Cursos gratuitos de Psicólogo Escolar: EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA: Introducción  

 

 

 

 
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LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA

Guía para madres, padres y profesorado de Educación Infantil

© 2003 Secretaría General de Educación y Formación Profesional
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
SECRETARÍA GENERAL DE EDUCACIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL

 

Presentación

 

 

 

 

 

 

 

Aceptar, reconocer y valorar, tanto el propio sexo como el otro, es un proceso esencial para la vivencia y la expresión de la sexualidad. Es importante que niños y niñas aprendan a aceptar que hay dos sexos y a no hacer de ello motivo de discriminación o de desigualdad.

 

Saber que ningún sexo vale más que otro

Con frecuencia, a través de mensajes sobre la sexualidad, en la infancia se reciben señales que llevan a creer que un sexo vale más que otro. Algunos ejemplos de estos mensajes son:


- Los que hacen creer que los niños tienen algo más valioso que las niñas y que éstas, además, no tienen nada: “Los niños tienen pene y las niñas no”.
- Los que hacen creer que los niños pueden hacer más cosas y mejor que las niñas: “Los niños pueden hacer pis de pie y las niñas no”.
- Los que hacen creer que en la reproducción los padres ponen lo más importante y las madres son sólo un recipiente: “Papá pone la semillita en mamá…”

Todo esto lleva a que muchas niñas asocien el descubrimiento de su sexo con ser incompletas, con no tener pene y no poder orinar de pie. Se identifican, por tanto, en negativo: “Soy niña porque no soy niño”.

Por el contrario, la visibilidad de los genitales masculinos y su sobrevaloración en nuestra tradición cultural, hace que muchos niños asocien su sexo con la potencia, la fuerza y el dominio, y no con la relación, el intercambio y la comunicación. Y esto es una gran limitación para el desarrollo afectivo y sexual de los niños.

En nuestra cultura, a través de éstos y otros mensajes, las niñas siguen aprendiendo que son “el otro sexo”. Esto, aunque les lleva a representarse desde la subordinación, les hace ser perfectamente conscientes de la existencia del otro sexo y aprenden, no sólo a aceptarlo, a menudo también a reconocerlo y a valorarlo.

Todo esto lleva también a que, con frecuencia, los niños construyan su sexualidad expresando el sentimiento de que ellos son el centro, el patrón, la medida. De esta manera, para ellos, la conciencia de la existencia del otro sexo se expresa considerándolo inferior, en lugar de reconocerlo y valorarlo.

Es importante, por tanto, que el niño sepa que tener un pene no implica tener ningún tipo de privilegios y que se trata de algo natural que lo hace diferente, pero no superior a las niñas. Es necesario también que las niñas conozcan que ellas tienen genitales propios: una vulva con un clítoris, un meato y una vagina; y que sepan que esta diferencia no las hace ni mejor ni peor que los niños, y que tienen las mismas posibilidades de disfrute y de juego que ellos.

Nombrar y mostrar la sexuación del cuerpo humano antes de que ellas y ellos muestren interés y curiosidad por este hecho es un modo de prevenir en las niñas el sentimiento de “ser menos o incompletas” o, al menos, de minimizarlo.

 

Aprender del otro sexo

En el último siglo, las mujeres han encontrado los modos de ocupar y modificar espacios que hasta hace bien poco estaban vedados para ellas. De este modo, hoy en día, se pueden observar mujeres participando en actividades muy diversas, tanto dentro como fuera del ámbito doméstico, muchas de las cuales han sido consideradas tradicionalmente “de hombres”. Esto ha sido posible porque han dado valor, no sólo a su propia experiencia y deseos, sino también a la experiencia masculina.

Estos cambios han dado lugar a que las niñas tengan referentes más diversos que los existentes en otros tiempos. Aunque los estereotipos sigan pesando y siga siendo necesario motivarlas y apoyarlas para que diversifiquen sus juegos, estas transformaciones han hecho que manifiesten una mayor predisposición a probar todo tipo de juegos, actividades y experiencias.

Aunque algunos hombres también se han abierto a actividades que no han sido consideradas tradicionalmente apropiadas para su sexo, esta apertura no se ha dado de un modo tan generalizado y profundo. Este mayor inmovilismo tiene que ver con una falta de reconocimiento histórico a lo que son y hacen las mujeres, como si de la experiencia femenina no hubiera nada que aprender.

En determinados círculos se considera que cuando una niña se acerca al mundo de los niños gana algo que hasta entonces no tenía, mientras que cuando un niño se acerca al mundo de las niñas pierde algo porque deja de ser y hacer cosas consideradas realmente importantes. Esto es así porque cuando las niñas no son vistas, reconocidas ni valoradas, es común considerar que los juegos realmente divertidos son los que normalmente juegan los niños y se tiende a fomentar que ellas jueguen como ellos, pero no a la inversa.

Asimismo, es común considerar que no es bueno que un niño “trasgreda” el estereotipo masculino para que no sea discriminado ni sufra por ello en su futuro. Es un modo más de sobreprotección que le quita al niño la posibilidad de desarrollarse libremente. Este miedo tiene que ver con algunas ideas falsas: por ejemplo, pensar que si un niño se acerca al mundo de las niñas corre el riesgo de ser homosexual y que ser homosexual es un problema o enfermedad.

Estos mensajes llevan a que algunos niños no quieran acercarse al rincón de la casita en las escuelas infantiles. Sin embargo, para muchos, es el único espacio que tienen para poder expresar sentimientos, coquetear con su cuerpo, aprender a cuidar, etc., por eso, no ayudarles a reconocer lo que las niñas les pueden aportar, les puede suponer una gran pérdida.


Del mismo modo, la sobrevaloración de la experiencia masculina, hace que, en ocasiones, las niñas tiendan a imitar a los niños. Así, por ejemplo, diferentes experiencias dan cuenta de cómo normalmente las niñas se toman más en serio y con menos agresividad los mensajes y conversaciones relacionadas con la sexualidad, pero también es cierto que, pasado cierto tiempo, algunas imitan las actitudes más agresivas de los chicos cuando no son reconocidas y valoradas por sí mismas, y esto es una pérdida para unos y para otras.

Es importante, por tanto, ayudarles a reconocer y valorar, no sólo lo que son y hacen los hombres, sino también lo que son y hacen las mujeres. Para ello es necesario que las educadoras y los educadores den el mismo valor a las aportaciones de ambos sexos. Hay muchas formas de tratar esta cuestión, por ejemplo, preguntándoles ¿qué han aprendido de mamá o de la abuela?, ¿en qué trabaja mamá?, ¿quién les enseñó a hablar, cambiarse de ropa, ponerse los zapatos, caminar, etc.?; de modo que entiendan que el trabajo no es sólo el trabajo remunerado y que reconozcan todas estas tareas como fundamentales para su propio crecimiento.

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Continuación: Tocar y sentir

La diferencia: reconocer al otro sexo

 

 

Introducción

El sexo y la sexualidad humana
El sexo y la diferencia sexual
La sexualidad infantil
¿Hay una sola manera correcta de ser mujer y de ser hombre?
¿El sentido de la sexualidad es la reproducción?
¿El sexo y la sexualidad son pura biología?

¿Las mujeres no tienen sexualidad propia?

¿Los afectos y la sexualidad no van unidos?

Siempre se hace educación sexual

Objetivos de la educación sexual

¿Quien debe y puede hacer educación sexual?

No es necesario "hacer teatro"

Entendernos y aceptarnos

Qué son los vínculos de apego

El contacto físico

Dar calidad a los vínculos y a las relaciones

La conciencia de ser niña o ser niño

La diferencia: reconocer al otro sexo

Tocar y sentir

Autoexplorarse

Nombrar

Aprender cómo evolucionan los cuerpos

Moverse y expresarse

Cuidar la salud

La coquetería

Cultivar el sentido de la relación

La amistad

Los conflictos

Los juegos amorosos

Sus curiosidades

Los mensajes contradictorios

¿Qué es el abuso sexual?

Mensajes que ayudan a prevenir los abusos

El alarmismo no previene los abusos

Bibliografía