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Orientaciones sobre Miedos |
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El Método de las 4 R para superar los miedos
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Sabemos que los miedos son experiencias normales en la vida de los niños, siendo más frecuentes en las niñas que en los niños. Los miedos van apareciendo y pueden permanecer unos meses hasta su desaparición y/o sustitución por otros miedos, pero, afortunadamente, van disminuyendo con la edad. Cuando el niño tiene un año de vida puede tener miedo a los extraños, al cuarto de baño y a separarse de sus padres. A los dos años es normal que los niños se asusten con los ruidos fuertes, con la oscuridad, o tengan miedo de los animales y de las cosas grandes. Entre los 3 y 5 años es muy frecuente el miedo a la oscuridad y a lo desconocido, pero también pueden tener miedo a las máscaras, a separarse de sus padres, a caerse y hacerse daño… Cuando los miedos no desaparecen en la infancia pueden continuar hasta la edad adulta. De ahí la importancia de ayudar al niño a superar sus miedos. ¿Cuáles son las 4 R? Razonar, reconfortar, relajarse y representar. Veamos en qué consisten: Muchos miedos aparecen porque la capacidad
del niño de razonar es muy inferior a su capacidad de ir asimilando
las innumerables experiencias que le rodean. Reconfortar es apoyar al niño mientras se
enfrenta al miedo. Se trata de estar al lado del niño, con palabras
de ánimo mientras se acerca al objeto, animal o situación temida. Hay que enseñar al niño a relajarse, ya que las sensaciones de relajación son contrarias o incompatibles con la ansiedad y el miedo. Cuando un niño se enfrenta de manera relajada a la situación temida es más probable que consiga vencer el miedo.
Para superar el miedo el niño tiene que
acabar enfrentándose a la situación. Una ayuda importante a la hora de enfrentarse a una situación temida es la de dividir la experiencia en pequeños pasos o etapas. Por ejemplo, ante el miedo a los perros, presentamos al niño cromos o fotografías de cachorros, más tarde de perros más grandes, luego ver un perro desde lejos, jugar en un parque donde hay un perro, …, para finalmente acercarse a acariciarlo. El niño debe ir superando cada uno de esos
pasos sin sentir excesivo miedo, en caso contrario habría que hacer
los pasos más pequeños.
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