Narcisismo y estadio del espejo: Freud, Lacan y el imaginario.   

 

 

 

 
PsicologoEscolar.COM MAS MONOGRAFÍAS ARTÍCULOS ORIENTACIONES
AUTOR CARLOS CASTRILLÓN VALENTÍN
E-MAIL ccastrillon@uoc.edu

 

 

 El desarrollo del narcisismo en la obra de Freud.

 Elaboración del concepto (1909-1914)

 

 

El origen del término se asocia a dos fenómenos: la homosexualidad y la psicosis. A la vez, durante estos años, hay que tener presente el concepto de autoerotismo.

 

a) La homosexualidad

 Para Freud, en el desarrollo humano se presenta una fase en la que se produce una fijación en una figura femenina (la madre). Si el sujeto se identifica de una manera especial con esa figura no será capaz de poder entrar en relación con otras figuras del mismo sexo de la que se identifica. De tal modo que volverá sobre sí mismo y se tomará así como objeto o fin sexual. Es decir, buscará sujetos de su propio sexo para relacionarse. A esa situación de vueltas sobre sí mismo la denominará narcisismo.

 

1- Corta fase en la que la pulsión sexual se fija de manera intensa a la madre.

2- Identificación con la madre.

3- Búsqueda de adolescentes que recuerden esta situación, y que los quieran como su madre los ha amado a ellos mismos.

 

B) La psicosis.

 Dentro de las aportaciones freudianas al estudio de las psicosis se pone en relación con el narcisismo al hablar de la megalomanía y de la falta de interés por el mundo exterior propia del fenómenos psicótico.

 Según Freud en la psicosis se produce una desconexión con la realidad. De manera que el sujeto presenta una falta de interés por el mundo externo y se vuelve sobre sí mismo, reforzado todo ello por una gran megalomanía e imagen distorsionada de la realidad externa e interna.  

He aquí un texto típico de Freud para expresar dicha idea:

 "La libido  sustraída al mundo exterior ha sido aportada al yo, surgiendo así un estado al que podemos dar el nombre de narcisismo. Por ello la misma megalomanía no es algo  nuevo sino, como ya sabemos, es la intensificación de concreción de un estado que ya venía existiendo, circunstancia que nos lleva a considerar el narcisismo engendrado por el arrastrar así las catexias objetales, como un narcisismo secundario, superimpuesto a un narcisismo primario encubierto por diversas influencias" (Freud, 1911).

 Aquí podemos entender como Freud explicar que la megalomanía no es ni más ni menos que una vuelta a si mismo, un encerramiento en sí, una ensimismamiento (precisamente a este autocentramiento lo llamará narcisismo) que le hace retrotraerse al estado anterior de narcisismo primario, estadio en el que el niño vive la omnipotencia del pensamiento, siente ser el centro del mundo y del universo.

 

 

c) El autoerotismo como precursor del narcisismo:

 El autoerotismo es una fase más de la evolución libidinal  previa narcisismo. La pulsión se orienta hacia sí mismo, hacia el propio cuerpo, en él encuentra satisfacción. Freud, al analizar el caso Schreber, habla del narcisismo como el estadio que pasa desde el autoerotismo al amor objetal. " esta fase de transición entre el autoerotismo y la elección de objeto es quizá normalmente indispensable" (Freud, 1913) 

                                             AUTOEROTISMO

                                                           ↓

                                               NARCISISMO

                                                           ↓

                                               ELECCIÓN DE

                                      OBJETO HOMOSEXUAL

                                                           ↓

                                               ELECCIÓN DE

                                     OBJETO HETEROSEXUAL

 

 

Desarrollo del concepto. “Introducción al narcisismo” (1914-1920)

 

La obra " Introducción al narcisismo" es una pieza clave para comprender todo el concepto freudiano de narcisismo:

 

a) Primera Parte:

 

En el inicio de la obra, Freud retoma de nuevo la relación entre narcisismo, homosexualidad y psicosis.

 

Para Freud el narcisismo es un término que será utilizado para referirse a las actitudes de algunas personas con respecto a su propio cuerpo, al que tratan de manera muy similar a la forma en que otras personas tratan los cuerpos de aquéllos con los que tiene una relación sexual, algo que admiran, miman, acaricia y es plenamente satisfactorio. Desde esta perspectiva, el narcisismo tiene todas las características de una desviación sexual

A continuación señala que dicha conducta se observa frecuentemente en los homosexuales y que es probable que exista una fase narcisista en el desarrollo humano normal.

 

 

Todo esto también conduce a Freud a relacionar el narcisismo con la esquizofrenia. Los esquizofrénicos manifiestan dos características básicas, megalomanía y alejamiento del interés por el mundo. Este alejamiento del interés hacia el  mundo externo es distinto del neurótico. El neurótico no se desconecta de la realidad, mantiene una relación erótica con un objeto fantaseado, cuando no real. El esquizofrénico, por contra, retira el  interés por el mundo externo. En términos libidinales se dirá  que la libido retirada del mundo externo y volcada sobre el yo constituirá el narcisismo, dicho fenómeno explicaría la megalomanía del esquizofrénico. Esta idea nace de la teoría de que ha de existir un narcisismo infantil  primario, prueba del cuál sería el pensamiento omnipotente que se observan en los niños y en los pueblos primitivos.

 

b) Segunda parte:

 

En esta parte de su obra Freud elabora planteamientos novedosos: la relación con la hipocondría y los dos tipos de elección de objetó primordial: La lección narcisista y la elección anaclítica.

 

S. Freud entiende ahora el narcisismo como un rasgo predominante no sólo en la esquizofrenia, la perversión y la homosexualidad, sino también en la enfermedad orgánica y en la hipocondría. El sufrimiento orgánico hace que el individuo se retraiga del mundo externo y se concentre  en el cuerpo. Algo similar sucedería en el sueño, donde la libido se retraer sobre la propia persona. Igualmente, el hipocondríaco retira su libido del mundo exterior y lo vuelve narcisista dirigiéndola al órgano que le preocupa, sólo que aquí no se encuentran trazas de enfermedad orgánica.

 

A partir de aquí aparece otro enfoque del narcisismo que tiene singular importancia para el presente trabajo: según Freud, el ser humano presenta dos tipos de elección de objeto. El niño tiene originalmente dos objetos con los que poder interactuar: él mismo y su madre. Por tanto, se pueden realizar una lección de objeto narcisista, en la que se centra en si mismo y de esa manera el individuo puede amar a alguien que representa lo que es, lo que fue, lo que quisiera ser o alguien que alguna vez formó parte de él o puede realizar una lección de objeto anaclítico o de apoyo, en la que el objeto de amor se decide sobre el modelo de la figura parentar, en tanto que está asegura al niño cuidados y protección. De aquí surgirá la polémica entre aquellos psicólogos y psicoanalistas que piensan que el narcisismo es lo primario y sólo después tiene lugar la relación de objeto y los que sostienen que la vida mental se inicia con la relación de objeto y el narcisismo es un repliegue y por tanto siempre algo secundario.

 

c) Tercera Parte:

 

En esta última parte Freud describe y analiza el destino de la megalomanía infantil deducida de la hipótesis del narcisismo primario para llegar a la conclusión de que este "estado narcisista primario" no puede ser total, puesto que si fuese así nadie podría salir de él nunca. Dicho de otra manera, Freud se percata de que toda representación de sí- mismo no puede construirse sin la ayuda de los otros porque comienza a estructurarse a partir de la relación con la madre. El sujeto obtiene por esta vía la noción de ser algo (para el objeto amado). En todo caso, previo a esta idea final de su obra,  la maduración consiste en ir desprendiéndose de esa megalomanía, omnipotencia o centramiento en si mismo (narcisismo primario) y pasar a relacionarse y a  actuar con otros. Freud afirma que aquélla megalomanía se reprime y sirve para construir un ideal al que se consagra el amor ególatra. A este yo ideal se dirige ahora el amor del que gozó en la infancia el yo real. No en vano, la perfección y la omnipotencia son dos características esenciales del  "yo ideal".

 

En su terminología, Freud propone un instancia  que tiene como misión velar por la satisfacción narcisista del yo ideal,  mirando el yo real y comparándolo con el. Más tarde le denominará “superyo”, término que se introducirá oficialmente en la teoría psicoanalítica en la obra " El yo y en ello" (Freud, 1923).

  

Evolución final (1920-ss.)

 

A partir de 1920 no se producen importantes variaciones en la teoría freudiana del narcisismo. En este período final Freud relacionará el narcisismo con aquellos aspectos de su obra que más ampliamente desarrolló en estos últimos años y que por sus características se alejan de la intención y el contenido de este trabajo:

 

- La relación del narcisismo con la pulsión de muerte.

- La relación del narcisismo con la religión.

 

 

También durante este período final, en su obra " Psicoanálisis y teoría de la libido" (Freud, 1923) realiza la distinción clínica de las  psiconeurosis en "neurosis de transferencia" y "afecciones narcisistas". En las primeras (histeria y neurosis obsesiva) se puede establecer la transferencia con los demás y son, por lo tanto, analizable. Las perturbaciones narcisistas (demencia precoz, paranoia y melancolía) se caracterizan por la retracción de la libido de los objetos y, por ello, son apenas accesibles a la terapia analítica.

  

El estadio del espejo en Lacan.

 Corría el año 1936 cuando Lacan presentaba su conferencia “El estadio del espejo”  dentro de las actividades organizadas por el XVI congreso de la IPA en Marienbad, nada más pasar 10 minutos de su alocución Ernest Jones, presidente de la sesión, interrumpía a Lacan aduciendo que había rebasado el tiempo asignado.

Jaques Lacan no olvidará jamás esta afrenta. Del texto original apenas queda las notas tomadas por la psicoanalista Francoise Dolto. En todo caso lo esencial del texto está reflejado en su primer trabajo psicoanalítico importante a petición de Henri Wallon y cuyo objeto era formar parte de la Enciclopedia Francesa de Anatole Monzie.

 

Si bien es cierto que este trabajo se escribió mucho antes de la introducción en su obra de la triada Imaginario, Simbólico y Real, posteriormente no dejará de relacionar ambas aportaciones.

 

Lacan ya había dado muestras de tener un gran interés, como quedó reflejado en su tesis, en dilucidar las complejas relaciones entre el sujeto y su medio social, por ello no es de extrañar que su primera aportación importante vaya en la búsqueda de los efectos de esa relación en la etapa más temprana de la existencia humana.

Para ello Lacan utiliza las observaciones llevadas a cabo por la psicología en las que un bebé era colocado delante de un espejo con el objetivo de comparar sus reacciones con las de los monos en el mismo contexto experimental.

Dichos experimentos se remontan a Darwin y son desarrollados de manera cuidadosa por Baldwin, Köheler y el propio Henri Wallon entre otros, es decir desde la biología y sobre todo desde la psicología experimental.

Pero Lacan no busca realizar un trabajo comparativo etológico o diferencial sino centrarse en la enorme importancia de la relación primera del hombre con su imagen y con el semejante. Parece que Lacan a tratar de encontrar una matriz de comportamiento a la vez común y distinta de la de los animales, encontrando así una diferencia específica, un elemento propio, que hiciese por fin distintivo desde una perspectiva genética al hombre de la anima. El estadio del espejo es la propuesta por parte de nuestro autor de que esa especificidad del ser humano frente al animal consiste precisamente en la forma de interacción propia del ser humano con la imagen:

 

 

"La cría del hombre, en una edad en la que durante un tiempo corto, pero durante un tiempo todavía, es superada en inteligencia instrumental por el chimpancé, y reconoce en cambio su imagen como tal en el espejo."1

 

Para entender bien esta experiencia hay que imaginarse a un niño de seis meses de edad al que se le pone delante de un espejo que le devuelve su propia imagen. Desde el primer momento podemos observar como el niño concede una importancia significativa a esta imagen, ensaya un repertorio de gestos ante el espejo, desenvuelve una mímica gozosa. Esta gran cantidad de gestos, esta actividad motriz puede prolongarse hasta la edad de dieciocho meses.

 

 

 1 Lacan, J. (1988). Escritos  (ed. original 1966). México  Siglo XXI Editores.

  

De manera minuciosa podemos observar las siguientes etapas del fenómeno citado:

 

1.      En un primer momento el niño parece reaccionar como si la imagen presentada en el espejo fuese una realidad o al menos la imagen de otro.

2.      Posteriormente el niño pasará a tratar la imagen ya no como un objeto real dejando de intentar asir a aquel otro que se encuentra detrás del espejo, sino con una marcada indiferencia. En este punto no se diferencia, como destacaron los psicólogos citados, de la conducta normal de los monos.

3.      En esta tercera etapa el niño logra reconocerse en ese otro que es su propia imagen. Aquí estamos presenciando una primera conquista de la identidad, estamos ante un claro proceso de identificación.

 

Esta identificación, denominada identificación primaria, es el origen de las demás identificaciones. El niño se identifica con su imagen con su propia imagen. Precisamente por ello es una identificación dual, en otras palabras, es una identificación del cuerpo del niño y de su imagen, es una identificación inmediata, en palabras de Sigmund Freud, “narcisista”. Lacan se ajusta de manera rigurosa al término y la designa como identificación imaginaria, puesto que el niño se identifica, a fin de cuentas, con una imagen que no es el mismo, con un doble de sí mismo, doble que le permite reconocerse. Este proceso permite adelantar un sentimiento de unidad allí donde a nivel de las praxis y en definitiva de la sensación motriz y visceral, al niño todavía se percibe fragmentado, por ello el júbilo y el placer del infante al poder adelantar una sensación de completitud gracias al espejo.

 

A la vez, si durante ese periodo crítico se pone al niño frente a sus pares de edad él los agrede o los imita, intenta dominarlos, juega a descuartizarlos, a decapitarlos, ante la imposibilidad de hacerlo con iguales los muñecos son un bueno sustituto. Pega y dice ser pegado, ve daño en el otro y llora como si fuese propio. Esta reacción saturada de agresividad es homologable a la del propio cuerpo frente a la imagen del espejo. Es decir se caracteriza por la incapacidad de distinguir entre  sí mismo y el otro. Es una relación alienante, el niño no pone distancia frente a su doble sea un niño-otro o su propia imagen en el espejo, confundiendo su propio cuerpo con el cuerpo de los otros. Esta relación especular y agresiva frente a los otros niños es fácilmente igualable a la del niño con su propia madre. El niño no solo desea ser saciado en las necesidades fisiológicas por parte de la madre, tampoco desea únicamente los cuidados y caricias de la madre, su amor. El niño desea ser su todo, es decir completar a la madre, ocupar ese lugar que siente que le falta: el falo. De alguna manera se vuelve deseo del deseo de la madre. Este proceso también es inmediato, identificativo, narcisista y alienante. Es decir del orden de lo imaginario.

Por lo tanto en el alumbramiento del yo, en su construcción hay tensión y violencia además de goce. Además de la primigenia sensación de unidad, de la primera subjetividad cenestésica que permite de manera novedosa una experiencia de localización del cuerpo, existe una alienación  primordial, una vinculación no a la madre sino al deseo de la madre.