AYUDAR A RESOLVER LOS CONFLICTOS DE CONVIVENCIA  

 
 

AYUDAR A RESOLVER LOS CONFLICTOS DE CONVIVENCIA

 

 

Celos

 

El titulo ya nos está indicando el modo correcto de proceder: No debemos resolver los conflictos a los que se enfrentan nuestros hijos, sino enseñar a que ellos los resuelvan solos.

 

 

Cuando dos o más personas conviven, es normal que surjan conflictos, denominados por ello conflictos de convivencia. Si entre personas adultas son frecuentes los conflictos de convivencia, qué tiene de extraño que los niños, seres inmaduros, vivan frecuentes conflictos entre ellos. Es decir, los conflictos de convivencia son totalmente normales entre los niños.

 

El problema se agrava por la manera violenta que los niños tienen de resolver sus disputas: gritos, insultos, amenazas, peleas, resentimiento. Esto puede ser debido tanto a que se enfrentan a emociones intensas y difíciles de controlar (por ejemplo, los celos) como a que el enfrentamiento y la violencia ante los conflictos son también, desgraciadamente, bastante normales entre los adultos, que no dejamos de ser sus modelos.

 

Sin embargo, la idea principal que debemos tener, vivir, y transmitir a los niños es que las personas tenemos otros recursos mejores que la violencia para resolver los conflictos, y el principal instrumento es el diálogo, con el objetivo de llegar a un acuerdo.

 

Cuando hablamos de 'transmitir' solemos pensar en que hay que aconsejar a los niños que no griten, no peleen, etc. Pero el principal medio de transmisión de actitudes es a través de la conducta. Por ello, tenemos que erradicar también de nuestra relación con los niños los gritos, la violencia, etc., e intentar utilizar otros métodos.

 

¿Cómo enfrentar los conflictos que los niños tienen entre ellos?

 

Lo primero a tener en cuenta es que los conflictos los tienen ellos, no nosotros. No debemos sentirnos frustrados porque discutan y se peleen, ni, por supuesto, expresar agresividad a través de gritos, empujones, etc. Hemos dicho que los conflictos son normales. ¿Por qué no mirar una pelea con otra óptica? También es, por ejemplo, una oportunidad para que aprendan a llevarse mejor...

 

Ante una disputa, enfrentamiento o discusión, lo primero es intentar calmarles (calmadamente). Si no son capaces de entenderse tal vez sea hora de que se vayan cada uno a una habitación distinta. Esta regla es importante: cuando estamos excitados y enfadados no somos capaces de dialogar, por lo que hay que posponer el diálogo, que es la mejor manera de entendernos y convivir. Esto vale tanto para ellos (que tienen que intentar ponerse de acuerdo) como para nosotros (que tenemos que enseñarles cómo hacerlo).

 

Una vez pasado el enfado hay que llevar a los niños a una situación de diálogo, comenzando por que cada uno exprese lo que quiere y sea escuchado por el otro.

 

Pero no se trata de quejarse, sino de mirar hacia adelante buscando una solución. Hay que intentar y ayudarles a que ellos busquen soluciones en las que, aun cediendo cada uno, ambos salgan beneficiados.

 

En ocasiones es necesario llegar a una pequeña representación teatral del conflicto (role-playing). Por ejemplo, uno de los niños hace de agresor, que pega, burla o molesta, y uno de los padres hace del niño agredido, actuando de la manera correcta (por ejemplo, no haciendo caso a las burlas o razonando ante un empujón, o negociando el compartir ante una petición de juego, etc.). Luego hay que cambiar los papeles, y el adulto hace de niño agresor para que los niños practiquen las estrategias aprendidas.

 

Pero, en definitiva, aunque les enseñemos, los niños han de aprender por sí mismos a solucionar sus conflictos. Hay, por tanto que hacerles responsables de sus disputas. Cuando a la mínima vienen pidiendo ayuda, no hay que hacer inmediatamente de mediador, sino mejor darles tiempo para que sigan buscando estrategias de solución pacífica ("...Si,... te está molestando,..., pero ¿qué puedes hacer tu?...)

 
 

 

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