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Cuatro
Pasos Guía práctica para ayudar a los jóvenes a superar el acoso escolar
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Somos los autores de un libro titulado CQP 1.0, una aventura para liberarte
del bullying y otras formas de acoso. Hemos creado ésta sencilla guía para
asistir a quienes, en el entorno de una persona que sufre acosos, quieran ayudarla a
salir de esa situación. Profesores, familiares, amigos todos en un momento dado
podemos convertirnos en el instrumento más poderoso de ayuda a otra persona. Conocer
de antemano qué herramientas ayudarán a alguien a salir de una situación de
conflicto como la que se vive en un caso de acoso, puede ser de gran utilidad a esa
“mano amiga” que desea ayudar. Hemos realizado una síntesis en cuatro pasos que ayudarán a cambiar la visión y perspectiva de quien sufra ésta traumática experiencia. Entendemos que el modo en el que percibimos las cosas
condiciona fundamentalmente no sólo la manera en la que transitamos a través de esas situaciones sino en gran medida el resultado que obtendremos tras nuestro
paso por ellas.
Es importante tener en cuenta que aunque estos Cuatro Pasos puedan parecer obvios a quien intenta ayudar a una persona, generalmente no lo son para
quien está sufriendo momentos difíciles y confusos, pues la naturaleza misma de los
ataques que padece le impiden ver con claridad lo que otros, en la serenidad de sus
vidas, pueden contemplar con sencillez. También sabemos que hay muchos modos de abordar el acoso escolar y sobre todo, que cada situación concreta es un
mundo, con sus peculiaridades y singularidades, por lo que ésta guía sólo puede considerarse como una herramienta de asistencia general. Igualmente, este
material se ofrece a modo de orientación complementaria y no debe entenderse nunca
comouna solución exclusiva. Cualquier persona que esté pasando por un caso
de acoso grave ha de ser orientado correctamente a través de los conductos que
ofrecen el mundo de la educación escolar y los campos de la pedagogía y psicología
infantil y juvenil.
Nuestra visión sobre el acoso El acoso escolar suele abordarse desde la perspectiva de la eliminación de
éste comportamiento destructivo en nuestras relaciones. Sin embargo, la
desaparición de la figura del acosador y/o del acto de agresión, no conlleva necesariamente
que la víctima de un acoso resuelva con ello los problemas derivados de los ataques
que sufrió. Generalmente, quienes han sufrido un ataque similar de forma
constante y repetitiva tienen tendencia a quedarse internamente atrapados en un pozo
oscuro del que les resulta difícil salir porque no ven el camino de salida. Y sin
embargo, si existe un camino de entrada a un problema, consiguientemente hay un camino
de salida. En mi caso particular ,-- recuerda Craig Stuart Garner--, viví una
situación de acoso escolar en Reino Unido cuando tenía 13 años. No entendí lo que me
sucedía y nadie me explicó en qué consiste exactamente esta forma de agresión por lo
que tuve que salir de ese problema como pude. Los mayores a mi alrededor sólo me repetían lo que siempre habían oído decir, siendo niños, a sus propios
padres: “Sabemos que es injusto, pero éstas cosas pasan”, o “Así es la vida,
supéralo”. Si en aquel entonces hubiera tenido acceso a información que describiera con
claridad en qué consiste el acoso, me hubiera encontrado más preparado para hallar una solución eficaz mejorando mis relaciones con los demás adolescentes en lugar
de responder a la violencia con más violencia..
Hemos creado ésta guía precisamente para ayudar a la persona acosada a salir
de la situación de trauma emocional e incomprensión en el que se puede
encontrar. Los Cuatro Pasos, o cambios de perspectiva, le ayudarán a pasar de un estado
de nerviosismo, impotencia y desesperación a uno de mayor dominio sobre sí
mismo, abordando y experimentando en plena libertad, la realidad que le rodea. Esperamos que encontréis ésta guía de utilidad y que podáis transmitir la información que en ella se halla expuesta a aquellos que estén sufriendo una situación de acoso, mejorando no sólo su calidad de vida sino vuestra
relación con ellos.
La estrategia básica de un acosador En términos generales, un acosador elegirá víctimas a las que cree que puede vencer fácilmente porque percibe en ellas ciertas “debilidades” ya sean
físicas, emocionales, mentales o culturales. Estas “debilidades” son percibidas como
tal por el acosador, no necesariamente por el resto de la sociedad,-- que más bien
puede encontrar en las peculiaridades de algunas personas, auténticos dones dignos
de cultivar--. (Nos referimos aquí por ejemplo a casos de gran sensibilidad por
parte de un joven, que, canalizada de un modo creativo, puede dar nacimiento a un verdadero talento artístico. Sin embargo, esta sensibilidad vista desde la
perspectiva del acosador, sólo es merecedora de burlas e insultos).
En otros casos, la existencia de una “debilidad” ni siquiera es necesaria ya
que el acosador hipnotizará a su víctima de forma tal que ésta crea todo lo que su
agresor ha decidido que crea. De este modo, proyectará sobre su presa la idea de que
él es un agresor poderoso y su víctima simplemente eso, un ser débil, sin recursos
ni capacidad de salir airosa de una situación de acoso. Muchas “víctimas”
aceptan inconscientemente esta proyección mental y se ven inmersas en un juego y una trampa orquestados por el acosador en los que nunca quisieron participar.
Una vez aceptada la proyección mental original, estas personas son fácilmente
manipulables y caen en el rol de víctima sin recursos que les ha asignado de antemano el acosador. Tras ello, el agresor sólo necesita emplear un mínimo esfuerzo
para mantener sometida, como en un trance, a su presa. Ésta cae poco a poco en
una trampa que la mantiene paralizada, incapaz de salir de ese estado de
aislamiento, confusión y desesperación. Como una presa atrapada en una telaraña, la
víctima de acoso siente como los hilos de su acosador se ciernen sobre ella sofocándola
e inmovilizándola.
Los Cuatro Pasos La manera en la que concebimos una situación y sobre todo, la forma en la
que nos definimos dentro de ella determinan en gran medida el resultado que
cosecharemos tras nuestro paso por ella. Debido a su sencillez éste principio es a menudo obviado por casi todos a excepción del acosador. Pues él sabe muy bien que
si impone su visión sobre su víctima y ella la acepta, la cree y la
interioriza, en último término se convertirá en ella. Cuando comprendemos ésta estratagema del
acosador estamos en mejores condiciones para trabajar con los Cuatro Pasos ya que
éstos nos ayudarán a cambiar nuestra percepción sobre el acoso, sobre nosotros mismos
ysobre los recursos que disponemos para superar este problema. Con ello, desmontaremos el juego del acosador y le dejaremos sin armas con las que someternos.
Primer paso: la víctima La identificación Antes de abordar este primer paso es necesario hacer hincapié en el hecho de
que comúnmente hablando, empleamos siempre el término “víctima” para referirnos
a todas las personas que han pasado por una situación de tragedia colectiva o personal. Nosotros entendemos que sería conveniente establecer un matiz ya
que no todas las personas que sufren una desgracia se sienten víctimas de esa
situación. Este hecho es muy importante porque son precisamente quienes ni se definen ni se sienten como víctimas, los que en general logran superar aquello que les ha sucedido de un modo más rápido y saludable.
Una víctima de acoso es alguien que sufre en un grado extremo el
hostigamiento continuado y repetitivo por parte de alguien. Por ello, vive el acto del
acoso como una catástrofe que literalmente amenaza su vida. Cuando creemos al cien por
cien la proyección mental del acosador y nos identificamos con el rol que nos quiere asignar, nos convertimos en una víctima. El agresor se ha convertido en
nuestro carcelero personal en una prisión ficticia que sin embargo nos parece muy
real. Una víctima se encuentra atrapada en una cárcel de aislamiento, miedo,
desesperación e impotencia, incapaz de hallar recursos para salir de ese estado. Y no
encontrará recursos para liberarse porque precisamente la naturaleza de la víctima le
impide encontrarlos. Una víctima por definición no tiene en su posesión la llave
que le sacará de una situación de apuros. Está desposeída de todo el poder personal necesario para protegerse, ponerse a salvo y superar la situación que sufre.
Cómo salir del victimismo La mejor forma de ayudar a una víctima a salir de ese estado es proporcionándole una explicación clara de cuál es el estado en el que se
encuentra y de cómo, su agresor, ha contribuido a crear una situación en la que, quien
sufre acosos, sólo puede sentirse como una víctima.
Teniendo en cuenta que, en general, la víctima reacciona a la estrategia del acosador de forma inconsciente, si le proporcionamos información que le
ayude a incrementar su grado de conciencia ante este problema, ésta se encontrará
más capacitada para abandonar ese paralizante estado en el que se encuentra. Sin embargo, para que un cambio de perspectiva pueda ocurrir en la mente de
la víctima, hemos de plantar una semilla que le ayude a expandir su visión
sobre si misma y la situación que padece. Dos desafiantes preguntas que requerirán
que la víctima responda con calma, le ayudarán a iniciar ese cambio de perspectiva: 1. ¿Quieres que esta situación de acoso en la que te encuentras ahora se prolongue para siempre? 2. ¿Cómo sería tu vida SIN el problema de acoso que sufres?
Si la víctima se detiene a contemplar estas dos preguntas empleando su imaginación para vislumbrar un futuro sin acosos, se encontrará en
disposición de iniciar el cambio de perspectiva. La primera pregunta nos ayuda a tomar
plena conciencia de que no deseamos prolongar por más tiempo ésta situación que sufrimos. La segunda pregunta nos proporciona la energía, la voluntad y la
razón que estimulará a dar el siguiente paso y poner en marcha los cambios
necesarios.
Segundo Paso: el superviviente La diferenciación Guiado por su deseo de superar su situación, el superviviente vive la misma experiencia de acoso que la víctima pero no se queda atrapado en ella. Un
nuevo sentimiento de esperanza y energía le asistirán a emprender su primera
acción como superviviente: abandonar el rol y el estado de víctima (Ya no sé identifica
con el rol de víctima sino que se diferencia de esa proyección al rechazarla). El
agresor ya no es percibido como un carcelero sino como una amenaza a la que debemos hacer frente empleando las cualidades del superviviente, a saber: la resistencia y
la voluntad de salvarse. Nos convertimos conscientemente en supervivientes
cuando tomamos la decisión de que queremos poner fin a la situación de acoso que vivimos. El superviviente reconoce que como víctima se sintió atrapada, pero comprende que esto formó parte de una estratagema del agresor quien siempre necesita víctimas para cometer sus actos, nunca supervivientes.
Gracias a que comprende en parte cuál es el juego del agresor, el
superviviente es capaz de dejar de lado el miedo inicial que sentía como víctima y despertar
su sentido de la curiosidad. Su deseo de descubrir más sobre cómo opera el
acosador y qué trucos y estrategias emplea para someter a sus víctimas le llevarán al
tercer paso: el del explorador dispuesto a descubrir cómo pudieron tenderle una trampa
para someterle y cómo ha de hacer para salir de ella.
La ayuda más valiosa que podemos prestar a un superviviente es precisamente incentivar su curiosidad y su deseo de descubrir la verdad de lo que le
ocurre.
Tercer paso: el explorador La integración y asimilación El explorador pierde poco a poco el miedo a la situación que sufre ya que ha comprendido que, aunque muy real, no deja de ser el resultado de una
estrategia del acosador. Gradualmente, el explorador modifica su visión original del acoso.
Así, poco a poco, se convierte en testigo que presencia cómo se desarrolla ante
sí un juego de lo más destructivo diseñado por otra persona. En este punto, el
explorador se siente cada vez más distanciado de la situación y más liberado de la
hipnótica presencia del acosador. Gracias a ello, presiente que es posible anular las
estrategias de su agresor, por lo que éste se convierte no ya en una amenaza sino en una
fuente de información. Esta realización le ayuda a recuperar la esperanza y le
brinda más energía con la que emprender las primeras acciones positivas para salir de
la situación en la que se encuentra. El explorador está dispuesto a recorrer el
sendero integrador sugerido por los sabios de la antigüedad, a saber:
Conoce al enemigo y conócete a ti mismo La misión del explorador es descubrir exactamente cómo opera el acosador y sobretodo cómo éste consigue afectarle internamente. (El explorador no se identifica ni se diferencia, ahora simplemente integrará la experiencia
gracias a la información que recoja en su exploración). Cada situación de acoso tiene sus propias peculiaridades pero en general el explorador ha de encontrar y
comprender cuáles son las armas y trucos que emplea su agresor. Una serie de preguntas ayudarán al explorador en esta parte del proceso:
-¿Cómo te intimida físicamente el acosador?, ¿Qué gestos y qué lenguaje
corporal emplea para hostigarte?, ¿Cómo te afecta esto a ti?, ¿Cómo reaccionas ante
ello? -¿Cómo arremete verbalmente contra ti el acosador?, ¿Qué palabras escoge precisamente para hacerte daño y en qué modo te hieren? -¿Cómo te ataca emocionalmente?, ¿Cómo te hace sentir el acosador durante y después de sus actos de agresión? -¿De qué modo utiliza a sus amigos o incluso a los tuyos para hundirte? -¿Qué ideas está el agresor forzándote a creer?, ¿Crees en esas ideas o
simplemente las estás aceptando pasivamente sin cuestionarte siquiera si crees o no en
ellas?
Estas preguntas no sólo orientarán al explorador hacia una mayor comprensión del agresor y su modus operandi sino que también le conducirán hacia un área
de exploración más delicada y no por ello menos importante: la investigación de
si mismo: un viaje interior que le ayudará a descubrir qué heridas, puntos
sensibles o creencias conflictivas lleva dentro de sí y son activadas por los ataques
del agresor. Una vez que explore y trabaje sobre su mundo interior con una actitud de
amor y sin juzgarse a si mismo, el explorador hallará una nueva sensación de
libertad y dominio personal. Gracias a ello, el acosador encontrará cada vez más
difícil afectarle ya que no hallará los botones internos que antaño empleaba para
agredir, hipnotizar y someter a su víctima. En este punto, las estrategias del
acosador habrán dejado de funcionar.
Los cambios que se operan entonces en el explorador son tan importantes que
un nuevo elemento habrá entrado en escena, ésta vez en el campo del agresor: la
duda. Ningún acosador que tenga dudas sobre sus posibilidades reales de ganar en
un conflicto se atreverá a proseguir sus ataques ya que tiene mucho que perder:
su propia fama de invencible.
Cuarto Paso: el conquistador La superación Si el explorador ha completado su misión, se encontrará dispuesto a dar el
cuarto y definitivo paso, el del conquistador. El conquistador ha obtenido la clara comprensión de que el acoso es una forma distorsionada de relacionarnos
basada en una concepción errónea de lo que es el poder real. Tras su paso por las
facetas y perspectivas de la víctima, el superviviente y explorador, esta persona
comprende que el poder real depende exclusivamente de la fuerza interior que logramos
cuando nos sumergimos en nuestro propio proceso de crecimiento y maduración,
nunca dominando a otras personas.
Gracias a haber accedido a su fuente de
dominio personal, ahora es una persona capaz de enfrentarse a las diferentes
situaciones de la vida en plena libertad. Ha logrado conquistarse a si mismo y disolver la
amenaza que hasta entonces se cernía sobre él. Ahora comprende que el acosador es
alguien necesitado de ayuda pues se encuentra perdido creyendo que su poder sobre
las personas colmará sus necesidades de atención y respeto. Sin embargo, a pesar
de haber conquistado su libertad física, emocional y psicológica, el
conquistador sabe que ha de continuar velando por su seguridad e integridad personal y será
cauto en sus relaciones con personas problemáticas. También sabe que todos nosotros, incluído él mismo, podemos convertirnos en agresores en un momento dado por
lo que todo lo que aprendió en la fase de explorador, ha de tenerlo siempre
presente. Por fín, tras su paso por ésta traumática experiencia, el conquistador no
sólo ha logrado superar un terrible desafío humano sino que además, gracias a lo que
ha aprendido, está en situación de ayudar a otras personas que como él han
caído en las redes del acoso. Se cierra así un sendero en el que transitamos
sintiéndonos víctimas desposeídas y, tras recorrer estos Cuatro Pasos, nos convertimos finalmente, gracias a nuestra experiencia, en maestros por derecho propio. ¿De qué nos sirven éstos cuatro pasos?
Estos cuatro pasos corresponden a cuatro estados de conciencia diferentes y
cada uno de esos estados conlleva intrínsecamente una percepción diferente de
nosotros mismos, de la realidad que nos rodea y de nuestras herramientas para
movernos en ella. A mayor grado de conciencia, mayor capacidad de elevarnos por encima
de nuestros problemas, mayor relajación física y emocional y mayor capacidad y herramientas para afrontar las situaciones que nos ocurren.
La tarea de quien desea ayudar a alguien en una situación de acoso consiste precisamente en facilitar que ésta persona pueda desplazarse de un estado de conciencia limitado a otro cada vez más evolucionado expandiendo así su
visión y sus posibilidades de actuación.
Emocionalmente, estos Cuatro Pasos asisten a la persona a pasar del miedo y
la angustia más profundas al instincto de supervivencia, la curiosidad y el
deseo de explorar interna y externamente para conocer en profundidad lo que nos
sucede y finalmente a experimentar un auténtico sentimiento de libertad, plenitud,
amor y respeto a uno mismo y satisfacción personal por la superación de un desafío
como este.
Precauciones Si bien no es frecuente, puede suceder que alguien, habiendo iniciado los primeros pasos, alcance la fase del explorador y en lugar de proseguir con
los siguientes pasos, de media vuelta y regrese al punto de partida: la
identificación con la víctima. Para algunas personas, esta primera fase ejerce un gran
magnetismo ya que resulta mucho más fácil no hacer nada por salir de la situación en la
que estamos y esperar que sean otros los que eliminen las causas de nuestro
sufrimiento. Se trata de un argumento muy válido y razonable pero no por ello es práctico
y eficaz, porque nos mantendrá bloqueados y cada vez más amargados mientras esperamos que sea el mundo el que cambie.
Otra de las causas por las que algunas personas regresan a la fase inicial
es porque creen erroneamente que si permanecen en el estado de víctimas recibirán más atención y amor de los demás. Y sí, reciben más atención de sus seres
queridos que se preocupan por su estado pero, haciendo eso, inician ellos mismos un juego psicológico con su entorno y se convierten o bien en vampiros energéticos o
en mártires-tiranos. Al final, la única energía que obtienen de su entorno está
teñida con el aroma de la exasperación y el hastío, una energía muy poco atractiva. Cuando detectemos que un explorador decide dar media vuelta y regresar al punto de partida, sabremos que ha llegado el momento de emplearnos a fondo
para que esta persona vuelva a virar el timón de su navío y enderece el rumbo. La
mejor manera de hacerlo es aportándole una buena dosis de conciencia para que se
de cuenta de lo que está haciendo, descubriendo ante él o ella, si es
necesario, esa estrategia para la obtención de energía y atención de los demás. No hay
mejor ayuda que abrir los ojos.
(C) Craig Stuart
Garner y Bárbara Meneses Montgomery (2008).
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