|
El
término “extinción” procede del principio de la psicología del
aprendizaje que señala que una conducta “se extingue” (desaparece) si no
le sigue ninguna consecuencia.
Un
ejemplo de la vida diaria: si llamo a un número de teléfono y nunca
contestan, es seguro que finalmente dejaré de llamar.
Esta
técnica de ignorar es apropiada en comportamientos molestos o
desagradables que no tienen gran importancia, pero con los que
normalmente el niño intenta atraer la atención de los padres. Por
ejemplo, conductas “irritantes” como lloriquear, quejarse, pedir
constantemente, etc.
Si
bien es muy sencilla de aplicar, necesita grandes dosis de paciencia y
persistencia: se trata de que los padres no hagan ni caso: pueden hablar
entre ellos o canturrear o salirse de la habitación o hablar consigo
mismos como si estuvieran muy concentrados en lo que hacen. Todo menos
mirar al niño o prestar atención a su conducta.
Para
la aplicación la Técnica de la Extinción hay que tener en cuenta algunos
detalles importantes:
-No
aplicarla ante conductas peligrosas (jugar con los enchufes, pegar a
otro niño, etc.) que hay que detener inmediatamente.
-Pensar previamente si se será capaz de llegar hasta el final, ya que si
se cede o se acaba prestando atención o regañando, etc., el niño habrá
conseguido su objetivo y le habremos educado mal.
-Prestar atención positiva a la conducta adecuada: Por ejemplo, si
estaba lloriqueando, atenderle cuando deje de llorar y pida bien las
cosas. Esto es esencial: nunca se debe ignorar una conducta sin prestar
atención a la conducta contraria adecuada.
-Ser
pacientes, porque lo normal es que al principio empeoren las cosas: el
niño intentará portarse peor (gritar más fuerte, tirarnos de la ropa
para que le atendamos, etc.) para llamar la atención. Y si a una
conducta se le ha prestado atención durante mucho tiempo, resultará más
difícil de extinguir, no será cuestión sólo de una tarde…
Ejercicio de Autoevaluación
|