Cursos gratuitos de Psicólogo Escolar: EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA: ¿Quien debe y puede hacer educación sexual?  

 

 

 

 

LA EDUCACIÓN SEXUAL DE LA PRIMERA INFANCIA

Guía para madres, padres y profesorado de Educación Infantil

© 2003 Secretaría General de Educación y Formación Profesional
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
SECRETARÍA GENERAL DE EDUCACIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL

 

Presentación

 

 

 

 

 

 

 

Aunque todas las personas adultas que se relacionan con niños y niñas hacen, de un modo u otro, educación sexual, es común la reflexión sobre qué personas son las que están realmente autorizadas para hacerlo; y también cuáles son la preparación y los conocimientos necesarios.

 

¿Familia o Escuela?

Tradicionalmente se ha creído que la familia es el único lugar realmente autorizado para hacer educación sexual. Se ha afirmado además que no todas las familias están preparadas para ello, ya que aquellas que se desvían de la norma imperante pueden dañar la sensibilidad y el desarrollo del niño o de la niña.


Sin embargo, hoy en día, el concepto de familia ha variado mucho confluyendo en él muchos tipos de convivencia: familias sólo con padre o sólo con madre, familias que tienen a sus abuelos y abuelas compartiendo la casa, familias constituidas por parejas homosexuales y otras por parejas heterosexuales, etc. Y en todas se pueden hacer educación sexual de calidad, porque en todas se puede crear vínculos afectivos sólidos y sanos que ayuden a las criaturas a crecer con seguridad y confianza.


Asimismo, la información y la educación sexual han pasado de ser una tarea considerada propia del ámbito privado de la familia y del entorno más íntimo, a formar parte también de la vida social, cultural, política y educativa. De tal modo que, hoy en día, se acepta y se considera necesario que la escuela también juegue un papel importante en esta tarea.

De hecho, si consideramos que cada niña y cada niño es un ser sexuado, entenderemos que no se puede quitar la sexualidad al entrar en la escuela y ponérsela al volver a casa, o viceversa. Entenderemos que la sexualidad les acompaña allí donde estén y, por ello, tanto el profesorado como las familias, así como todas aquellas personas adultas que establecen vínculos de algún tipo con niños y niñas, son referentes de gran importancia para su desarrollo sexual y afectivo.

 

La educación sexual en la escuela y en la familia

Los niños y las niñas establecen sus primeros vínculos en la familia, y suelen recibir de su madre y/o padre una dedicación e implicación muy profunda que difícilmente se vuelve a dar en otros lugares. En el contexto familiar suele ser más fácil la atención a la singularidad de cada una y cada uno.


Los cambios producidos con la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral han dado lugar a una escolarización más temprana, de modo que la escuela suele compartir con la familia los primeros años de su socialización. Se podría decir que, de algún modo, las escuelas infantiles ensanchan el marco familiar y significan hoy en día el lugar por excelencia donde niños y niñas aprenden a socializarse.


Las maestras y maestros cuentan generalmente con más conocimientos teóricos y técnicos relacionados con la educación que las madres y los padres. Son conocimientos que ayudan, pero que carecen de sentido si no se ponen todos los sentidos en la tarea, si el goce no forma parte del intercambio afectivo con los niños y las niñas.


La escucha, la creatividad y la apertura son los elementos que permiten saber qué estrategia es la más adecuada para cada momento y para cada criatura. Sin embargo, cuando la relación se basa fundamentalmente en los manuales o en las grandes teorías, la relación corre el riesgo de convertirse en una técnica, perdiendo su frescura y potencial creativo.


Crear un ambiente afectivo es la base para cualquier tipo de aprendizaje, sea éste realizado en casa o en la escuela. Lo que supone, además, la creación de referentes significativos para el aprendizaje de la expresión de los sentimientos y el intercambio de afectos.

En definitiva, aunque ser madre (o padre) y maestra (o maestro) no es lo mismo, ya que suponen implicaciones y contextos diferentes, los elementos básicos y necesarios para educar la sexualidad de niños y niñas no difieren de un modo claro y preciso entre la escuela y la familia, porque lo que realmente importa es la calidad de la relación que establezcamos en ambos casos.

 

Colaboración entre familias y escuela

Si aceptamos que la educación sexual es responsabilidad tanto de las familias como de las escuelas, se hace evidente la necesidad de intercambio entre quienes educan en los dos ámbitos, lo que conlleva intentar superar barreras y dificultades que pueden limitar esta comunicación.


Para algunas familias, no es fácil aceptar que en la escuela se trabaje la sexualidad con sus hijos e hijas. Asimismo, para algunas madres y/o padres, hablar de lo que viven sus hijas e hijos en casa no siempre supone una tarea fácil, ya que muchos de sus comportamientos y sufrimientos tienen que ver con determinados acontecimientos familiares. Les cuesta ahondar en todo ello, entre otras cosas, porque temen la culpabilización, los posibles reproches o la falta de comprensión por parte del profesorado.


Por otra parte, algunos maestros y maestras no terminan de tener claro que la educación sexual sea realmente una función que les corresponde. Quienes sí lo tienen claro, sienten cierto temor a que las familias interpreten este trabajo o cualquier manifestación de afecto hacia sus hijos o hijas como abuso o perversión.


Por todo ello, para que ambas instituciones colaboren entre sí, hace falta crear relaciones de confianza en las que sea posible decir la verdad, nombrar y ahondar en estas dificultades sin negarlas ni esconderlas, y encontrar los modos de colaborar que tengan en cuenta los miedos, necesidades y deseos de todos y todas.


Hay actitudes que ayudan a entender nuestras propias dificultades y las del otro o la otra, y a abrir un proceso de comunicación que parta de la confianza y el respeto mutuo. Estas son algunas de ellas:

- La honestidad para contar aquello que se hace y lo que no se hace en la práctica educativa que cada cual desarrolla. Lo que implica preguntarse:
       + ¿estoy en disposición de contar la verdad sobre mis formas de sentir y hacer educación, o temo los riesgos que van implícitos cuando hablo en primera persona?


- La humildad para aceptar las dificultades y miedos (tanto propios como ajenos). Lo que implica preguntarse:
       + ¿estoy en disposición de escuchar los miedos y dificultades ajenos sin enjuiciarlos?;
       + ¿soy capaz de expresar mis miedos y dificultades sin sentir que con ello estoy mostrándome “poco” profesional?;
       + ¿soy capaz de expresar mis miedos y dificultades sin sentir que con ello soy una “mala madre” o un “mal padre”?


- La apertura que permite reconocer que un maestro o una maestra puede aprender de una madre o un padre, y viceversa. Lo que implica preguntarse:
       + ¿estoy en disposición de dejarme dar y de aprender de las experiencias de otras personas que no forman parte de mi familia?;
       + ¿estoy en disposición de dejarme dar y de aprender de las experiencias de otras personas que no son profesionales de la enseñanza?


- Las ganas de facilitar el trabajo de todos y todas poniendo sobre la mesa aquella información y herramientas que se conocen y se consideran útiles. Lo que implica preguntarse:
        +¿siento que al dar este tipo de información estoy abriendo un camino para intercambiar saberes o, por el contrario, siento que estoy exponiéndome demasiado?


En las relaciones entre la familia y la escuela, lo importante es que cada cual (sea padre, madre, maestro o maestra) procure entender en cada situación concreta qué es lo que dificulta el desarrollo de estas actitudes, sobre todo aquello que tiene que ver con uno mismo o una misma.


No se trata de buscar culpables, ni de obligarnos a hacer aquello que no nos sale, sino de entender para buscar los modos realmente posibles de transformar aquello que no funciona o funciona mal.

Continuación: No es necesario "hacer teatro"

 

 

¿Quien debe y puede hacer educación sexual?

 

 

Introducción

El sexo y la sexualidad humana
El sexo y la diferencia sexual
La sexualidad infantil
¿Hay una sola manera correcta de ser mujer y de ser hombre?
¿El sentido de la sexualidad es la reproducción?
¿El sexo y la sexualidad son pura biología?

¿Las mujeres no tienen sexualidad propia?

¿Los afectos y la sexualidad no van unidos?

Siempre se hace educación sexual

Objetivos de la educación sexual

¿Quien debe y puede hacer educación sexual?

No es necesario "hacer teatro"

Entendernos y aceptarnos

Qué son los vínculos de apego

El contacto físico

Dar calidad a los vínculos y a las relaciones

La conciencia de ser niña o ser niño

La diferencia: reconocer al otro sexo

Tocar y sentir

Autoexplorarse

Nombrar

Aprender cómo evolucionan los cuerpos

Moverse y expresarse

Cuidar la salud

La coquetería

Cultivar el sentido de la relación

La amistad

Los conflictos

Los juegos amorosos

Sus curiosidades

Los mensajes contradictorios

¿Qué es el abuso sexual?

Mensajes que ayudan a prevenir los abusos

El alarmismo no previene los abusos

Bibliografía