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-Solemos preocuparnos cuando nuestros hijos no leen como
nosotros esperamos. Y, en ocasiones, nos preocupamos sin
motivo. ¿Cómo saber si realmente falla algo?
Consultando al profesorado de nuestros hijos. Sólo
hablando y contrastando nuestras observaciones con ellos
sabremos si existe retraso o aquello que nos preocupa
forma parte de la evolución normal en el aprendizaje.
Ellos no orientarán y nos indicarán qué hacer si
nuestros hijos necesitan una ayuda adicional. Nuestra
intervención sin consultar antes con los profesores
puede llevarnos a errores como:
-Crear ciertas contradicciones
entre el método de la escuela y el que empleamos en
casa. Sin tener conciencia de ello, podemos presentar el
sistema de escritura de manera muy diferente a la que
esperan o están acostumbrados los niños.
-Emplear textos inadecuados
por su extensión, por su interés o por su tema (tanto
por exceso como por defecto).
-Introducir un ritmo de
aprendizaje excesivo, quemando etapas y provocando un
aprendizaje poco seguro o poco válido para resolver sus
problemas, o creando incluso un cansancio innecesario.
-Repetir o enseñar lo ya
sabido, provocando cierto aburrimiento.
-El papel más importante que
tienen que cumplir los padres de niños que comienzan a
presentar dificultades en la lectura quizás sea el de
apoyo emocional y social. Una manera es reconocer
que, debido a los problemas de aprendizaje, el niño ha
tenido que esforzarse mucho más en su trabajo para
alcanzar su nivel actual de lectura y escritura. También
es importante comunicarle que se le seguirá queriendo,
aunque no le vaya bien en el colegio.
-Los padres deben dejar muy
claro al niño que puede tener éxito y animarle,
ya que de lo contrario no pondrá de su parte el esfuerzo
necesario para superar las dificultades.
-Si los padres también
tuvieron problemas con la lectura sería bueno que
compartieran con su hijo los problemas que sufrieron.
Esto le hace al niño sentirse más normal.
-Es totalmente inadecuado e
inútil compararle con algún hermano o compañero sin
problemas. Conviene recordar que ambos son distintos y
tienen sus cualidades, señalando algún área en que
destaque.
-Es importante desarrollar
la autoestima a todos los niveles. Puede hacerse
dispensando al niño consideración positiva
incondicional, en especial cuando se siente decaído o
fracasado. Es fundamental evaluarlo por su propio nivel,
esfuerzo y rendimiento.
-Realizar diariamente un trozo
de lectura de manera simultánea con el niño, de
modo que se le ofrezca un modelo correcto para aprender
e imitar.
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También puede resultar de mucha utilidad grabar las
lecturas del niño, con objeto de que él mismo pueda
escuchar el progreso alcanzado.
-A veces es completamente
imposible y hasta desaconsejable que los padres ayuden a
sus hijos. La situación se torna en ocasiones tan
cargada de ansiedad que los padres o el niño pierden la
calma, con lo que la situación de aprendizaje se vuelve
aversiva, perdiéndose aún más el interés por la lectura.
En esos casos, sería preferible una ayuda
extraescolar.
-Pero tampoco hay que perder
de vista que el niño necesita tiempo para relajarse,
para dedicarse a alguna otra actividad y para
“desconectar”. |