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La coquetería

 

 

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LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA

Guía para madres, padres y profesorado de Educación Infantil

© 2003 Secretaría General de Educación y Formación Profesional
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
SECRETARÍA GENERAL DE EDUCACIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL

 

Presentación

 

 

 

 

 

 

 

La coquetería es un modo de cuidar el propio cuerpo, resaltando su belleza y disfrutando con él. Es una práctica que ha estado más cerca de la experiencia femenina a lo largo de nuestra historia y no es de extrañar, por tanto, que las niñas la incorporen más fácilmente en sus vidas.

La coquetería se aprende por imitación, como un juego. Las niñas, desde muy pequeñas, suelen estar en contacto con coleteros, cintas para el pelo y horquillas; son objetos que dan comodidad, pero que también sirven para estar más guapas. Cuando visten y peinan a sus muñecos están aprendiendo a relacionar el cuidado con la belleza.

Todo esto supone una experiencia gratificante que pocas veces forma parte del universo de los niños. De hecho, suele considerarse inapropiado en un niño el interés por la belleza, por disfrazarse, pintarse, cuidarse, peinarse mirándose en el espejo, etc.

Sin embargo, hay un hilo muy delgado que puede convertir estas experiencias de autocuidado en sometimiento y falta de libertad. Sentirse guapa o guapo es sano. Otra cosa es querer serlo desde la competitividad (querer ser la más guapa o el más guapo), desde la insatisfacción (querer ser lo que no se es respondiendo a estereotipos), o desde el sacrificio (estar en disposición de restringir el movimiento o la comodidad para aparentar belleza).

Alrededor de los tres o cuatro años, es común que las niñas quieran tener un aspecto típicamente femenino: vestidos, pelo largo, pendientes. Esto se convierte en un problema si comienzan a aceptar que vale la pena sufrir dolor o falta de movilidad con tal de estar guapas, soportar los tirones de pelo con tal de tener melena, o dejar de jugar para no despeinarse. En este sentido, el que una niña no quiera hacerse el agujero en la oreja, aunque le encanten los pendientes, puede ser un indicador de salud.

Otra dificultad surge cuando no se busca realmente resaltar la propia belleza, sino que se comparan e imitan otros modelos. Por ejemplo, cuando ellas quieren ser atractivas como las “sexsymbol” que aparecen en televisión, renunciando a ser ellas mismas; o ellos quieren ser tan musculosos como los héroes que finalmente se quedan con la chica en las series o dibujos animados.

Cuando esto ocurre es difícil tratar este tema, ya que es muy fuerte la presión para que moldeen sus cuerpos según la moda, y les resulta extraño, incluso fuera de lugar, que a sus educadoras y educadores no les guste lo que a todo el mundo le gusta.
Es frecuente que la delgadez se imponga a la salud como indicador de belleza. Esta obsesión ya se puede ver en niñas, y en menor medida en niños, de cuatro o cinco años. Frente a esto, hay mensajes que son importantes aunque sean contracorriente: “sin carne no se puede estar fuerte para hacer deporte, correr y disfrutar”, “hay niñas gorditas y otras flaquitas, y todas tienen cuerpo bonitos”, etc.

Por otro lado, hay niñas a las que les gusta practicar juegos donde el movimiento y la fuerza están presentes, y que han sido tradicionalmente considerados “de niños”. Estas actividades físicas dan a sus cuerpos una mayor corpulencia y musculatura, que en ocasiones se perciben como características más propias del cuerpo masculino o poco a tractivas en un cuerpo femenino.

Este conjunto de mensajes negativos sobre el propio cuerpo tiene que ver con algo más profundo: la tendencia de nuestra cultura a dar especial relevancia a lo que una persona parece, dejando en un segundo plano lo que es realmente, dividiéndola internamente entre lo que es y sie te, y lo que debería ser para que se la considere socialmente. Esta escisión sólo produce sufrimiento.

Una forma de afrontar este sufrimiento es ayudarlos a estar a gusto con su propio cuerpo, haciéndoles ver que es bello y animándoles a mostrarse tal y como son. Si aprenden a conocerse, a sentir placer cuando desarrollan sus deseos y potencialidades, a expresar qué sienten y qué quieren, es más fácil que acepten su cuerpo tal cual es y lo quieran. Desde ahí, la coquetería vuelve a significar placer y autocuidado.

 

Continuación: Cultivar el sentido de la relación

La coquetería

 

 

Introducción

El sexo y la sexualidad humana
El sexo y la diferencia sexual
La sexualidad infantil
¿Hay una sola manera correcta de ser mujer y de ser hombre?
¿El sentido de la sexualidad es la reproducción?
¿El sexo y la sexualidad son pura biología?

¿Las mujeres no tienen sexualidad propia?

¿Los afectos y la sexualidad no van unidos?

Siempre se hace educación sexual

Objetivos de la educación sexual

¿Quien debe y puede hacer educación sexual?

No es necesario "hacer teatro"

Entendernos y aceptarnos

Qué son los vínculos de apego

El contacto físico

Dar calidad a los vínculos y a las relaciones

La conciencia de ser niña o ser niño

La diferencia: reconocer al otro sexo

Tocar y sentir

Autoexplorarse

Nombrar

Aprender cómo evolucionan los cuerpos

Moverse y expresarse

Cuidar la salud

La coquetería

Cultivar el sentido de la relación

La amistad

Los conflictos

Los juegos amorosos

Sus curiosidades

Los mensajes contradictorios

¿Qué es el abuso sexual?

Mensajes que ayudan a prevenir los abusos

El alarmismo no previene los abusos

Bibliografía