HIPERACTIVIDAD INFANTIL: CONCEPTO, EVALUACIÓN Y TRATAMIENTO.

 

 

 
 

  El trastorno por hiperactividad con déficit atencional, o más brevemente el trastorno hiperactivo, es una etiqueta diagnóstica que identifica a niños que presentan problemas atencionales, de impulsividad, de autocontrol y de sobreactividad motora. Se trata de una población heterogénea, con grandes diferencias en su sintomatología y en el tipo de ambiente que la desencadena, la cual, además, se asocia frecuentemente con otros trastorno comportamentales. Pero lo que aún resulta más sorprendente, como señala Barkley (1990), es que su conceptualización dependa en gran medida de la adscripción formativa y profesional del clínico que la aborda.

 

            En todos los manuales al uso, tanto actuales como los más clásicos, la definición de la hiperactividad se articula a través de tres conceptos clave: falta de atención, impulsividad y sobreactividad. Sin embargo, ni su conceptualización ni las relaciones que guardan entre sí estos conceptos parecen del todo claras. De hecho Barkley se refiere a esta triple sintomatología como la “santísima trinidad”, haciéndose eco de las dificultades conceptuales que conlleva.

            Una definición aceptable para la mayoría de clínicos podría ser la de dicho autor:

“El trastorno por déficit atencional con hiperactividad es un trastorno del desarrollo caracterizado por niveles de falta de atención, sobreactividad e impulsividad inapropiados desde el punto de vista evolutivo. Estos síntomas se inician, a menudo, en la primera infancia, son de naturaleza relativamente crónica y no pueden atribuirse a alteraciones neurológicas, sensoriales, del lenguaje o motoras graves, a retraso mental o a trastornos emocionales importantes. Estas dificultades se asocian normalmente a déficits en las ‘conductas gobernadas por reglas’ y a un determinado patrón de rendimiento”.

            La problemática asociada a la hiperactividad se concentra en estas áreas: trastorno disocial, dificultades de aprendizaje y déficits cognitivos, trastornos emocionales con baja autoestima y problemas de relación social.

            Aunque el DSM-IV-TR simplemente mantiene los subtipos en función del predominio de sintomatología atencional o motora, existen bastantes evidencias que inducen a creer en la existencia de un “trastorno hiperactivo”, con un tipo de déficit atencional secundario a un problema mayor de desinhibición conductual, diferenciado de otro “atencional” centrado fundamentalmente en un problema de procesamiento de la información.

            En la edad preescolar la falta de atención y la sobreactividad no son indicativas por sí solas de hiperactividad, pues en los casos más graves sólo el 50% con diagnóstico de hiperactividad en preescolar lo mantiene en la edad escolar. En la edad escolar es cuando el trastorno de la hiperactividad incide con mayor gravedad. En la adolescencia, y sin necesidad de ningún tipo de intervención, se reducen las conductas de falta de atención, impulsividad y sobreactividad, si bien entre el 30 y el 50% sigue cumpliendo los criterios diagnósticos. Por último, se acepta que entre el 50 y el 65% de niños/jóvenes que fueron diagnosticados como hiperactivos (eso sí, por diferentes métodos) mantienes sintomatología del trastorno en la edad adulta.

Evaluación:

-Entrevistas clínicas a padres y maestros: En nuestro ámbito disponemos de dos entrevistas para la exploración psicológica en la infancia: la Pauta de Entrevista para Padres (PEP) de Pelechano (1979) y la Información Diagnóstica General IDG) de Capafons y otros (1986).

-Escalas y cuestionarios para padres y maestros: En nuestro país se ha adaptado el Perfil Atencional Infantil, que permite distinguir un predominio atencional o de sobreactividad, a través de las cuatro Escalas de Comportamiento Infantil (ECI), véase Mangas y otros (1995)

-Pruebas de atención: En el ámbito clínico se opta por los conocidos “tests de tachado” y el “factor libre de distractibilidad” del WISC-R, compuesto por las pruebas de aritmética, dígitos y claves. En ambos casos, los niños hiperactivos normalmente rinden peor que los niños normales.

-Medidas de la impulsividad

-Tests neuropsicológicos: el subtest de movimientos de la mano, de la batería de Kaufman, aunque restringido a problemas en la motricidad fina.

-Procedimientos de observación directa: Los registros de observación son los que permiten analizar antecedentes y consecuentes de las conductas hiperactivas para, posteriormente, desarrollar un programa cognitivo-conductual de intervención más específico. El Código de Observación de Conducta en el Aula, (Abikoff y Gittelman) ha sido adaptado en nuestro país por Ávila de Encío y Polaino Lorente (1991)

Tratamiento:

-Tratamiento farmacológico: La mayoría de los clínicos entiende que la utilización de psicofármacos es especialmente útil en la primera fase del tratamiento, en periodos agudos del trastorno o, simplemente, cuando no es posible otro tipo de terapia, pero normalmente necesita complementarse con una intervención cognitivo-conductual.

-Tratamiento cognitivo-conductual: Entre estas técnicas cabe distinguir las que son específicas para el niño y las que sirven para entrenar y formar a padres y educadores.

             La evolución experimentada por la modificación de conducta en los años setenta supuso la incorporación, junto a los procedimientos derivados de los modelos anteriores (con técnicas como la economía de fichas, programas de refuerzo, coste de respuesta, tiempo fuera y contratos de contingencia), de técnicas cognitivas o cognitivo-conductuales, como son el entrenamiento en Autoinstrucciones, la terapia de solución de problemas o los métodos de autocontrol. Un ejemplo representativo de esta evolución es la conocida “técnica de la tortuga”.

            Por su parte, posprogramas de entrenamiento de padres y educadores se basan en métodos verbales, ensayos conductuales y modelado, haciendo hincapié en los principios del aprendizaje social, enfatizando la necesidad de definir y precisar las conductas alteradas y enseñando las técnicas operantes para fomentar conductas adaptadas y eliminar comportamientos desadaptados.

-Tratamientos combinados: Se trata de la administración combinada de terapias cognitivo-conductuales y farmacológicas.

 

-Programa de intervención cognitivo conductual para tratar la hiperactividad en el colegio:

Objetivos: El programa de intervención pretende favorecer explícitamente la realización de actividades que contribuyan a eliminar o reducir los déficits de atención y las dificultades de aprendizaje de los niños hiperactivos, a modificar comportamientos característicos (como la movilidad excesiva y la impulsividad), y a capacitarlos para ejercer control sobre su propia conducta y disponer de habilidades y estrategias que les permitan analizar los problemas, indagar sobre posibles soluciones, optar por aquellas que resulten ser más adecuadas y aplicarlas, finalmente en su vida cotidiana.

Actuaciones:

            -Entrenamiento del profesor

            -Promover la implicación y motivación del niño hacia el programa

            -Control ambiental y planificación de tareas

            -Aplicación de los procedimientos seleccionados de manejo de contingencias

            -Entrenamiento cognitivo

            -Mantenimiento y generalización. Entrenamiento de padres.

Fuente: Vicente E. Caballo y Miguel Ángel Simón: 

"MANUAL DE PSICOLOGÍA CLÍNICA INFANTIL Y DEL ADOLESCENTE". Ed. Pirámide.