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DISLEXIA EN EL AULA
¿Qué saben los docentes de dislexia?
¿Cómo influye en el proceso de aprendizaje?
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PLANTEO DE LA PROBLEMÁTICA
Objetivos:
Determinar los aspectos cualitativos de la dislexia, y sus
efectos sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje
&
Proponer estrategias para la reeducación de la dislexia.
Referente
Empírico:
El
trabajo que nos proponemos realizar comprende a los docentes y a
alumnos del nivel EGB3 de escuelas céntricas, periféricas y
suburbanas o rurales de la ciudad de San José de Gualeguaychú,
Provincia de Entre Ríos.
Abordaje Metodológico:
En un
principio la estrategia de investigación metodológica se orientó
hacia una perspectiva cuali-cuantitativa
pero con el avance de la investigación y ante la ausencia de
variables cuantificables tuvimos que optar por una metodología
prácticamente cualitativa con algunos sesgos cuantificables,
como la encuesta hecha a docentes sobre “dislexia”.
CUANTITATIVO
Utilizamos un abordaje cuantitativo por cuanto el mismo nos
permite obtener la información necesaria para apreciar la
dimensión del problema que tratamos.
CUALITATIVO.
Discurrimos que ésta es la parte más importante de nuestro
trabajo ya que a partir de ella nos permitió realizar una
aproximación al concepto de dislexia y entender por lo que pasan
los chicos que padecen este problema.
Proponemos para el desarrollo de esta etapa las siguientes
técnicas:
u
Realización de historias escolares.
u
Entrevistas con docentes sobre modo de aprendizaje de chicos con
dislexia
u
Entrevistas con psicopedagogos, neurólogos, fonoaudiólogos, etc.
MARCO
TEÓRICO
Etimológicamente, se puede aplicar el término dislexia a
cualquier trastorno, dificultad o alteración en la lectura. Esta
alteración puede producirse antes de que el sujeto haya
adquirido la competencia lectora o después de adquirirla. Por
ello se distinguen dos grupos de dislexias: las dislexias
adquiridas tras una lesión cerebral cuando el sujeto poseía ya
una cierta competencia lectora y las dislexias evolutivas que
aparecen en niños que presentan una dificultad especial para el
aprendizaje de la lectura, excluyendo como causa de esta
dificultad factores como una baja inteligencia, la depravación
sociocultural, problemas en la escuela, etc.
Es en el procesamiento léxico en el que se encuentran las
mayores diferencias entre los niños disléxicos y los que no lo
son. En unos casos, las dificultades se pueden producir por
incapacidad para hacer uso de la ruta fonológica; en otros, de
la ruta visual; y, en otros, por dificultades en ambas rutas. La
clasificación de los subtipos de dislexia evolutiva propuesta
por el modelo cognitivo incluiría, por analogía con los subtipos
de dislexia adquirida, la dislexia evolutiva fonológica, la
dislexia evolutiva superficial y la dislexia evolutiva profunda.
Existen estudios que han demostrado que algunos niños disléxicos
poseen menor capacidad para retener información en la memoria a
corto plazo que los lectores normales (Siegel, Le Normand y
Plaza, 1997). Este problema supone que los sujetos tendrán
dificultades para relacionar entre sí las palabras y para formar
la correspondiente estructura sintáctica. Sin embargo, incluso
teniendo una memoria a corto plazo normal, estos niños pueden
tener mayores dificultades para realizar el procesamiento
sintáctico (y también el semántico), ya que utilizan más tiempo
en el reconocimiento de las palabras, lo que supone que tienen
su memoria ocupada durante más tiempo y, esto entorpece otros
procesos de comprensión que también hacen uso de este almacén.
Por otro lado, el problema de algunos niños radica en la
capacidad para usar adecuadamente las claves sintácticas o en la
habilidad para segmentar las oraciones en constituyentes.
Las dificultades en el procesamiento semántico pueden tener dos
causas fundamentales: o el sujeto no es capaz de organizar los
conceptos del texto en una estructura coherente (son incapaces
de distinguir las partes importantes del texto de las
secundarias), o bien es incapaz de integrar esa estructura en su
conocimiento general. Otros sujetos carecen de conocimientos que
les ayuden a construir la estructura del texto y que les
permitan integrar esa estructura en su memoria.
Existen niños que presentan retraso en la lectura, y las causa
son varias, bien pueden ser de tipo intelectual, o por falta de
motivación, falta de asistencia a clase, etc. (Cuetos, 1991).
Normalmente, estos niños tienen dificultades en todas las
materias.
En el reconocimiento de palabras es donde aparecen las mayores
diferencias entre niños con retraso y niños normales: los niños
con retraso en la lectura son más lentos que los normales para
procesar las palabras por ambas rutas. Sin embargo, los
problemas lectores en estos sujetos se producen por déficit
sintáctico y semántico, puesto que en ambientes socioculturales
desfavorecidos los niños oyen sólo oraciones de estructuras muy
simples y dotadas de esquemas de conocimiento muy pobres. La
única diferencia de estos sujetos con los sujetos normales
radica en el grado de desarrollo.
Incluiríamos también aquí a los escolares y adolescentes con
secuelas de retrasos del desarrollo del lenguaje o disfasias, en
los que la limitación en la lecto-escritura es una expresión
secundaria de su limitación lingüística.
La dislexia específica es un trastorno duradero del proceso de
lecto-escritura, originado en una disfunción cerebral. Dicha
disfunción es entendida en un sentido amplio como alteración en
el funcionamiento de ciertas áreas, circuitos o sistemas
neurológicos responsables de determinados procesos psicológicos
implicados en el acto lector.
Las causas de esta disfunción pueden ser varias, desde un
trastorno neuroquímico sin evidencia de daño anatómico, hasta
una lesión delimitada sin excluir la hipótesis de causas
emocionales que impliquen una fuerte agresión ambiental en un
periodo evolutivo crítico. Los factores genéticos también tienen
una gran importancia corroborados por la existencia de “familias
de disléxicos”.
Hoy día la mayoría de los chicos escriben y leen muy mal, por
ende la un gran porcentaje no comprende lo que lee y como
consecuencia no pueden estudiar, ese fue unos de los motivos que
nos llevo a encaminar nuestro trabajo de investigación hacia el
lado de los trastornos de aprendizaje de lecto-escritura.
La elección del tema a trabajar no fue fácil, queríamos
investigar algo que nos enriqueciera como futuros docentes, a
partir de esa premisa surgieron varios interrogantes, pero el
más aceptado fue la idea de investigar lo que en un principio
llamaríamos “Comprensión de la lectura”.
Comenzamos de inmediato con las averiguaciones pertinentes y nos
encontramos con que era un tema muy extenso, y el factor tiempo
fue determinante para tomar la decisión de elegir, entre varias
enfermedades y trastornos de aprendizaje de lecto-escritura, la
dislexia.
En realidad el término “dislexia” era algo que hace algún tiempo
daba vuelta en nuestro vocabulario, lo habíamos extraído de
publicaciones pedagógicas, pero no sabíamos a que hacia
referencia el mismo, así que después de algunas deliberaciones
tomamos la firme decisión de realizar el trabajo de
investigación educativa acerca de la dislexia. Las preguntas a
responder en esta tarea son varias, a saber, cómo influye en el
aprendizaje, quién la diagnóstica, saber si es una enfermedad,
cuáles son los síntomas, cómo se realiza el tratamiento de la
misma si es que existe y saber si se puede recuperar o curar a
un chico con dislexia, esperamos poder evacuarlas a todas y
someramente proponer estrategias o alternativas, para todas
aquellas personas que lean nuestro trabajo, acerca de cómo
trabajar con un chico con dislexia y cómo detectar la misma .
Para llevarlo a cabo propusimos realizar un trabajo de
investigación cuali-cuantitativo,
donde el campo de acción será el tercer nivel del EGB, cuyos
alumnos comprenden edades que oscilan entre los 12 y los 15
años.
Nuestro trabajo carecerá de variables puesto que después de
mucho andar, llegamos a la conclusión de que no podemos utilizar
ninguna variable, por supuesto que influyo las entrevistas con
los profesionales, ellos nos ayudaron a darnos cuenta de que era
imposible incorporar variables a nuestro trabajo puesto que es
muy difícil determinar las causas de la dislexia.
Se tratara la problemática con especialistas del área de la
medicina, más específicamente con neurólogos, psicólogos, y
fonoaudiólogos.
También se consultara a profesionales de la educación como
psicopedagogos, asesores pedagógicos de distintas instituciones
de la ciudad de San José de Gualeguaychú.
Los datos serán recabados a través de cuestionarios entregados
al personal docente de diferentes establecimientos educativos
ubicados en distintos puntos de la ciudad y en sectores
periféricos.
Como corolario de este trabajo esperamos como primer objetivo
poder evacuar todas las dudas acerca de la dislexia y poder,
aunque más no sea someramente proponer estrategias o
alternativas, para todas aquellas personas que lean nuestro
trabajo, acerca de cómo trabajar con un chico con dislexia y
cómo detectar la misma a tiempo .
BREVE
RESUMEN HISTÓRICO DE LA DEFINICIÓN DEL TÉRMINO DISLEXIA
Aunque
ya se había tratado del tema de las perturbaciones de la
escritura y la lectura, no fue hasta el año 1887, en Berlín,
cuando Stuttgart empleó por primera vez el término
dislexia para referirse a las alteraciones específicas de la
escritura.
P. Morgan,
en el año 1896, estudia el caso de un chico de 14 años, que sin
presentar problemas de oído ni de visión, ni detectarse en él
dificultades intelectuales, es incapaz de aprender a leer y a
escribir. Nos habla el referirse al caso de «una ceguera verbal
congénita».
Una de las teorías más divulgadas es la de Orton, que
busca el ‘origen de las dislexias en una lateralidad mal
definida’.
Otros especialistas como Halgren y Morris, ya en los años
50 y 54, llegan a la conclusión que la «dislexia de desarrollo»
es hereditaria, que se trasmite por vía genética con mayor
preferencia a través del padre que de la madre, ya que se nota
con mayor frecuencia en los niños que en las niñas.
Margarita Nieto,
en sus estudios sobre el tema, trata de demostrar que la
dislexia no se debe a factores metodológicos, como tantas veces
se ha creído por error.
Herman dice que la dislexia es una capacidad defectuosa para
lograr, en la época adecuada, una eficacia en la lectura y
escritura, correspondiente a un rendimiento promedio. Para él
depende de factores constitucionales.
Bernaldo de Quirós
la atribuye a una perturbación perceptiva, cognoscitiva,
específica, que dificulta la adquisición del lenguaje lecto-escrito.
Ajuriaguerra
hace en sus obras un magnífico estudio de los factores que
intervienen en el aprendizaje de la lectura y escritura, así
como de las etapas madurativas de la evolución del niño.
Al referirse a las dislexias, repasa las diversas teorías. En
las conclusiones del coloquio de C.R.E.S.A.S. (Centre de
Recherche de l’Education Spécialisée et de l’Adaptation Scolaire)
«sobre las dificultades y los fracasos en el aprendizaje del
lenguaje escrito», dice, hablando de «las dislexias», que si se
considera que de un 5 por 100 a un 10 por 100 de los niños son
disléxicos, las alternativas que se presentan son muy limitadas:
·
O el cerebro está mal hecho.
·
O los métodos de enseñanza no son adecuados.
·
O nuestras exigencias son exageradas.
Una de las teorías más difundida y más prácticas es la de Borel-Mais Sonny,
que define la dislexia como una dificultad particular para
identificar, comprender y reproducir los símbolo escritos, que
tiene como consecuencia alterar profundamente el aprendizaje de
la lectura entre los 5 y 8 años, la ortografía, la comprensión
de textos y, por tanto, las adquisiciones escolares».
Existe también una teoría, muy difundida últimamente, por varios
médicos, entre ellos el Doctor André Fatras, que buscan
las raíces de la dislexia a nivel del inconsciente. Un niño
disléxico es un niño cuya evolución psicológica se ha detenido y
que por eso experimenta dificultades suplementarias para leer y
escribir. El niño sufre « un bloqueo en su evolución debido a un
trastorno de las relaciones con el universo que le rodea. Este
trastorno no es de origen intelectual sino afectivo ». Es como
si el niño se hubiera negado a evolucionar. Para remediar este
bloqueo, han creado una nueva metodología, llamada semiofonica
diferente a las clásicas técnicas ortofónicas.
Esta nueva metodología que ha llevado a la creación de numerosas
escuelas, tiene sus orígenes en la teoría desarrollada por
Tomatis, que nos explica que el oído del bebé no es
súbitamente al mundo sonoro aéreo, sino que lo hace de forma
progresiva.
A partir de los diez días de su nacimiento «comienza el gran
período de las sombras sonoras». El niño tiene que emprender un
largo aprendizaje; durante semanas deberá esforzarse para
encontrar de nuevo el contacto que tenía con la voz de la madre,
a la que según Tomatis, escucha «en el fondo del universo
uterino». Disléxico será el niño que, por causas afectivas, se
ve bloqueado en su evolución.
Hay que tener en cuenta también que algunas disciplinas médicas
que consideran que las dislexias tienen su causa en una
disfunción cerebral, lo que significa que se destruyen tejidos
del cerebro por una lesión física, o que ciertas funciones del
cerebro sólo se ejercen de forma parcial debido a un accidente o
a una enfermedad o a una deficiencia química del organismo.
Éstos atribuyen a la dislexia un origen orgánico.
Sin embargo, son también muchos los investigadores que se oponen
a esta teoría de que la dislexia tenga su origen en una lesión
cerebral; piensan que realmente se debe a la existencia en el
sistema cerebral, de centros inactivos o poco desarrollados.
Como se puede ver, las teorías existentes sobre el origen de
las dislexias, de las que sólo hemos mencionado una parte, son
muy diversas y se prestan con más frecuencia a confundir que a
aclarar nuestras ideas.
Roger Mucchielli y Arlette Bourcier
reducen a tres las distintas definiciones sobre la
dislexia:
Definición conceptual.
Como puede ser la de Orton y la de Borel-Mais Sonny. Define la
dislexia como una dificultad particular para identificar,
comprender y reproducir los símbolo escritos, que tiene como
consecuencia alterar profundamente el aprendizaje de la lectura
entre los 5 y 8 años, la ortografía, la comprensión de textos y,
por tanto, las adquisiciones escolares».
Definición descriptiva.
Que no sólo tiene en cuenta las manifestaciones de la
«enfermedad» que perciben los padres y educadores, sino que da
detalles de todos los síntomas: confusión de letras parecidas,
de sonidos, inversión de letras, sílabas, palabras, etc.
Definición genética.
La única que estos autores consideran «susceptible de una
renovación esclarecedora y capaz de fundamentar los principios
positivos de las reeducaciones»: La dislexia es la manifestación
de una perturbación en la relación entre el yo y el universo:
perturbación que ha invadido selectivamente los campos de la
expresión y de la comunicación. La relación del yo con su
universo es ambigua e inestable, por lo que obstruye el paso a
la inteligencia analítica y, por consiguiente, al simbolismo.
Todos
los que por nuestra futura profesión estamos en contacto con
padres y educadores, sabemos que a lo largo del curso escolar, a
través de las diversas formas de evaluación, hay alumnos que se
van desfasando notablemente del grupo. Ante este hecho debemos
plantearnos diversas cuestiones:
Q
¿Cuáles son las causas?
Q
¿Qué materias son las que con mayor frecuencia dan origen a
estas dificultades?
Q
¿Qué se debe hacer con estos niños?
A esta última pregunta la legislación no nos da una respuesta,
debido a que en el marco educacional existe un vacío acerca del
tema, luego de hacer las averiguaciones pertinentes comprobamos
que si bien la Ley Federal de Educación menciona la
atención a la diversidad: en su Titulo II Principios
Generales. Capitulo I De la Política Educativa Art. N° 5 inc…
f) La concreción de una efectiva igualdad de oportunidades y
posibilidades para todos los habitantes y el rechazo a todo tipo
de discriminación; k) La integración de las personas con
necesidades especiales mediante el pleno desarrollo de sus
capacidades., pero no especifica las distintas
problemáticas, como son los alumnos con “dislexia” que no son
considerados como diversos o que nada puede hacerse desde el
aula por éstos, ya que hoy día la asistencia a los alumnos
disléxicos es casi nula.
Aquellos alumnos que habiendo permanecido un año mas en los
primeros ciclos del EGB y no lograron alcanzar un suficiente
dominio de el área de Lengua quedaran estancados. Al año
siguiente deberán socializarse con nuevos compañeros y esto
significará un desvío de atención en el proceso de aprendizaje,
contrarrestándole importancia al mismo.
En caso de que esta problemática (problema de lecto-escritura)
sea detectada recurrentemente en un alumno, el docente deberá
solicitar la asistencia correspondiente.
Es aconsejable someter a los alumnos a un estudio
psicopedagógico realizado por las personas mas idóneas en el
tema con los que cuenta la institución, a fin de determinar si
los mismos requieren de una dedicación especial.
Deberá analizarse si es necesario realizar reformas
curriculares, o cambios en el proyecto educativo de la
institución. Ya que en nuestra ciudad existen instituciones que
no aceptan chicos con esta problemática educativa.
Como grupo de trabajo nos acercamos más a la postura de que la
dislexia no es una enfermedad, tampoco un trastorno sino una
problemática de aprendizaje de lecto-escritura que tiene como
consecuencia un proceso de aprendizaje diferenciado del resto de
los niños.
Diagnosticadas las dificultades que impidan su normal
rendimiento se deberán establecer los tratamientos más adecuados
para superarlos.
El profesional capacitado para diagnosticar la “dislexia” es un
psicopedagogo, con la anuencia de un neurólogo, una vez
realizados los estudios pertinentes, llámense mapeo cerebral o
electroencefalograma (EEG), éste es quien decide los pasos a
seguir.
Con respecto a la medicación que reciben los chicos que
presentan dislexia, se presenta una disyuntiva importante entre
los profesionales entendidos en el tema.
Por un lado los psicopedagogos sostienen que el chico con
dislexia no debe de medicarse, cabe aclarar que no se lo medica
porque presente dislexia, sino porque generalmente son chicos
hiperactivos que no logran concentración en el aula y para
favorecer la misma se les suministra un medicamento de nombre
“Ritidina” que logra que los mismos permanezcan con un ritmo de
actividad moderado. Los profesionales de ésta área sostienen que
los chicos deben “educarse” para permanecer en el aula y no
“medicarse”.Estos profesionales, consideran que la “dislexia” en
una disfunción que se produce en el proceso de enseñanza
aprendizaje y por la cuál los chicos que padecen tal disfunción
tardan más en acomodar sus estructuras mentales para comenzar a
leer y escribir.
Los neurólogos, en cambio, mantienen otra postura. Ellos opinan
que es muy difícil encontrar a un chico que presente “dislexia
pura” la mayoría viene acompañada con alguna otra alteración y
es por eso que ellos medican esa alteración, no es la dislexia
lo medicable.
Nosotros tratando de aunar posturas salimos a recoger
información de casos de chicos “medicados” y “no medicados” y
hablando, sobre todo con personal docente, llegamos a la
conclusión de que no es buena la medicación, ya que los chicos
que han sido medicado no han aumentado su rendimiento escolar,
si bien han bajado sus niveles de actividad en el aula, puesto
que no molestan a sus compañeros cuando terminan de hacer sus
tareas, están mayormente “desconectados” de lo que sucede en la
aula, se los siente ausentes de la clase.
¿Cuáles son las causas más frecuentes del retraso escolar?
Para intentar buscar un remedio, antes tendremos que descubrir
cuál es la raíz, la causa del fracaso.
En circunstancias normales, el niño que acude al colegio lo
hace con la ilusión de aprender. El ambiente, tal como está hoy
organizada nuestra sociedad y según su escala de valores, tiende
a favorecer la ilusión por el triunfo. Son numerosas las
familias que se rigen por las notas escolares para establecer su
«código» de premios y castigos. De hecho, son muy pocos ya los
valores reconocidos que no vayan unidos a situaciones de éxito.
Es muy difícil animar a unos padres angustiados por los fracasos
escolares de un hijo, haciéndoles observar que hay en él otras
muchas cualidades que merecen elogio: generosidad, bondad,
disciplina; lo que realmente cuenta es el «boletín», el
resultado de las evaluaciones, la mayoría de las veces reducido
a unos fríos códigos, fruto de la cibernética.
Hemos de buscar el motivo por el que un niño en una situación
escolar de estimulo y con unos métodos adecuados a su edad y que
son válidos para la mayoría de sus compañeros, es incapaz de
seguir el normal rendimiento de la clase.
En primer lugar, puede haber un defasaje del contenido escolar,
motivado por diversas causas; las más frecuentes son aquellas
que crean en el niño situaciones temporalmente «cargadas»
afectivamente: problemas emotivos, familiares, enfermedad de los
padres, etc.
Niños que, sencillamente, han asistido con poca regularidad al
colegio, que han tenido que viajar, o ser trasladados por
motivos familiares de uno a otro centro con el “típico despiste”
ante un ambiente y unos métodos diferentes.
Niños con inmadurez afectiva, no ya por situaciones temporales
sino por causas diversas, y que aún con niveles de inteligencia
que podemos considerar normales, presentan una conducta y un
rendimiento por debajo de su edad cronológica.
Los niños que presentan una dificultad específica en el área
verbal, sufriendo por ende alteraciones en el área de la
expresión escrita son los que sufren una dislexia. Estos son
niños con una inteligencia dentro o superior a la media, pero
con un rendimiento notablemente inferior a sus posibilidades.
*Los datos que sobre ellos nos dan los profesores y los padres
suelen tener unas características típicas: su comprensión verbal
es bajísima, la lectura mecánica casi siempre es defectuosa,
las confusiones en la escritura son muy frecuentes. Suelen
describirlos como distraídos, e incluso con mala voluntad, pues
“repiten” mal aquello que se les corrige.
Niños que los padres confiesan que en casa son “despistados”, no
saben hacer los mandados, buscar las cosas. Niños que no sienten
interés por la lectura, incapaces de entregar una ficha sin que
esté llena de borrones, tachaduras o faltas. Alumnos que suelen
contestar algo que no se relaciona con las preguntas que se les
han hecho, puesto que al confundir las palabras cambian su
simbolismo.
Pueden ser imaginativos, creadores, inquietos, agresivos,
líderes del grupo, o bien inseguros, apáticos, angustiados,
según hayan reaccionado ante el fracaso escolar, factor común en
todos ellos.
Hay algunos que solamente serán incapaces de superar el área de
Lenguaje, llegando a obtener buenas calificaciones en Ciencias y
en Plástica, y otros a los que sus dificultades impiden la
asimilación del total de las materias escolares.
De hecho la dislexia deja de ser un simple problema pedagógico y
en muchos casos puede transformarse en un angustioso problema
personal.
De
forma sencilla y práctica quisiéramos clasificar las dislexias.
Conscientes escribimos “dislexias” porque pensamos que no hay un
solo tipo de dislexia, como no existe un tipo único de niño
disléxico.
CLASIFICACIÓN DE LA DISLEXIA.
Existen diferentes tendencias de clasificación de la dislexia y
esta se subdivide dependiendo del punto de vista del neurólogo,
del psicopedogogo del maestro. La más aceptada
internacionalmente es la que la clasifica principalmente en
dislexia adquirida o dislexia del desarrollo.
DISLEXIA ADQUIRIDA:
·
PROFUNDA O FONÉMICA
·
SUPERFICIAL
·
SEMÁNTICA O FONOLÓGICA
·
AUDITIVA
·
VISUAL
DISLEXIA CONGÉNITA O ESPECÍFICA DEL DESARROLLO
·
EVOLUTIVA O MADURATIVA
·
PROFUNDA
DISLEXIA ADQUIRIDA
El término dislexia es usado en principio por los médicos para
describir las dificultades de lectura y ortografía de enfermos
que habían sufrido ciertos tipos de daño cerebral. Este daño
pudo haber sido ocasionado en accidentes o guerras, o como
resultado de tumores, embolias, trastornos psiquiátricos, drogas
o efectos del envejecimiento. La dislexia no es propiamente una
enfermedad, sino un término que se utiliza para describir
síntomas de daño al cerebro, esto es el deterioro a las
funciones de la lectura. Ciertos pacientes sólo tienen problemas
para leer y deletrear palabras largas y poco comunes, en tanto
que otros las tienen para reconocer las letras del abecedario, y
otros con las "palabras pequeñas" como "a", "es", "por", "pero".
Algunos no pueden leer bien en voz alta; otros consiguen
hacerlo, pero sin comprender lo que han leído. Cada vez más
especialistas distinguen no simplemente entre grados de
dificultad en lectura, ortografía o escritura, sino también
entre tipos de dislexia adquirida como: profunda, superficial,
central, semántica, auditiva y visual. En todos los casos de
dislexia adquirida, los especialistas cuentan con signos
directos o indirectos que apoyan su opinión de que tales
dificultades son causadas en parte por daño cerebral. Los signos
directos son, por ejemplo, el daño físico o lesión al cerebro, y
las evidencias reveladas por una operación o autopsia, o
cualesquiera que muestren que pudo haber lesiones cerebrales o
hemorragia, como en una embolia. Los signos indirectos consisten
en patrones irregulares en el electroencefalograma (EEG),
reflejos anormales, o dificultades en la coordinación y
orientación mano-ojo, por ejemplo.
La dislexia visual es la dificultad para seguir y
retener secuencias visuales y para el análisis e integración
visual de los rompecabezas y tareas similares. Esta se
caracteriza por la inhabilidad para captar el significado de los
símbolos del lenguaje impreso. No esta relacionado con problemas
de visión, sólo con la inhabilidad de captar lo que se ve. La
mayoría percibe letras invertidas y perciben también invertidas
algunas partes de las palabras, son lentos y tienen problemas
con la secuencia. Este tipo de dislexia es la más fácil de
corregir, por medio de ejercicios adecuados pueden aprender los
signos gráficos con precisión y gradualmente aprender
secuencias; pero la lentitud persistirá.
La dislexia auditiva es la dificultad para
discriminar los sonidos de letras y trabados, reconocer pautas
de sonido, secuencias, palabras, ordenes e historias. Esta es la
forma de dislexia más difícil de corregir y radica en la
inhabilidad de percibir los sonidos separados (discontinuos) del
lenguaje oral. La mayoría de los disléxicos auditivos presentan
una audición normal. Su facultad discriminativa auditiva, trae
como consecuencia grandes dificultades en el deletreo y la
composición.
La enseñanza fonética tradicional carece de sentido para ellos.
También presentan dificultades en repetir palabras que riman,
interpretar marcas diacríticas, aplicar generalizaciones
fonéticas y pronunciar palabras con exactitud, teniendo estos
niños obstruidas las relaciones fundamentales de sonidos y
símbolos del lenguaje su trastorno se hace difícil de corregir,
y las ideas y ejercicios especialmente ideadas para ellos
requiere de mucha paciencia, tanto para el docente como para el
niño. Por regla general, los disléxicos auditivos deben idear
sus propios ejercicios de deletreo y otras tareas análogas.
La dislexia profunda o fonémica, en ella se
aprecian errores de tipo semántico, dificultad para comprender
el significado de las palabras, con adición de prefijos y
sufijos, mayor facilidad para las palabras de contenido que para
las de función.
La dislexia fonológica o semántica sobre la que se
conocen pocos trabajos. En este tipo de dislexia si falla la
ruta fonológica aparece la dislexia fonológica, donde el
paciente utiliza entonces la ruta léxica, esta sólo le permite
reconocer las palabras familiares, pero tiene dificultad con las
raras o las pseudopalabras, y tienen errores derivativos (como
leer “apareció” como “aparición”).
La dislexia superficial, en la que se depende de
la ruta fonológica para leer, los niños tienen dificultades
dependiendo de la longitud y complicación de las palabras, como
les pasa a tantos niños disléxicos.
DISLEXIA CONGÉNITA O ESPECÍFICA DEL DESARROLLO.
Cuando los médicos empezaron a estudiar las dificultades en la
lectura, deletreo o escritura en niños que por lo demás eran
saludables y normales, tuvieron que distinguir entre estos
pequeños, y aquellos victima de dislexia adquirida. Para ello lo
describieron como casos de dislexia específica del desarrollo o
dislexia congénita. Estos términos más bien ambiguos se emplean
para indicar que las dificultades de estos niños son
constitucionales, y no producto de alguna incapacidad primaria
de la mente o los sentidos, o una falta de oportunidad
educativa. La dislexia del desarrollo sugiere, que pudo haber un
atraso en algún aspecto del desarrollo, alguna deficiencia en la
maduración neural, que ocasionó las dificultades del niño. La
dislexia congénita simplemente significa que el niño parece
haber nacido con dificultades. Por supuesto que gran parte de
los niños incapacitados padecen de problemas disléxicos que
pueden atribuirse directamente a sus incapacidades primarias,
como parálisis cerebral y espina bífida, pero las cantidades de
estos niños incapacitados que también son disléxicos, son mucho
menores de lo que cabria esperar, si se considera la gravedad de
las disfunciones físicas de que son victimas.
A diferencia de la dislexia adquirida, la dislexia del
desarrollo, la mayoría de las veces, no muestra signos directos
de daño cerebral. También difiere de la primera en un aspecto
fundamental: por dislexia adquirida se entiende que el paciente
ya no puede utilizar habilidades de las que antes era capaz,
mientras que un niño que parece ser victima de la dislexia del
desarrollo, tiene dificultades para aprender dicha habilidad.
Aunque quizás un niño no tenga problemas para aprender otras
habilidades y no se puede decir que tenga alguna dificultad
especifica del aprendizaje siempre y cuando estén afectados su
lectura, escritura u ortografía. Hay personas que tienen
problemas para aprender a ejecutar algún instrumento musical o
nadar. También es cierto que, al igual que existen quienes
tienen un tono perfecto, otros no distinguen tonos musicales,
algunos son daltónicos y otros alérgicos.
Un ejemplo famoso es de una niña de 6 años de edad que fue
diagnosticada como disléxica y tratada por varios años como tal,
se encontró que en realidad era alérgica al pegamento utilizado
en la encuadernación de la gran mayoría de libros de lectura. Si
no se considera e investiga la posibilidad de que tales
dificultades provengan del aprendizaje de la tarea, o en algunos
componentes de la tarea misma, trátese de antipatía hacia los
métodos, libros o materiales que se empleen, o hacia el maestro,
se hace caso omiso de las necesidades tan complejas de los
niños.
La dislexia evolutiva o madurativa,
se la considera cuando aparecen dificultades y síntomas
parecidos o iguales a los disléxicos en niños que inician su
aprendizaje, pero rápidamente estos síntomas desaparecen por sí
solos durante el aprendizaje. Los síntomas a los que hacemos
mención son inversiones en la escritura y/o en la lectura,
adiciones, omisiones, escritura en espejo, vacilaciones,
repeticiones, entre otras. Este niño sufre un retraso en su
desarrollo lingüístico que fácilmente supera a diferencia los
que en la mayoría de los casos requiere de tratamiento por parte
de psicólogos, neurólogos y psicopedagogos.
Hoy día la mayoría de los chicos escriben y leen muy mal, por
ende un gran porcentaje no comprende lo que lee y como
consecuencia no pueden estudiar, ese fue unos de los motivos que
nos llevo a encaminar nuestro trabajo de investigación hacia el
lado de los trastornos de aprendizaje de lecto-escritura.
¿Cuáles son los orígenes de esta perturbación?
Los
orígenes de esta perturbación como apuntan varios autores, sin
que se excluyan unos a otros; se atribuyen a trastornos de la
comunicación verbal, debilidad mental, mala orientación en el
espacio vivido, trastornos del esquema corporal, malas
lateralizaciones, fijaciones-regresiones-trastornos afectivos
infantiles, sordera o semisordera.
Diferimos en algo de estas opiniones. Al hablar de dislexia nos
referimos sólo a niños que con una inteligencia general media o
superior a la media, presentan problemas en el aprendizaje de
la escritura y de la lectura, cometiendo los errores, en mayor o
menor grado, del tipo que más tarde estudiaremos.
Descartamos los casos que mencionaremos a
continuación:
·
Los niños inmaduros o límites.
·
Los que padecen disfunción cerebral mínima.
·
Los niños que padecen deficiencias en sus órganos sensoriales,
tanto en la vista como en el oído.
·
Los que tienen problemas serios de motricidad, con dedos
atrofiados, etc.
·
Los que por enfermedad, ambiente familiar, frecuentes cambios de
escuela, etc., sufren fracasos escolares.
De estos niños decimos que presentan problemas en la escritura y
lectura (en el caso de que los presenten) del tipo de las
llamadas dislexias.
Evidentemente todas estas causas son suficientes para que en un
momento dado se establezca una forma patológica de relación
entre su «yo y el universo», pero consideramos que al hablar de
dislexia nos debemos siempre referir a ese pequeño grupo de
niños que hay en todos los colegios, que con una inteligencia
media o superior, y sin que presenten los problemas antes
citados, no son capaces de superar con éxito el aprendizaje de
la escritura y la lectura.
Pero el desconocimiento acerca del significado del término
“dislexia” es general en todas las áreas de la educación.
Generalmente se “rotula”a todos los chicos que presentan
problemas de aprendizaje de lecto-escritura dentro de la
generalidad “disléxico”, pero esto no es así.
Decimos “rotulan” y quienes lo hacen son aquellos docentes que
tienen un leve conocimiento de lo que es la “dislexia”,que
son muy pocos, porque el desconocimiento que tienen sobre el
tema nos sorprendió demasiado.
Nos planteamos la pregunta ¿Qué saben los docentes de EGB3 de
dislexia?, para obtener información cuantificable realizamos una
encuesta muy simple que contenía las siguientes consignas:
1.
¿TIENE CONOCIMIENTO DE LO QUÉ LA DISLEXIA?
SI
NO
2.
¿QUÉ ES LA DISLEXIA?
3.
¿HA RECIBIDO CAPACITACIÓN ESPECIAL PARA EL CASO?
4.
¿QUÉ TIPO DE CAPACITACIÓN RECIBIÓ?
5.
¿ESTÁ INTERESADO EN RECIBIR INFORMACIÓN?
Las encuestas fueron distribuidas en cuatro colegios céntricos,
tres colegios periféricos de la ciudad de Gualeguaychú (dos
públicos y dos privados) y dos colegios del área rural.
Nos fue realmente muy difícil que los docentes accedieran a
contestar nuestras preguntas, en la mayoría de los colegios
tuvimos que andar prácticamente atrás de los docentes para
encontrarnos nuevamente con las encuestas, gran parte de los
encuestados no respondieron las mismas y el porcentaje que lo
hizo presenta un total desconocimiento de lo que es la Dislexia.
La negativa por parte del personal docente de las distintas
instituciones para con nuestro trabajo dejó secuelas, lo primero
que nos planteamos fue si realmente estábamos haciendo bien
nuestro trabajo de investigación, es decir nos parecía que un
tema tan rico y del que los docentes deberían tener un total
manejo, nos era negado o mejor dicho ellos estaban negados a
saber lo que es la dislexia y como tratarla porque a la pregunta
numero tres del cuestionario casi nadie la contestó.
En conversaciones no oficiales (off de record) la mayoría de los
docentes consideran disléxicos a todos los chicos con problemas
de lectura y escritura, como lo señalamos anteriormente, sin
siquiera poder diferenciar que uno conlleva al otro.
Para dar nuestra visión acerca de los distintos niños que son
considerados disléxicos realizamos la siguiente clasificación ya
que existen niños rotulados como disléxicos que no deberían
considerarse como tales.
NIÑOS FRECUENTEMENTE
CONSIDERADOS DISLÉXICOS
·
Niños inmaduros:
resultan difíciles de definir; se les llama, niños «frontera»,
«límites», «inmaduros». No los podemos encuadrar dentro de lo
que se ha dado en considerar como «normal», pero tampoco dentro
de lo que se entiende por anormal (término que hace tiempo se
está luchando porque desaparezca).
Son niños que por su infantilismo, su escaso razonamiento y sus
faltas de comprensión verbal, raramente pueden someterse a las
normas de aprendizaje y disciplina propias de una enseñanza
normalizada, casi siempre masiva y que exige niveles
intelectuales y patrones de conducta bastante homogéneos.
Pasan fácilmente, a los ojos de padres y educadores,
como vagos, distraídos, sin interés alguno. No es raro que se
conviertan en niños inseguros, con una enorme sensación de
fracaso, angustiados ante las exigencias de la vida escolar, en
ocasiones falsificadores de notas, agresivos con los compañeros,
inquietos en casa; o bien en alumnos, al parecer, inconscientes
de sus problemas, que se refugian en una falsa confianza “todo
me ha salido bien”, “es que me tienen rabia”. Vemos que muchos
de estos rasgos son comunes al niño disléxico, porque unos y
otros, por distintas causas, son niños fracasados.
La conducta del niño intelectualmente inmaduro suele ser muy
infantil, nos sorprende con “arranques” o rabietas típicos de
etapas anteriores de desarrollo.
Su falta de comprensión a la hora de explicarle las lecciones,
la imposibilidad de que consiga aplicar personalmente los
conocimientos adquiridos, suele estar en contraposición con su
facilidad para entender la “tele” o para ser en muchos casos
“vivos” e ingeniosos para los juegos, lo que es ocasión para que
el comentario común de la mayoría de los padres sea: “lo que él
quiere, o lo que a él le interesa lo aprende bien”. En esto se
refugian para no llevar a su hijo a quien pudiera darles una
orientación adecuada.
Llega un momento en que el niño se convierte en un marginado por
las numerosas repeticiones de curso, el recurso del profesor
particular que nada remedia, etc.
Los educadores que encuentran entre sus alumnos, y es muy
probable que en cada curso se den dos o tres casos, un niño de
estas características, encuadrado por su inmadurez intelectual
dentro de la pedagogía de los niños límites, tienen que desechar
la idea de que la tarea de su aprendizaje difiere sólo, en
cuanto a los demás alumnos, en un aumento de dedicación, tiempo
y paciencia. Es preciso un sistema de enseñanza encaminado a
corregir sus dificultades específicas.
El niño inmaduro, por las dificultades que existen actualmente
para conseguir un diagnóstico precoz, recibe su educación
preescolar en colegios convencionales. Empieza desde entonces a
destacar por la lentitud de sus adquisiciones. Aparecen
problemas serios en el momento de empezar la preescritura y
prelectura. Sus dificultades escolares son muy semejantes a las
que vamos a encontrar en el niño disléxico, porque por
diferentes motivos el niño «límite» o «frontera» no ha alcanzado
una adecuada maduración de los factores que intervienen en el
aprendizaje de las materias instrumentales .
Hay, sin embargo, muchas manifestaciones de estas dificultades
que, a lo largo del curso, a cualquier persona un poco
experimentada le ayudan a distinguir cuándo está tratando con un
niño disléxico, con un buen nivel mental, o con un niño con un
problema de lenguaje derivado de su inmadurez intelectual.
·
NIÑOS CON DISFUNCIÓN CEREBRAL MÍNIMA:
el porcentaje de alumnos que sufren una disfunción cerebral
mínima, es mucho más alto de lo que todos pensamos. Los estudios
realizados demuestran con toda claridad que es en edades muy
tardías (nos referimos alrededor de los doce años) cuando, en
general, los padres se deciden a dar el paso de llevar a su hijo
al neurólogo, por indicación del psicopedagogo escolar o del
psicólogo. Lo suelen llevar cuando los trastornos de conducta y
de aprendizaje han creado un serio problema en la familia y en
el colegio.
También sabemos que en muchos casos el neurólogo no da
importancia alguna a este tipo de alteración, que con enorme
frecuencia produce serias dificultades en la vida escolar.
Los síntomas, por otra parte, son comunes a los que presenta el
niño inmaduro o el niño disléxico. La etiología es diferente,
pero les une un factor común: el fracaso escolar.
Los rasgos que vamos a describir en el niño con disfunción
cerebral mínima vienen dados por su problema neurológico y
acentuado tal vez por su fracaso y por su inseguridad.
Hay que destacar:
o
Su conducta motora: hiperactividad, enorme inquietud, necesidad
continua de levantarse en clase para tomar un lápiz, una goma,
tirar el cuaderno, el libro, el papel en que está dibujando...
o
En el recreo sus juegos son descontrolados, correr y gritar, sin
que le guste aceptar las normas establecidas.
o
Dispersión en la atención y unción perceptivo-cognoscitiva:
falta de concentración, labilidad de atención, incapacidad para
seguir una explicación en clase, incapacidad para distinguir lo
esencial de lo accidental.
o
Dificultades de aprendizaje, especialmente en: lectura,
escritura, y cálculo.
Las confusiones en la escritura del tipo de las llamadas
«dislexias», pueden ser consideradas como un síntoma más del
síndrome llamado disfunción cerebral mínima.
Indudablemente, debido a la imperfección del material empleado,
muchos de los niños que se envían al neurólogo no reflejan en
los E.E.G. este tipo de alteración.
Sin embargo, dados los síntomas que presentan y las dificultades
que se encuentran para que consigan asimilar las materias
llamadas instrumentales, llegamos a la conclusión de que, en
algunos casos, no podemos considerar los resultados de los
E.E.G. como concluyentes.
Es muy importante tener en cuenta la edad de los niños en el
momento de enviarlos al neurólogo.
·
NIÑOS CON TRASTORNOS AFECTIVOS:
los problemas afectivos pueden causar en el niño problemas tan
serios, que en muchos casos han llegado a confundirse con
retrasos mentales leves-
Realmente un niño que sufre una seria alteración de su
personalidad puede con toda facilidad ser considerado en el área
escolar como un alumno falto de capacidad intelectual.
Aquí solamente quisiéramos hacer constar, pues debe ser tenido
en cuenta por padres y profesores, que no son raros los casos en
que las alteraciones de escritura tienen su origen no en un
problema de orientación, percepción o lateralidad, sino en
problemas emocionales, unas veces persistentes otras
transitorios.
Como hace notar Ajuriaguerra, en todo niño existe un
paralelismo entre el desarrollo motor, intelectual y afectivo.
El movimiento, la inteligencia y la afectividad son inseparables
en el desarrollo dinámico del niño normal.
Debemos pensar que el niño habla porque «ansía» la lengua.
Indudablemente el lenguaje tiene una función «apetitiva». Hay
que comprender la importancia que esta función «apetitiva» tiene
en la primera infancia.
Pero pasada la primera infancia, y suponiendo que ésta se haya
desenvuelto en un ambiente adecuado, hay situaciones que en
cualquier momento pueden producir en el niño una alteración
emocional, como consecuencia puede aparecer una inhibición
emotiva frente al aprendizaje que va a reflejarse de forma
especial en el área verbal: fallos de comprensión, de expresión
oral y escrita, mala caligrafía y en muchas ocasiones problemas
en la escritura del tipo de las llamadas dislexias.
La conducta de estos niños es muy variable: inquietos,
agresivos, fanfarrones, inhibidos, angustiados, infantiles,
inseguros. En todos existe un factor común: el fracaso escolar
con sus consecuencias.
Normalmente un niño con problema afectivo no refleja sus
dificultades sólo en escritura y lectura, sino en todo su
comportamiento y, por lo general, como consecuencia, en todo su
aprendizaje. Creemos que es más frecuente el caso del niño que,
por padecer una dislexia, sufre un fracaso escolar y, como
consecuencia, un rechazo del ambiente familiar y escolar que
desemboca en un problema afectivo.
Estamos de acuerdo con la opinión de Andrea Jadoulle: «En
las escuelas hay, pues, cierto número de niños que tienen
dificultades para aprender lectura y ortografía, en función de
la imposibilidad en que se hallan para realizar el esfuerzo
indispensable por razones de índole familiar o afectiva No
creemos que estas dificultades deban de incluirse entre las
causas de la dislexia» .
Esta misma opinión mantiene Chassagny, que llega a la
conclusión que dos de cada tres niños disléxicos presentan
trastornos de conducta, trastornos que son posteriores al
aprendizaje de la lectura y escritura y dependen, en su mayoría,
de la actitud familiar.
También Ajuriaguerra escribe: «Por nuestra parte hemos señalado
que los desórdenes afectivos son muy frecuentes, si no
constantes, en los disléxicos; secundarios muchas veces, pueden,
sin embargo, ser primarios a veces, pero en nuestra opinión no
se sitúan al nivel de la lectura propiamente dicha»
Si damos tanta importancia al factor afectivo es porque estamos
convencidos de que nunca podrá llevarse a cabo una reeducación
adecuada sin tener en cuenta, el origen o la consecuencia de las
dificultades en el aprendizaje de la lectura y escritura. Es tan
importante como pueden serlo cualquiera de los factores que
intervienen en el aprendizaje de las materias instrumentales.
·
NIÑOS CON ZURDERA:
En cuanto a la zurdera, es sin duda una causa de dificultades
escolares. El gran problema del niño zurdo, como hemos
comentado, es la incomprensión que hasta hace poco. y aún hoy
día, encontró por parte tanto de la familia como de los
educadores.
Esta incomprensión se debe, sin duda, al desconocimiento de su
verdadero origen. Son muchos los que aún piensan que puede
tratarse de un mal hábito o de un capricho.
«El niño nace zurdo a consecuencia de una organización cerebral
lateralizada que nada ni nadie puede cambiar, por lo tanto, las
carencias debidas a la zurdera pueden detectarse no sólo en el
comportamiento motor del niño, sino también en el ejercicio de
sus facultades intelectuales».
En el niño zurdo influye mucho la capacidad de «rectificación»
que hay que ayudar a crear en ellos. Si al niño, desde los
primeros ejercicios escolares, se le enseña a «corregirse»
cuando traza mal los trabajos de preescritura, suele llegar, sin
grandes conflictos, a dominar la lectura y escritura, siempre en
cuenta las observaciones anteriormente hechas.
Al niño zurdo que presenta dificultad en su escritura no lo
podemos considerar como un disléxico. El origen de sus
dificultades está actualmente perfectamente estudiado. El
grafismo del zurdo es más o menos enmarañado según se mezclen o
choquen las praxias.
Los sistemas de reeducación del niño zurdo son muy específicos y
diferentes según los problemas que presente. Lo que es
imprescindible es un sistema de diagnóstico precoz y adecuado.
Hipótesis de la disfunción cerebral
·
Se han encontrado diferencias en las asimetrías hemisféricas
respecto a los sujetos normales.
·
Se han encontrado diferencias estructurales en la formación de
la corteza cerebral.
Hipótesis del déficit perceptivo
·
Rechazo de la hipótesis perceptiva clásica ya que las
dificultades de percepción siempre aparecen adscritas al
procesamiento verbal.
·
Sin embargo, desde los modelos interactivos del procesamiento de
palabras (Seidenberg y McClelland, 1989) pueden explicarse
déficit específicos asociados a la percepción verbal.
·
Existen además datos psicofísicos sobre alteraciones en los
procesos visuales primarios en algunos niños disléxicos.
Hipótesis del déficit fonológico
·
Los sujetos disléxicos presentan dificultades en la adquisición
de los conocimientos estructurales sobre el lenguaje, en
especial, conocimiento fonológico.
·
Estos déficit son independientes de la edad o nivel intelectual
·
Las dificultades permanecen incluso después de seguir programas
de intervención.
§
Hipótesis del déficit en memoria.
·
La memoria operativa es un espacio de capacidad limitada donde
se llevan las operaciones necesarias para comprender el
lenguaje.
·
Una de sus funciones (lazo articulatorio) es recodificar
fonéticamente la información verbal.
·
Los disléxicos muestran dificultades en diferentes aspectos de
la memoria relacionados con la codificación fonológica de la
información.
1. Inteligencia normal o superior.
2. Retraso específico en lectura de al menos dos años.
3. Escolarización adecuada
4. Ambiente socioeconómico adecuado
5. Discriminación visual y auditiva correcta o corregida.
6. No padecer problemas psíquicos.
7. No padecer ningún problema neurológico.
 Hay
tres aspectos fundamentales bipolares que caracterizan el
universo del disléxico en relación con el que llamaremos moral,
porque nos sirve implícita o explícitamente de referencia:
Ambigüedad de las distancias y de las posiciones relativas de
las cosas entre sí.
La relación del sujeto con los objetos es relativamente estable,
pero las relaciones espaciales de éstos entre sí son móviles y
con eclipses. La apreciación de las distancias resulta muy
difícil.
Las posiciones relativas de las cosas, tanto en el espacio como
en tiempo, son inseguras y variables. El sujeto busca o espera a
los objetos en una dirección y aparecen en otra.
Ambigüedad de las formas y de los significados
Las formas “en sí mismas” se perciben relativamente bien, tanto
mejor cuanto más simples sean, pero no así su orientación y, por
consiguiente, su sentido.
De ahí se derivan errores de reconocimiento debidos al
establecimiento de analogías o de identidades entre formas que
no se diferencian por su orientación; de ahí también la
imposibilidad de reconocer ciertas formas en una serie de ellas
análogas.
Ambigüedad de los valores
El valor se percibe como tal, pero su valencia es ambigua. Dicho
de otro modo, los valores se presentan sin sentido positivo o
negativo. El movimiento hacia ellos es sucesivamente atractivo o
repulsivo y, cuando ambos sentidos se presentan simultáneamente,
el movimiento del sujeto se vuelve vacilante. Es como si los
letreros indicadores del buen camino se orientaran
intermitentemente en sentido inverso e incluso, en ocasiones,
estuvieran confundidos. El horizonte de los valores generales
de referencia está oculto. El sujeto permanece atado al instante
y a la urgencia.
El «yo» correspondiente a este universo puede caracterizarse por
tres aspectos correlativos:
·
Incertidumbre del «yo»
Frente a tal ambigüedad, el yo se estructura en forma de
incertidumbre y de expectativa. Espera de los demás y del azar
el hilo conductor que le ayude a alcanzar sus objetivos. No
halla en sí la seguridad necesaria y pierde la confianza en sus
propios medios.
·
Torpeza y titubeo del gesto y de la expresión verbal
Tanto el ritmo del acto como su desarrollo en el espacio están
perturbados. Los gestos son torpes. La expresión oral se ve
enturbiada por confusiones de sentido o de analogías de
palabras. La torpeza 50 da tanto a nivel motor como verbal: en
el primero, la iniciativa, incapaz de dominar el espacio y el
tiempo, se pierde en tanteos. En el segundo, también se busca: a
tientas la expresión; se tropieza con numerosos obstáculos,
bien por incertidumbre ante la elección de la palabra, bien por
la dificultad de distinguir la imagen del término que se ha de
pronunciar de aquellas otras (visuales y viso-motrices)
correspondientes a términos análogos.
·
Ambivalencia afectiva
En relación con los valores variables o ambiguos, el sujeto vive
sin cesar en una actitud inestable entre lo que es preciso hacer
o seguir y lo que hay que evitar. Su voz es tenue, su forma de
obrar insegura, siempre dispuesta a tomar el rumbo contrario.
Parece que sobre sus proyectos flota permanentemente un
interrogante; no puede emprender nada de mucha trascendencia.
Como respuesta a esta modalidad de la relación yo-universo, el
sujeto organiza una serie de hábitos, agrupables en tres
categorías esenciales:
a)
BÚSQUEDA ATENTA DE SEÑALES Y DE PUNTOS DE APOYO EXTERIORES;
REFERENCIA PERMANENTE A LAS SEÑALES.
En seguida, para adaptarse al universo de los demás y a los
demás, el sujeto establece un sistema de señales seguras, que
seguirá inmediatamente, para resolver sus numerosas
dificultades. Fija con bastante rapidez la colocación de su
izquierda y su derecha, mediante signos artificiales (la muñeca
que lleva una pulsera se señala como la derecha; la mano que ha
estado atada, como la izquierda, o la que ha estado herida o
vendada un día, etc.). Se identifica con (se pone en el lugar
de) objetos o seres, en relación con los cuales designará o
reconocerá- una derecha y una izquierda. Igual que un adulto que
no sabe sumar cuenta con los dedos muy deprisa (y con frecuencia
sin que los demás se den cuenta), de igual modo un futuro
disléxico repasará con rapidez sus señales personales, para
llegar a la respuesta de orientación correcta, exigida por una
acción o por alguien Las señales espaciales pueden ser a veces
más complicadas.
El niño puede tomar como referencia un mueble
determinado de su cuarto, cada vez que él se encuentre frente a
otro o a la ventana. Así, al ocupar su puesto habitual en la
mesa, la derecha estará del lado de la chimenea. Tal imagen
mental probablemente le servirá de guía fuera de su casa para
numerosas orientaciones, espontáneas a primera vista. La
referencia o señal para garantizar la operación intelectual o la
organización de un gesto es incesante.
ADHERENCIA A LAS PERCEPCIONES.
Igual que de noche avanza con las manos hacia adelante y a
pruebas, así el sujeto que debe moverse en medio de la
ambigüedad se acostumbrará a «pegarse» a las cosas para no
extraviarse. En efecto, cuando más retroceda y se distancie,
tanto mayor peligro tendrá de perderse en múltiples y
contradictorios sentidos.
De ahí se deriva una especie de «miopía motriz e intelectual»,
como expresión del afán de conservar el hilo conductor en el
laberinto de su universo.
c)
PSEUDOANÁLISIS.
La adherencia a las percepciones se extiende a los detalles.
Para ver el todo, el conjunto, habrá que ponerse a distancia,
con el riesgo de extravío que eso supone; en consecuencia » ya
señalada se duplicará por una especie de puntillismo de detalles
sucesivos. Claro está que eso no da un resultado más que cuando
no hay un contexto demasiado cargado, susceptible de cambiar el
sentido del detalle o de la palabra. De esta forma, los errores
debidos a la confusión de las formas análogas se neutralizan,
por lo general, por la atención prestada a los detalles, lo que
es insuficiente en la vida corriente.
La siguiente pauta de características que enunciamos a
continuación puede servir para detectar la dislexia
·
HISTORIA PERSONAL
La historia de un disléxico puede revelar uno o más de los
siguientes antecedentes:
Q
Existencia de un familiar cercano que presente o ha presentado
problemas de lenguaje o de dificultades en el aprendizaje de la
lectura y escritura.
Q
Dificultades del parto: anoxia, hipermadurez, prematurez de
tiempo y/o peso.
Q
Enfermedad infectocontagiosa que haya producido en el sujeto un
período febril con vómitos, convulsiones, pérdida de
conocimiento.
Q
Retraso en la adquisición del lenguaje y/o perturbaciones en la
articulación.
Q
Retraso en la locomoción.
Q
Problemas de dominancia lateral.
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