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El
Autocontrol es uno de los objetivos que se pretenden cuando se educa a
un niño.
En un
primer momento, educamos ‘desde el exterior’, con normas, sanciones,
premios, etc. Pero lo que pretendemos es que el niño interiorice lo que
intentamos enseñarle y que actúe más adelante sin necesidad de que nadie
le recuerde lo que debe hacer.
Y sin
esperar ningún premio ni alabanza por ello.
Nuestro objetivo es que el niño sea independiente y que él mismo se
motive y autocontrole a hacer lo que considere correcto. Es decir,
queremos que no dependa de los premios externos sino de la satisfacción
interna de hacer las cosas como piensa que deben hacerse.
¿Cómo
ayudar al niño a ir adquiriendo poco a poco ese Autocontrol?
Una
manera muy sencilla es la de cambiar la manera de elogiarles, poniendo
el énfasis no tanto en lo contentos que estamos porque haya obrado bien,
sino en lo contento que debe de estar él.
Así,
por ejemplo, sería mejor decir: “Debes sentirte muy bien después de
haber acabado las tareas”, en vez de: “Me parece genial que hayas
acabado las tareas”.
Otra
manera de estimular el control interno es recordarle si se ha felicitado
a sí mismo.
Por
ejemplo, comentarle: “Te habrás dicho a ti mismo que has cumplido con
tu obligación, ¿verdad?”
De esa manera vamos favoreciendo el control interno más que el externo.
Y en eso consiste el Autocontrol.
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