|
Real
Decreto de Enseñanzas Mínimas de
Primaria |
¿Qué son las
competencias básicas?
La incorporación de
competencias básicas al currículo permite poner el acento en aquellos
aprendizajes que se consideran imprescindibles, desde un planteamiento
integrador y orientado a la aplicación de los saberes adquiridos. De ahí su
carácter básico. Son aquellas competencias que debe haber desarrollado un
joven o una joven al finalizar la enseñanza obligatoria para poder lograr su
realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida
adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje
permanente a lo largo de la vida.
¿Para qué se incluyen
las competencias básicas en el currículo?
La
inclusión de las competencias básicas en el currículo tiene varias
finalidades. En primer lugar, integrar los diferentes aprendizajes, tanto
los formales, incorporados a las diferentes áreas o materias, como los
informales y no formales. En segundo lugar, permitir a todos los estudiantes
integrar sus aprendizajes, ponerlos en relación con distintos tipos de
contenidos y utilizarlos de manera efectiva cuando les resulten necesarios
en diferentes situaciones y contextos. Y, por último, orientar la enseñanza,
al permitir identificar los contenidos y los criterios de evaluación que
tienen carácter imprescindible y, en general, inspirar las distintas
decisiones relativas al proceso de enseñanza y de aprendizaje.
¿Cómo se adquieren las
competencias básicas?
Con
las áreas y materias del currículo se pretende que todos los alumnos y las
alumnas alcancen los objetivos educativos y, consecuentemente, también que
adquieran las competencias básicas. Sin embargo, no existe una relación
unívoca entre la enseñanza de determinadas áreas o materias y el desarrollo
de ciertas competencias. Cada una de las áreas contribuye al desarrollo de
diferentes competencias y, a su vez, cada una de las competencias básicas se
alcanzará como consecuencia del trabajo en varias áreas o materias.
El trabajo en las áreas y materias del currículo para contribuir al
desarrollo de las competencias básicas debe complementarse con diversas
medidas organizativas y funcionales, imprescindibles para su desarrollo.
Así, la organización y el funcionamiento de los centros y las aulas, la
participación del alumnado, las normas de régimen interno, el uso de
determinadas metodologías y recursos didácticos, o la concepción,
organización y funcionamiento de la biblioteca escolar, entre otros
aspectos, pueden favorecer o dificultar el desarrollo de competencias
asociadas a la comunicación, el análisis del entorno físico, la creación, la
convivencia y la ciudadanía, o la alfabetización digital. Igualmente, la
acción tutorial permanente puede contribuir de modo determinante a la
adquisición de competencias relacionadas con la regulación de los
aprendizajes, el desarrollo emocional o las habilidades sociales. Por
último, la planificación de las actividades complementarias y extraescolares
puede reforzar el desarrollo del conjunto de las competencias básicas.
¿Cuáles
son las competencias básicas?
1.Competencia en comunicación lingüística.
2.Competencia matemática.
3.Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico.
4.Tratamiento de la información y competencia digital.
5.Competencia social y ciudadana.
6.Competencia cultural y artística.
7.Competencia para aprender a aprender.
8.Autonomía e iniciativa personal.
¿Qué
es la competencia en comunicación lingüística?
Esta competencia se
refiere a la utilización del lenguaje como instrumento de comunicación oral
y escrita, de representación, interpretación y comprensión de la realidad,
de construcción y comunicación del conocimiento y de organización y
autorregulación del pensamiento, las emociones y la conducta.
Los conocimientos, destrezas y actitudes propios de esta competencia
permiten expresar pensamientos, emociones, vivencias y opiniones, así como
dialogar, formarse un juicio crítico y ético, generar ideas, estructurar el
conocimiento, dar coherencia y cohesión al discurso y a las propias acciones
y tareas, adoptar decisiones, y disfrutar escuchando, leyendo o expresándose
de forma oral y escrita, todo lo cual contribuye además al desarrollo de la
autoestima y de la confianza en sí mismo.
Comunicarse y conversar son acciones que suponen habilidades para establecer
vínculos y relaciones constructivas con los demás y con el entorno, y
acercarse a nuevas culturas, que adquieren consideración y respeto en la
medida en que se conocen. Por ello, la competencia de comunicación
lingüística está presente en la capacidad efectiva de convivir y de resolver
conflictos.
El lenguaje, como herramienta de comprensión y representación de la
realidad, debe ser instrumento para la igualdad, la construcción de
relaciones iguales entre hombres y mujeres, la eliminación de estereotipos y
expresiones sexistas. La comunicación lingüística debe ser motor de la
resolución pacífica de conflictos en la comunidad escolar.
Escuchar, exponer y dialogar implica ser consciente de los principales tipos
de interacción verbal, ser progresivamente competente en la expresión y
comprensión de los mensajes orales que se intercambian en situaciones
comunicativas diversas y adaptar la comunicación al contexto. Supone también
la utilización activa y efectiva de códigos y habilidades lingüísticas y no
lingüísticas y de las reglas propias del intercambio comunicativo en
diferentes situaciones, para producir textos orales adecuados a cada
situación de comunicación.
Leer y escribir son acciones que suponen y refuerzan las habilidades que
permiten buscar, recopilar y procesar información, y ser competente a la
hora de comprender, componer y utilizar distintos tipos de textos con
intenciones comunicativas o creativas diversas. La lectura facilita la
interpretación y comprensión del código que permite hacer uso de la lengua
escrita y es, además, fuente de placer, de descubrimiento de otros entornos,
idiomas y culturas, de fantasía y de saber, todo lo cual contribuye a su vez
a conservar y mejorar la competencia comunicativa.
La habilidad para seleccionar y aplicar determinados propósitos u objetivos
a las acciones propias de la comunicación lingüística (el diálogo, la
lectura, la escritura, etc.) está vinculada a algunos rasgos fundamentales
de esta competencia como las habilidades para representarse mentalmente,
interpretar y comprender la realidad, y organizar y autorregular el
conocimiento y la acción dotándolos de coherencia.
Comprender y saber comunicar son saberes prácticos que han de apoyarse en el
conocimiento reflexivo sobre el funcionamiento del lenguaje y sus normas de
uso, e implican la capacidad de tomar el lenguaje como objeto de observación
y análisis. Expresar e interpretar diferentes tipos de discurso acordes a la
situación comunicativa en diferentes contextos sociales y culturales,
implica el conocimiento y aplicación efectiva de las reglas de
funcionamiento del sistema de la lengua y de las estrategias necesarias para
interactuar lingüísticamente de una manera adecuada.
Disponer de esta competencia conlleva tener conciencia de las convenciones
sociales, de los valores y aspectos culturales y de la versatilidad del
lenguaje en función del contexto y la intención comunicativa. Implica la
capacidad empática de ponerse en el lugar de otras personas; de leer,
escuchar, analizar y tener en cuenta opiniones distintas a la propia con
sensibilidad y espíritu crítico; de expresar adecuadamente -en fondo y
forma- las propias ideas y emociones, y de aceptar y realizar críticas con
espíritu constructivo.
Con distinto nivel de dominio y formalización -especialmente en lengua
escritaesta competencia significa, en el caso de las lenguas extranjeras,
poder comunicarse en algunas de ellas y, con ello, enriquecer las relaciones
sociales y desenvolverse en contextos distintos al propio. Asimismo, se
favorece el acceso a más y diversas fuentes de información, comunicación y
aprendizaje.
En síntesis, el desarrollo de la competencia lingüística al final de la
educación obligatoria comporta el dominio de la lengua oral y escrita en
múltiples contextos, y el uso funcional de, al menos, una lengua extranjera.
¿En
qué consiste la competencia matemática?
Consiste en la habilidad
para utilizar y relacionar los números, sus operaciones básicas, los
símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático, tanto para
producir e interpretar distintos tipos de información, como para ampliar el
conocimiento sobre aspectos cuantitativos y espaciales de la realidad, y
para resolver problemas relacionados con la vida cotidiana y con el mundo
laboral.
Forma parte de la competencia matemática la habilidad para interpretar y
expresar con claridad y precisión informaciones, datos y argumentaciones, lo
que aumenta la posibilidad real de seguir aprendiendo a lo largo de la vida,
tanto en el ámbito escolar o académico como fuera de él, y favorece la
participación efectiva en la vida social.
Asimismo esta competencia implica el conocimiento y manejo de los elementos
matemáticos básicos (distintos tipos de números, medidas, símbolos,
elementos geométricos, etc.) en situaciones reales o simuladas de la vida
cotidiana, y la puesta en práctica de procesos de razonamiento que llevan a
la solución de los problemas o a la obtención de información. Estos procesos
permiten aplicar esa información a una mayor variedad de situaciones y
contextos, seguir cadenas argumentales identificando las ideas
fundamentales, y estimar y enjuiciar la lógica y validez de argumentaciones
e informaciones. En consecuencia, la competencia matemática supone la
habilidad para seguir determinados procesos de pensamiento (como la
inducción y la deducción, entre otros) y aplicar algunos algoritmos de
cálculo o elementos de la lógica, lo que conduce a identificar la validez de
los razonamientos y a valorar el grado de certeza asociado a los resultados
derivados de los razonamientos válidos.
La competencia matemática implica una disposición favorable y de progresiva
seguridad y confianza hacia la información y las situaciones (problemas,
incógnitas, etc.) que contienen elementos o soportes matemáticos, así como
hacia su utilización cuando la situación lo aconseja, basadas en el respeto
y el gusto por la certeza y en su búsqueda a través del razonamiento.
Esta competencia cobra realidad y sentido en la medida que los elementos y
razonamientos matemáticos son utilizados para enfrentarse a aquellas
situaciones cotidianas que los precisan. Por tanto, la identificación de
tales situaciones, la aplicación de estrategias de resolución de problemas,
y la selección de las técnicas adecuadas para calcular, representar e
interpretar la realidad a partir de la información disponible están
incluidas en ella . En definitiva, la posibilidad real de utilizar la
actividad matemática en contextos tan variados como sea posible. Por ello,
su desarrollo en la educación obligatoria se alcanzará en la medida en que
los conocimientos matemáticos se apliquen de manera espontánea a una amplia
variedad de situaciones, provenientes de otros campos de conocimiento y de
la vida cotidiana.
El desarrollo de la competencia matemática al final de la educación
obligatoria, conlleva utilizar espontáneamente -en los ámbitos personal y
social- los elementos y razonamientos matemáticos para interpretar y
producir información, para resolver problemas provenientes de situaciones
cotidianas y para tomar decisiones. En definitiva, supone aplicar aquellas
destrezas y actitudes que permiten razonar matemáticamente, comprender una
argumentación matemática y expresarse y comunicarse en el lenguaje
matemático, utilizando las herramientas de apoyo adecuadas, e integrando el
conocimiento matemático con otros tipos de conocimiento para dar una mejor
respuesta a las situaciones de la vida de distinto nivel de complejidad.
¿Qué
es la Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico?
Es la
habilidad para interactuar con el mundo físico, tanto en sus aspectos
naturales como en los generados por la acción humana, de tal modo que se
posibilita la comprensión de sucesos, la predicción de consecuencias y la
actividad dirigida a la mejora y preservación de las condiciones de vida
propia, de las demás personas y del resto de los seres vivos. En definitiva,
incorpora habilidades para desenvolverse adecuadamente, con autonomía e
iniciativa personal en ámbitos de la vida y del conocimiento muy diversos
(salud, actividad productiva, consumo, ciencia, procesos tecnológicos, etc.)
y para interpretar el mundo, lo que exige la aplicación de los conceptos y
principios básicos que permiten el análisis de los fenómenos desde los
diferentes campos de conocimiento científico involucrados.
Así, forma parte de esta competencia la adecuada percepción del espacio
físico en el que se desarrollan la vida y la actividad humana, tanto a gran
escala como en el entorno inmediato, y la habilidad para interactuar con el
espacio circundante: moverse en él y resolver problemas en los que
intervengan los objetos y su posición.
Asimismo, la competencia de interactuar con el espacio físico lleva
implícito ser consciente de la influencia que tiene la presencia de las
personas en el espacio, su asentamiento, su actividad, las modificaciones
que introducen y los paisajes resultantes, así como de la importancia de que
todos los seres humanos se beneficien del desarrollo y de que éste procure
la conservación de los recursos y la diversidad natural, y se mantenga la
solidaridad global e intergeneracional. Supone asimismo demostrar espíritu
crítico en la observación de la realidad y en el análisis de los mensajes
informativos y publicitarios, así como unos hábitos de consumo responsable
en la vida cotidiana.
Esta competencia, y partiendo del conocimiento del cuerpo humano, de la
naturaleza y de la interacción de los hombres y mujeres con ella, permite
argumentar racionalmente las consecuencias de unos u otros modos de vida, y
adoptar una disposición a una vida física y mental saludable en un entorno
natural y social también saludable. Asimismo, supone considerar la doble
dimensión -individual y colectivade la salud, y mostrar actitudes de
responsabilidad y respeto hacia los demás y hacia uno mismo.
Esta competencia hace posible identificar preguntas o problemas y obtener
conclusiones basadas en pruebas, con la finalidad de comprender y tomar
decisiones sobre el mundo físico y sobre los cambios que la actividad humana
produce sobre el medio ambiente, la salud y la calidad de vida de las
personas. Supone la aplicación de estos conocimientos y procedimientos para
dar respuesta a lo que se percibe como demandas o necesidades de las
personas, de las organizaciones y del medio ambiente.
También incorpora la aplicación de algunas nociones, conceptos científicos y
técnicos, y de teorías científicas básicas previamente comprendidas. Esto
implica la habilidad progresiva para poner en práctica los procesos y
actitudes propios del análisis sistemático y de indagación científica:
identificar y plantear problemas relevantes; realizar observaciones directas
e indirectas con conciencia del marco teórico o interpretativo que las
dirige; formular preguntas; localizar, obtener, analizar y representar
información cualitativa y cuantitativa; plantear y contrastar soluciones
tentativas o hipótesis; realizar predicciones e inferencias de distinto
nivel de complejidad; e identificar el conocimiento disponible, teórico y
empírico) necesario para responder a las preguntas científicas, y para
obtener, interpretar, evaluar y comunicar conclusiones en diversos contextos
(académico, personal y social). Asimismo, significa reconocer la naturaleza,
fortalezas y límites de la actividad investigadora como construcción social
del conocimiento a lo largo de la historia.
Esta competencia proporciona, además, destrezas asociadas a la planificación
y manejo de soluciones técnicas, siguiendo criterios de economía y eficacia,
para satisfacer las necesidades de la vida cotidiana y del mundo laboral.
En definitiva, esta competencia supone el desarrollo y aplicación del
pensamiento científico-técnico para interpretar la información que se recibe
y para predecir y tomar decisiones con iniciativa y autonomía personal en un
mundo en el que los avances que se van produciendo en los ámbitos científico
y tecnológico tienen una influencia decisiva en la vida personal, la
sociedad y el mundo natural. Asimismo, implica la diferenciación y
valoración del conocimiento científico al lado de otras formas de
conocimiento, y la utilización de valores y criterios éticos asociados a la
ciencia y al desarrollo tecnológico.
En coherencia con las habilidades y destrezas relacionadas hasta aquí, son
parte de esta competencia básica el uso responsable de los recursos
naturales, el cuidado del medio ambiente, el consumo racional y responsable,
y la protección de la salud individual y colectiva como elementos clave de
la calidad de vida de las personas.
¿En
qué consiste el Tratamiento de la información y competencia digital?
Esta competencia consiste
en disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar y comunicar
información, y para transformarla en conocimiento. Incorpora diferentes
habilidades, que van desde el acceso a la información hasta su transmisión
en distintos soportes una vez tratada, incluyendo la utilización de las
tecnologías de la información y la comunicación como elemento esencial para
informarse, aprender y comunicarse.
Está asociada con la búsqueda, selección, registro y tratamiento o análisis
de la información, utilizando técnicas y estrategias diversas para acceder a
ella según la fuente a la que se acuda y el soporte que se utilice (oral,
impreso, audiovisual, digital o multimedia). Requiere el dominio de
lenguajes específicos básicos (textual, numérico, icónico, visual, gráfico y
sonoro) y de sus pautas de decodificación y transferencia, así como aplicar
en distintas situaciones y contextos el conocimiento de los diferentes tipos
de información, sus fuentes, sus posibilidades y su localización, así como
los lenguajes y soportes más frecuentes en los que ésta suele expresarse.
Disponer de información no produce de forma automática conocimiento.
Transformar la información en conocimiento exige de destrezas de
razonamiento para organizarla, relacionarla, analizarla, sintetizarla y
hacer inferencias y deducciones de distinto nivel de complejidad; en
definitiva, comprenderla e integrarla en los esquemas previos de
conocimiento. Significa, asimismo, comunicar la información y los
conocimientos adquiridos empleando recursos expresivos que incorporen, no
sólo diferentes lenguajes y técnicas específicas, sino también las
posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información y la
comunicación.
Ser competente en la utilización de las tecnologías de la información y la
comunicación como instrumento de trabajo intelectual incluye utilizarlas en
su doble función de transmisoras y generadoras de información y
conocimiento. Se utilizarán en su función generadora al emplearlas, por
ejemplo, como herramienta en el uso de modelos de procesos matemáticos,
físicos, sociales, económicos o artísticos. Asimismo, esta competencia
permite procesar y gestionar adecuadamente información abundante y compleja,
resolver problemas reales, tomar decisiones, trabajar en entornos
colaborativos ampliando los entornos de comunicación para participar en
comunidades de aprendizaje formales e informales, y generar producciones
responsables y creativas.
La competencia digital incluye utilizar las tecnologías de la información y
la comunicación extrayendo su máximo rendimiento a partir de la comprensión
de la naturaleza y modo de operar de los sistemas tecnológicos, y del efecto
que esos cambios tienen en el mundo personal y sociolaboral. Asimismo supone
manejar estrategias para identificar y resolver los problemas habituales de
software y hardware que vayan surgiendo. Igualmente permite aprovechar la
información que proporcionan y analizarla de forma crítica mediante el
trabajo personal autónomo y el trabajo colaborativo, tanto en su vertiente
sincrónica como diacrónica, conociendo y relacionándose con entornos físicos
y sociales cada vez más amplios. Además de utilizarlas como herramienta para
organizar la información, procesarla y orientarla para conseguir objetivos y
fines de aprendizaje, trabajo y ocio previamente establecidos.
En definitiva, la competencia digital comporta hacer uso habitual de los
recursos tecnológicos disponibles para resolver problemas reales de modo
eficiente. Al mismo tiempo, posibilita evaluar y seleccionar nuevas fuentes
de información e innovaciones tecnológicas a medida que van apareciendo, en
función de su utilidad para acometer tareas u objetivos específicos.
En síntesis, el tratamiento de la información y la competencia digital
implican ser una persona autónoma, eficaz, responsable, crítica y reflexiva
al seleccionar, tratar y utilizar la información y sus fuentes, así como las
distintas herramientas tecnológicas; también tener una actitud critica y
reflexiva en la valoración de la información disponible, contrastándola
cuando es necesario, y respetar las normas de conducta acordadas socialmente
para regular el uso de la información y sus fuentes en los distintos
soportes.
¿Qué es la Competencia
social y ciudadana?
Esta
competencia hace posible comprender la realidad social en que se vive,
cooperar, convivir y ejercer la ciudadanía democrática en una sociedad
plural, así como comprometerse a contribuir a su mejora. En ella están
integrados conocimientos diversos y habilidades complejas que permiten
participar, tomar decisiones, elegir cómo comportarse en determinadas
situaciones y responsabilizarse de las elecciones y decisiones adoptadas.
Globalmente supone utilizar, para desenvolverse socialmente, el conocimiento
sobre la evolución y organización de las sociedades y sobre los rasgos y
valores del sistema democrático, así como utilizar el juicio moral para
elegir y tomar decisiones, y ejercer activa y responsablemente los derechos
y deberes de la ciudadanía.
Esta competencia favorece la comprensión de la realidad histórica y social
del mundo, su evolución, sus logros y sus problemas. La comprensión crítica
de la realidad exige experiencia, conocimientos y conciencia de la
existencia de distintas perspectivas al analizar esa realidad. Conlleva
recurrir al análisis multicausal y sistémico para enjuiciar los hechos y
problemas sociales e históricos y para reflexionar sobre ellos de forma
global y crítica, así como realizar razonamientos críticos y lógicamente
válidos sobre situaciones reales, y dialogar para mejorar colectivamente la
comprensión de la realidad.
Significa también entender los rasgos de las sociedades actuales, su
creciente pluralidad y su carácter evolutivo, además de demostrar
comprensión de la aportación que las diferentes culturas han hecho a la
evolución y progreso de la humanidad, y disponer de un sentimiento común de
pertenencia a la sociedad en que se vive. En definitiva, mostrar un
sentimiento de ciudadanía global compatible con la identidad local.
Asimismo, forman parte fundamental de esta competencia aquellas habilidades
sociales que permiten saber que los conflictos de valores e intereses forman
parte de la convivencia, resolverlos con actitud constructiva y tomar
decisiones con autonomía empleando, tanto los conocimientos sobre la
sociedad como una escala de valores construida mediante la reflexión crítica
y el diálogo en el marco de los patrones culturales básicos de cada región,
país o comunidad.
La dimensión ética de la competencia social y ciudadana entraña ser
consciente de los valores del entorno, evaluarlos y reconstruirlos afectiva
y racionalmente para crear progresivamente un sistema de valores propio y
comportarse en coherencia con ellos al afrontar una decisión o un conflicto.
Ello supone entender que no toda posición personal es ética si no está
basada en el respeto a principios o valores universales como los que
encierra la Declaración de los Derechos Humanos.
En consecuencia, entre las habilidades de esta competencia destacan
conocerse y valorarse, saber comunicarse en distintos contextos, expresar
las propias ideas y escuchar las ajenas, ser capaz de ponerse en el lugar
del otro y comprender su punto de vista aunque sea diferente del propio, y
tomar decisiones en los distintos niveles de la vida comunitaria, valorando
conjuntamente los intereses individuales y los del grupo. Además implica, la
valoración de las diferencias a la vez que el reconocimiento de la igualdad
de derechos entre los diferentes colectivos, en particular, entre hombres y
mujeres. Igualmente la práctica del diálogo y de la negociación para llegar
a acuerdos como forma de resolver los conflictos, tanto en el ámbito
personal como en el social.
Por último, forma parte de esta competencia el ejercicio de una ciudadanía
activa e integradora que exige el conocimiento y comprensión de los valores
en que se asientan los estados y sociedades democráticas, de sus
fundamentos, modos de organización y funcionamiento. Esta competencia
permite reflexionar críticamente sobre los conceptos de democracia,
libertad, igualdad, solidaridad, corresponsabilidad, participación y
ciudadanía, con particular atención a los derechos y deberes reconocidos en
las declaraciones internacionales, en la Constitución española y en la
legislación autonómica, así como a su aplicación por parte de diversas
instituciones; y mostrar un comportamiento coherente con los valores
democráticos, que a su vez conlleva disponer de habilidades como la toma de
conciencia de los propios pensamientos, valores, sentimientos y acciones, y
el control y autorregulación de los mismos.
En definitiva, el ejercicio de la ciudadanía implica disponer de habilidades
para participar activa y plenamente en la vida cívica. Significa construir,
aceptar y practicar normas de convivencia acordes con los valores
democráticos, ejercitar los derechos, libertades, responsabilidades y
deberes cívicos, y defender los derechos de los demás.
En síntesis, esta competencia supone comprender la realidad social en que se
vive, afrontar la convivencia y los conflictos empleando el juicio ético
basado en los valores y prácticas democráticas, y ejercer la ciudadanía,
actuando con criterio propio, contribuyendo a la construcción de la paz y la
democracia, y manteniendo una actitud constructiva, solidaria y responsable
ante el cumplimiento de los derechos y obligaciones cívicas.
¿Qué es la Competencia
cultural y artística?
Esta
competencia supone conocer, comprender, apreciar y valorar críticamente
diferentes manifestaciones culturales y artísticas, utilizarlas como fuente
de enriquecimiento y disfrute y considerarlas como parte del patrimonio de
los pueblos.
Apreciar el hecho cultural en general, y el hecho artístico en particular,
lleva implícito disponer de aquellas habilidades y actitudes que permiten
acceder a sus distintas manifestaciones, así como habilidades de
pensamiento, perceptivas y comunicativas, sensibilidad y sentido estético
para poder comprenderlas, valorarlas, emocionarse y disfrutarlas.
Esta competencia implica poner en juego habilidades de pensamiento
divergente y convergente, puesto que comporta reelaborar ideas y
sentimientos propios y ajenos; encontrar fuentes, formas y cauces de
comprensión y expresión; planificar, evaluar y ajustar los procesos
necesarios para alcanzar unos resultados, ya sea en el ámbito personal o
académico. Se trata, por tanto, de una competencia que facilita tanto
expresarse y comunicarse como percibir, comprender y enriquecerse con
diferentes realidades y producciones del mundo del arte y de la cultura.
Requiere poner en funcionamiento la iniciativa, la imaginación y la
creatividad para expresarse mediante códigos artísticos y, en la medida en
que las actividades culturales y artísticas suponen en muchas ocasiones un
trabajo colectivo, es preciso disponer de habilidades de cooperación para
contribuir a la consecución de un resultado final, y tener conciencia de la
importancia de apoyar y apreciar las iniciativas y contribuciones ajenas.
La competencia artística incorpora asimismo el conocimiento básico de las
principales técnicas, recursos y convenciones de los diferentes lenguajes
artísticos, así como de las obras y manifestaciones más destacadas del
patrimonio cultural. Además supone identificar las relaciones existentes
entre esas manifestaciones y la sociedad -la mentalidad y las posibilidades
técnicas de la época en que se crean-, o con la persona o colectividad que
las crea. Esto significa también tener conciencia de la evolución del
pensamiento, de las corrientes estéticas, las modas y los gustos, así como
de la importancia representativa, expresiva y comunicativa que los factores
estéticos han desempeñado y desempeñan en la vida cotidiana de la persona y
de las sociedades.
Supone igualmente una actitud de aprecio de la creatividad implícita en la
expresión de ideas, experiencias o sentimientos a través de diferentes
medios artísticos, como la música, la literatura, las artes visuales y
escénicas, o de las diferentes formas que adquieren las llamadas artes
populares. Exige asimismo valorar la libertad de expresión, el derecho a la
diversidad cultural, la importancia del diálogo intercultural y la
realización de experiencias artísticas compartidas.
En síntesis, el conjunto de destrezas que configuran esta competencia se
refiere tanto a la habilidad para apreciar y disfrutar con el arte y otras
manifestaciones culturales, como a aquellas relacionadas con el empleo de
algunos recursos de la expresión artística para realizar creaciones propias;
implica un conocimiento básico de las distintas manifestaciones culturales y
artísticas, la aplicación de habilidades de pensamiento divergente y de
trabajo colaborativo, una actitud abierta, respetuosa y crítica hacia la
diversidad de expresiones artísticas y culturales, el deseo y voluntad de
cultivar la propia capacidad estética y creadora, y un interés por
participar en la vida cultural y por contribuir a la conservación del
patrimonio cultural y artístico, tanto de la propia comunidad, como de otras
comunidades.
¿Qué es la Competencia
para aprender a aprender?
Aprender a aprender
supone disponer de habilidades para iniciarse en el aprendizaje y ser capaz
de continuar aprendiendo de manera cada vez más eficaz y autónoma de acuerdo
a los propios objetivos y necesidades.
Esta competencia tiene dos dimensiones fundamentales. Por un lado, la
adquisición de la conciencia de las propias capacidades (intelectuales,
emocionales, físicas), del proceso y las estrategias necesarias para
desarrollarlas, así como de lo que se puede hacer por uno mismo y de lo que
se puede hacer con ayuda de otras personas o recursos. Por otro lado,
disponer de un sentimiento de competencia personal, que redunda en la
motivación, la confianza en uno mismo y el gusto por aprender.
Significa ser consciente de lo que se sabe y de lo que es necesario
aprender, de cómo se aprende, y de cómo se gestionan y controlan de forma
eficaz los procesos de aprendizaje, optimizándolos y orientándolos a
satisfacer objetivos personales. Requiere conocer las propias
potencialidades y carencias, sacando provecho de las primeras y teniendo
motivación y voluntad para superar las segundas desde una expectativa de
éxito, aumentando progresivamente la seguridad para afrontar nuevos retos de
aprendizaje.
Por ello, comporta tener conciencia de aquellas capacidades que entran en
juego en el aprendizaje, como la atención, la concentración, la memoria, la
comprensión y la expresión lingüística o la motivación de logro, entre
otras, y obtener un rendimiento máximo y personalizado de las mismas con la
ayuda de distintas estrategias y técnicas: de estudio, de observación y
registro sistemático de hechos y relaciones, de trabajo cooperativo y por
proyectos, de resolución de problemas, de planificación y organización de
actividades y tiempos de forma efectiva, o del conocimiento sobre los
diferentes recursos y fuentes para la recogida, selección y tratamiento de
la información, incluidos los recursos tecnológicos.
Implica asimismo la curiosidad de plantearse preguntas, identificar y
manejar la diversidad de respuestas posibles ante una misma situación o
problema utilizando diversas estrategias y metodologías que permitan
afrontar la toma de decisiones, racional y críticamente, con la información
disponible.
Incluye, además, habilidades para obtener información -ya sea
individualmente o en colaboración- y, muy especialmente, para transformarla
en conocimiento propio, relacionando e integrando la nueva información con
los conocimientos previos y con la propia experiencia personal y sabiendo
aplicar los nuevos conocimientos y capacidades en situaciones parecidas y
contextos diversos.
Por otra parte, esta competencia requiere plantearse metas alcanzables a
corto, medio y largo plazo y cumplirlas, elevando los objetivos de
aprendizaje de forma progresiva y realista.
Hace necesaria también la perseverancia en el aprendizaje, desde su
valoración como un elemento que enriquece la vida personal y social y que
es, por tanto, merecedor del esfuerzo que requiere. Conlleva ser capaz de
autoevaluarse y autorregularse, responsabilidad y compromiso personal, saber
administrar el esfuerzo, aceptar los errores y aprender de y con los demás.
En síntesis, aprender a aprender implica la conciencia, gestión y control de
las propias capacidades y conocimientos desde un sentimiento de competencia
o eficacia personal, e incluye tanto el pensamiento estratégico, como la
capacidad de cooperar, de autoevaluarse, y el manejo eficiente de un
conjunto de recursos y técnicas de trabajo intelectual, todo lo cual se
desarrolla a través de experiencias de aprendizaje conscientes y
gratificantes, tanto individuales como colectivas.
¿Qué es la Autonomía e
iniciativa personal?
Esta competencia se
refiere, por una parte, a la adquisición de la conciencia y aplicación de un
conjunto de valores y actitudes personales interrelacionadas, como la
responsabilidad, la perseverancia, el conocimiento de sí mismo y la
autoestima, la creatividad, la autocrítica, el control emocional, la
capacidad de elegir, de calcular riesgos y de afrontar los problemas, así
como la capacidad de demorar la necesidad de satisfacción inmediata, de
aprender de los errores y de asumir riesgos.
Por otra parte, remite a la capacidad de elegir con criterio propio, de
imaginar proyectos, y de llevar adelante las acciones necesarias para
desarrollar las opciones y planes personales -en el marco de proyectos
individuales o colectivos- responsabilizándose de ellos, tanto en el ámbito
personal, como social y laboral.
Supone poder transformar las ideas en acciones; es decir, proponerse
objetivos y planificar y llevar a cabo proyectos. Requiere, por tanto, poder
reelaborar los planteamientos previos o elaborar nuevas ideas, buscar
soluciones y llevarlas a la práctica. Además, analizar posibilidades y
limitaciones, conocer las fases de desarrollo de un proyecto, planificar,
tomar decisiones, actuar, evaluar lo hecho y autoevaluarse, extraer
conclusiones y valorar las posibilidades de mejora.
Exige, por todo ello, tener una visión estratégica de los retos y
oportunidades que ayude a identificar y cumplir objetivos y a mantener la
motivación para lograr el éxito en las tareas emprendidas, con una sana
ambición personal, académica y profesional. Igualmente ser capaz de poner en
relación la oferta académica, laboral o de ocio disponible, con las
capacidades, deseos y proyectos personales.
Además, comporta una actitud positiva hacia el cambio y la innovación que
presupone flexibilidad de planteamientos, pudiendo comprender dichos cambios
como oportunidades, adaptarse crítica y constructivamente a ellos, afrontar
los problemas y encontrar soluciones en cada uno de los proyectos vitales
que se emprenden.
En la medida en que la autonomía e iniciativa personal involucran a menudo a
otras personas, esta competencia obliga a disponer de habilidades sociales
para relacionarse, cooperar y trabajar en equipo: ponerse en el lugar del
otro, valorar las ideas de los demás, dialogar y negociar, la asertividad
para hacer saber adecuadamente a los demás las propias decisiones, y
trabajar de forma cooperativa y flexible.
Otra dimensión importante de esta competencia, muy relacionada con esta
vertiente más social, está constituida por aquellas habilidades y actitudes
relacionadas con el liderazgo de proyectos, que incluyen la confianza en uno
mismo, la empatía, el espíritu de superación, las habilidades para el
diálogo y la cooperación, la organización de tiempos y tareas, la capacidad
de afirmar y defender derechos o la asunción de riesgos.
En síntesis, la autonomía y la iniciativa personal suponen ser capaz de
imaginar, emprender, desarrollar y evaluar acciones o proyectos individuales
o colectivos con creatividad, confianza, responsabilidad y sentido crítico.
Las respuestas a las preguntas formuladas están tomadas íntegramente del Real Decreto del MINISTERIO DE EDUCACIÓN Y CIENCIA 1513/2006,
de 7 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas de la
Educación primaria.(BOE n. 293 de 8/12/2006)
|
|