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CÓMO LOS PADRES PUEDEN AYUDAR AL NIÑO QUE TARTAMUDEA |
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La mayoría de los casos de tartamudez comienza entre los 2 y los 4 años. Muchos de los problemas de fluidez (entre el 65 y el 85%) desaparecen espontáneamente, sin tratamiento, en los dos años posteriores a su aparición, pero entre el 20 y el 50 % de estos problemas iniciales pueden continuar hasta la edad adulta. Por ello, cuando aparezca un problema de fluidez en el habla o tartamudeo los padres deben seguir estas recomendaciones: -Dedicar todos los días 15 o 20 minutos para hablar con el niño/la niña, ver/leer algún cuento juntos, hacerle comentarios sobre lo que el adulto ha hecho a lo largo del día, etc., sin prisas y procurando que la situación sea agradable, demostrándole que se disfruta hablando con él/ella. -Mantener el contacto ocular de manera natural al hablar con el niño, escuchándole con atención y mostrando interés por lo que dice, haciéndole ver que se le ha entendido. -Prestar mas atención a lo que dice que a las faltas de fluidez, sin mostrar preocupación ni desaprobación cuando éstas se produzcan. -Esperar un breve espacio de tiempo antes de responderle. Así él aprenderá también a no interrumpir y a no apresurarse para hablar. -Hablarle despacio, haciendo pausas entre las frases, así nos podrá imitar y presentará menos tartamudeos. Además, si le hablamos despacio, tendrá más tiempo de entender lo que le estamos diciendo y podrá elaborar más fácilmente su respuesta. Una manera de enlentecer el lenguaje es "aalaargaandoo laas siilaabaas". -Darle tiempo para responder o expresarse. Hay que esperar a que termine de hablar, sin mostrar impaciencia. No interrumpirle ni acabarle la frase. -Cuando el niño se muestra muy nervioso, queriendo decir muchas cosas y monopolizando la conversación (y probablemente presentando fallos de fluidez), debemos calmar la conversación, intercalando comentarios e intentando instaurar un ritmo tranquilo. -Hablarle con frases cortas y sencillas, adecuadas a su nivel de madurez. Para ello, podemos fijarnos en el número de palabras por frase que dice normalmente el niño: un numero similar debemos emplear en nuestras frases hacia él. -Utilizar cuando nos dirigimos a él un vocabulario adecuado a su edad, de modo que no le forcemos con contenidos que sean más complicados que su nivel de lenguaje. -Utilizar en algunas ocasiones pausas en la conversación, incluso alguna repetición de palabras o frases, de modo que no se sienta presionado por alcanzar la perfección, y a la vez acepte mejor sus propios titubeos. -En la conversación no hacerle demasiadas preguntas; es mejor realizar comentarios u observaciones sobre lo que se está haciendo o jugando en ese momento, objetos o juguetes presentes, etc. En especial, no hacerle preguntas que supongan respuestas largas. -No presionarle para que hable con otros adultos cuando no quiera hacerlo, ya que hablar bajo presión puede dificultar la fluidez. -No llamarle ni referirnos a él como “tartamudo”. Esta palabra tiene connotaciones negativas que pueden afectar su autoestima. Hablaremos de sus dificultades como “atascos”, “repeticiones” y términos parecidos. -Facilitarle participar en conversaciones, estableciendo turnos para que pueda expresarse también como sus hermanos. -No darle consejos en el momento que cometa errores, como “habla despacio”, “tranquilo” o “respira”… -No corregirle directamente su forma de hablar o pronunciar, ni hacerle repetir lo que acaba de decir. En todo caso, introducir en nuestra respuesta el modelo correcto de la/s palabra/s en las que ha presentado problemas. -No hay que hacer de la tartamudez un tema tabú. Se debe hablar de los fallos de fluidez si el niño pregunta por ellos, usando un lenguaje adecuado a su edad, comprendiendo sus dificultades y proporcionándole apoyo emocional. Si se quejara de que no habla bien, tranquilizarle y recordarle que muchas veces habla fluidamente. - Reforzar frecuentemente sus aspectos positivos en general, para proporcionarle mayor seguridad en sí mismo. - Reducir el nivel de exigencia, no solo a nivel de lenguaje, sino también en relación a su conducta, planteando objetivos realistas.
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