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Habría que evitar lo máximo posible que cambie la rutina diaria de la vida
del niño. Habrá cambios inevitables, pero los padres tienen en su mano el
intentar que sus hijos puedan continuar con la mayoría de las actividades y
costumbres como cuando todos vivían juntos, ya que la falta de consistencia
en hábitos y rutinas (horarios, normas, hábitos de alimentación y sueño,
etc.) acrecentaría los problemas afectando a la salud emocional y al
desarrollo infantil.
- Las disputas
y peleas después del divorcio son muy negativas
para los niños, pero también las críticas y
culpabilizaciones al ex cónyuge delante del
niño. Un niño que tiene que elegir dar la razón
a uno de los padres, tiene un problema añadido a
la ya de por sí difícil situación en la que se
encuentra.
- Las reacciones
de los menores al divorcio se manifiestan de
diferente manera en los niños que en las niñas.
Así, los niños suelen manifestar los problemas
en la edad escolar, mientras que las niñas
pueden mostrar las consecuencias del divorcio
más tarde, en la adolescencia.
- No se le debe
pedir al niño (en muchas ocasiones a la niña)
que desempeñe el rol de cuidar, o “apoyar” a uno
de los padres. Aunque puede parecer que las
niñas pueden asumir con madurez ese papel, las
consecuencias suelen ser negativas en el futuro
de dicha niña.
- Dado que la
mayoría de los niños se quedan con su madre, y
que muchos padres pierden los lazos afectivos
con sus hijos, éstos suelen sufrir esta
situación. Los padres deberían ser conscientes
del daño que se les infringe con la ausencia del
padre.
- Tampoco se
debe olvidar que un divorcio acarrea en muchas
ocasiones una pérdida de poder adquisitivo
familiar, lo que también afecta negativamente a
los niños, por lo que los padres deberían
preocuparse también de mantener el nivel de vida
anterior.
- Los nuevos
matrimonios de los padres, en los que a veces se
aportan nuevos hijos suelen ser también una
fuente de conflictos para los niños.
- Es erróneo
pensar que una vez la situación del adulto se
estabiliza, los efectos negativos del divorcio
han concluido también para los niños. Es
probable que éstos continúen necesitando apoyo
durante mucho más tiempo.
No obstante, si
la mitad de los niños cuyos padres se divorcian
tienen más probabilidades de presentar problemas
en su vida adulta, también es cierto que la otra
mitad no los tendrá.
De cómo los
padres manejen los factores que se han explicado
más arriba, dependerá que los efectos del
divorcio no sean tan negativos en sus hijos.
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