una misma realidad social están inarticulados. Por ejemplo, el dar dinero en una tienda es un acto ritual que no tiene relación clara con la adquisición de mercancías.

     - Poseen una visión estática de los sistemas sociales: Es imposible cambiar la bandera de una comunidad, aunque exista acuerdo.

     - Poseen una visión inmediata y contingente de la causalidad que liga a unos hechos sociales con otros, de modo que el agente inmediato de una acción será el único causante de sus efectos.

     - Tienen una visión subjetiva de la causalidad, que interpretan desde un cierto voluntarismo: las causas del comienzo de una guerra están en la voluntad del rey.

     - Son incapaces de entender la existencia o el fundamento de los conflictos sociales, por lo que no comprenden, por ejemplo, la función de los partidos políticos.

Otro de los objetivos del proceso de socialización e el aprendizaje de lo que se considera correcto e incorrecto, es decir, el conocimiento de los valores morales. En la etapa de la Educación Infantil la característica más general de la moralidad es, según Piaget, la heteronomía moral o moral de obediencia al adulto: la valoración que el niño realiza de los actos no es en función de las intenciones del que los ha realizado, sino en función de su conformidad material con las reglas establecidas; además, si una regla es desobedecida se debe sufrir un castigo. Del mismo modo, se tiene una creencia arraigada en la justicia inmanente, siendo éste uno de los índices de realismo moral: los accidentes y percances no ocurren por azar, sino que siempre son merecidos (por ejemplo, porque se ha desobedecido una norma).

Entre los 4 y los 10 años el niño se encuentra, según Kohlberg, en la primera etapa del nivel preconvencional (existen otros dos niveles, el convencional y el postconvencional). También aquí el rasgo mas destacado es la heteronomía moral: el niño se orienta hacia el castigo y hacia el acatamiento del poder superior sin cuestionarlo; lo bueno y lo malo está determinado exclusivamente por las consecuencias materiales de la acción.

En el razonamiento moral en relación con dilemas de justicia distributiva, los preescolares plantean soluciones basadas sólo en deseos personales, sin justificaciones racionales y sin coordinación de puntos de vista ("yo me llevaría más porque quiero más"; "nosotros debemos quedarnos con más porque somos niñas, etc.).

En cuanto al razonamiento moral prosocial (conducta prosocial es la que se realiza intentando ayudar o beneficiar a otros) los niños consideran adecuado ayudar a otros, excepto en casos de conflicto de intereses (p. ej.: al dirigirse hacia una función de circo, se tropieza con una niña a la que otras dos están pegando, ante lo que deciden no actuar prosocialmente, dando razonamientos hedonistas ("ir al circo para no perdérmelo").

Respecto a la diferenciación entre moralidad y convención, hacia los 4-5 años se da ya una cierta distinción entre estos dos aspectos (así, se considera peor pegar a un niño -regla moral-, que ir a la escuela sin uniforme -convención social-).    

 

BIBLIOGRAFÍA:

(1) PALACIOS, J.,  MARCHESI, A. y COLL, C. (comps.): "Desarrollo psicológico y educación". Vol. 1: Psicología evolutiva. Madrid, Alianza, 1990.

    

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