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No es necesario "hacer teatro"

 

 

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LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA

Guía para madres, padres y profesorado de Educación Infantil

© 2003 Secretaría General de Educación y Formación Profesional
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
SECRETARÍA GENERAL DE EDUCACIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL

 

Presentación

 

 

 

 

 

 

 

Toda persona adulta ha tenido una historia llena de vivencias y experiencias que han ido configurando sus actitudes, sus modos de pensar, sentir y actuar en relación a su sexo y a la sexualidad. Estas actitudes no son inamovibles y están en continua transformación.


Es frecuente que madres y padres, maestros y maestras, con el afán de darles la oportunidad de tener una vivencia de la sexualidad más libre que la propia, “hagan teatro”, se vean interpretando un papel que no se corresponde con lo que realmente sienten y son.


Así, por ejemplo, una madre a la que no le gusta conducir puede sentirse forzada a hacerlo tan bien y con la misma frecuencia que su marido restando importancia al hecho de que ya es significativo que siendo una mujer pueda conducir cuando quiera, mientras su madre o su abuela nunca lo han hecho. En el caso de un maestro, puede, por ejemplo, empeñarse en demostrar que sabe saltar a la comba, aunque ni le guste ni sepa hacerlo, cuando en realidad lo importante no es que lo haga muy bien sino mostrar interés por el juego y por aprender de las niñas.


Otras veces, para dar ejemplos de masculinidad y feminidad no estereotipados, educadores y educadoras tratan de representar papeles “alternativos” a los roles sexistas tradicionales, no mostrando así sus propias limitaciones o sus logros personales en este terreno.


“Hacer teatro” implica un gran esfuerzo que quita frescura y espontaneidad a la relación con cada niño y cada niña, y que, por lo mismo, resulta cansado. Además, se trata de un esfuerzo que no garantiza que las contradicciones y los miedos no aparezcan.


Cuando se pone el acento en lo que se debe o no se debe hacer, dejando en un segundo plano lo que somos, puede ocurrir incluso que un hombre o una mujer escondan sus propios avances por miedo a que repercutan negativamente en las criaturas. Puede ocurrir, por ejemplo, que un padre deje de mostrarse muy cariñoso con sus amigos por miedo a que su hijo piense que “no es un hombre de verdad”, o una madre deje de salir con sus amigas por miedo a que su hija piense que “no es una buena madre”.


El mejor punto de partida es reconocer los propios deseos, saberes, avances, dificultades, miedos, pudores, etc. y empezar a aceptarlos. Sólo desde ahí es posible decir la verdad y buscar los modos de hacer educación afectivo-sexual sintiéndose bien.


Ello implica no renunciar a la propia historia, aceptar los propios límites y necesidades
(tanto de recursos, como de información o de apoyo), valorar las propias conquistas y avances en relación a lo que fue nuestra propia infancia, y reconocer que es un avance histórico querer hacer una educación sexual más sana y libre que la recibida.


Tomemos como ejemplo a una madre que piensa que es bueno dejar que su hija se autoexplore sus genitales. No censurará a la niña, incluso estará dispuesta a hablar de ello, pero es probable que no pueda evitar sentirse extraña ante esta práctica, y la hija, de un modo u otro, notará dicha inquietud. En relación a lo que ha sido su propia educación, en la que la autoexploración estaba prohibida, esta mujer ha dado un gran paso.


Sin embargo, el sentimiento de inquietud es algo que está ahí, si es tomado con cariño y aceptación probablemente dejará de implicar culpa o ansiedad, y será más fácil entenderlo y, a veces, incluso minimizarlo. La inquietud puede implicar un problema, pero si además se siente la obligación de dejar de sentir esa inquietud, entonces el problema es doble.


Cuando las personas mayores se muestran tal como son ante sus hijos o hijas, alumnos o alumnas, les están transmitiendo que ellas y ellos también pueden ser y expresarse como son, que aceptan su curiosidad, sus preguntas y sus demandas. Y, además, que la forma de canalizar estas demandas no es única. Cada una y cada uno ha de ir encontrando su propia manera a medida que las demandas se vayan produciendo. Por ejemplo, si una madre o un padre tienen pudor de mostrarse desnudos ante sus hijos o hijas, es interesante que lo reconozcan en lugar de fingir
que les da igual, explicando que también hay otras personas a las que no les importan y ninguna de las situaciones es un problema.

La calidad de la relación es más importante que los mensajes que se dan o se dejan de dar, porque en ella, aunque no se tengan todas las respuestas, la criatura podrá aprender a expresar también sus miedos e inquietudes. Y esta relación puede ser una fuente de aprendizaje también para la persona adulta.


En definitiva, para hacer educación sexual no hay que forzarse a nada, ni intentar ser quien no se es. Hablar de los propios temores, dudas y experiencias es enseñar a las niñas y a los niños a mostrarse tal como son, es enseñar a aceptarse y a aceptar a las y los demás.

Continuación: Entendernos y aceptarnos

 

No es necesario "hacer teatro"

 

 

Introducción

El sexo y la sexualidad humana
El sexo y la diferencia sexual
La sexualidad infantil
¿Hay una sola manera correcta de ser mujer y de ser hombre?
¿El sentido de la sexualidad es la reproducción?
¿El sexo y la sexualidad son pura biología?

¿Las mujeres no tienen sexualidad propia?

¿Los afectos y la sexualidad no van unidos?

Siempre se hace educación sexual

Objetivos de la educación sexual

¿Quien debe y puede hacer educación sexual?

No es necesario "hacer teatro"

Entendernos y aceptarnos

Qué son los vínculos de apego

El contacto físico

Dar calidad a los vínculos y a las relaciones

La conciencia de ser niña o ser niño

La diferencia: reconocer al otro sexo

Tocar y sentir

Autoexplorarse

Nombrar

Aprender cómo evolucionan los cuerpos

Moverse y expresarse

Cuidar la salud

La coquetería

Cultivar el sentido de la relación

La amistad

Los conflictos

Los juegos amorosos

Sus curiosidades

Los mensajes contradictorios

¿Qué es el abuso sexual?

Mensajes que ayudan a prevenir los abusos

El alarmismo no previene los abusos

Bibliografía