DEFINICION, EPIDEMIOLOGIA, DIAGNOSTICO Y ATENCIÓN A LA TARTAMUDEZ

 

 

 

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DEFINICIÓN, EPIDEMIOLOGÍA, DIAGNOSTICO Y ATENCIÓN A LA TARTAMUDEZ


La tartamudez o disfemia es un desorden complejo que ha sufrido
diferentes conceptualizaciones a lo largo del tiempo. El Diagnostic and
Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-IV)1 entiende la tartamudez
como alteración de la fluidez del habla. En su definición describe las
posibles alteraciones (disfluencias) e introduce la idea de diferenciar entre
la normalidad y la patología en función de la frecuencia de aparición de las
mismas. La DSM-IV define la tartamudez como: “Alteración de la fluidez y
de la organización temporal normales del habla, inadecuadas para la edad
del sujeto. Se caracteriza por la concurrencia frecuente de uno o más de
los siguientes fenómenos: repeticiones de sonidos y sílabas,
prolongaciones de sonidos, interjecciones, palabras fragmentadas por
pausas, bloqueos audibles o silenciosos, circunloquios para sustituir
palabras problemáticas, palabras producidas por un exceso de tensión
física y repeticiones de palabras monosilábicas”.
Un trastorno del lenguaje que se confunde con frecuencia con el
tartamudeo es la taquifemia1. Esta se manifiesta como lenguaje difícil de
entender debido a la gran velocidad del habla, con ritmo errático, mala
gramática y mala sintaxis. En ocasiones los dos trastornos se dan de forma
simultánea, pero presentan grandes diferencias. Mientras la persona que
tartamudea sabe lo que quiere decir y no puede, la que tiene taquifemia
puede decir lo que piensa pero su pensamiento está desorganizado. Quién
tartamudea tiene dificultad especialmente en los sonidos o frases iniciales,
y manifiesta esfuerzo en el lenguaje mientras que quién tiene taquifemia
resulta más claro al inicio de la frase y se vuelve menos inteligible
conforme avanza el discurso. Además, no es infrecuente que la persona
que tartamudea tenga una reacción de escape anticipatoria y que el
tartamudeo se produzca cuando el hablante espere que ocurra y lo tema.

EPIDEMIOLOGÍA
La tartamudez infantil (el término infantil se interpreta según los
diferente autores con un máximo de edad variable entre los 10 y los 18
años) aparece tras un periodo de habla adecuada, principalmente a la
edad preescolar2. Desaparece espontáneamente en un 80% de los casos,
la mayoría en los primeros meses tras la instauración. En el resto de los
casos se cronifica en la edad adulta. La tartamudez de aparición en el
adulto es muy poco frecuente. En esta edad hay que valorar una posible
relación con lesiones cerebrales. Se tiende a considerar a la tartamudez
infantil como un proceso agudo con probable curación y a la del adulto
como un proceso crónico con oscilaciones en su severidad.
Se admite que la incidencia de la tartamudez en población general2
es de entre 2,1 y 5 casos por 100 habitantes y año, aunque hay autores
que la sitúan hasta en el 15%. La prevalencia se sitúa entre el 0,30% y el
4,70% en niños en edad preescolar y entre el 0.7% y el 1% en el resto de
los niños. Se presenta cuatro veces más en el sexo masculino y con
frecuencia hay antecedentes familiares de tartamudez.

DIAGNÓSTICO DE LA TARTAMUDEZ Y VALORACIÓN
DE SU IMPACTO
Tradicionalmente la tartamudez se mide en términos de número de
sílabas con disfluencia tipo tartamudez por sílabas habladas o por minuto3.
Se considera el diagnóstico cuando aparecen más de 10 disfluencias tipo
tartamudez por cada 100 sílabas habladas, aunque diferentes autores
establecen puntos de corte mucho más bajos (incluso en el 1%). No
obstante, para hacer una evaluación rigurosa se han de incluir otros
aspectos4. Para ello existen multitud de cuestionarios más o menos
validados, auto o hetero administrados y más o menos ajustados a la edad
del individuo. Dichos cuestionarios suelen agrupar medidas respecto al
habla y medidas de socialización. Se suele valorar el habla a partir de la
ocurrencia de disfluencias, el porcentaje de sílabas por segundo, el tiempo
ocupado en el tartamudeo, la duración de las vocales, la naturalidad del
habla o la impresión personal sobre la severidad del tartamudeo. También
es frecuente la medición del impacto sobre la vida cotidiana: aprendizaje
de la lectura, consecución de objetivos escolares, reacciones de la persona
o del entorno ante una situación de tartamudeo y percepción de
sentimientos de desventaja.
La necesidad de estas mediciones del impacto de la tartamudez
sobre la vida cotidiana deviene de que cada individuo y las personas de su
entorno tienen una vivencia diferente respecto a la tartamudez, relacionada
no sólo con la severidad de la misma5 (se dice que un niño no es
tartamudo hasta que alguien de su alrededor dice “este niño tartamudea”).
En esta vivencia influyen las reacciones emocionales, conductuales o
intelectuales del individuo o del entorno y pueden suponer un gran
sufrimiento personal. Desde una perspectiva médica, la tartamudez se
considera un problema de salud, ya que está incluida en la Clasificación
Internacional de Funcionamiento, Discapacidad y Salud (International
Classification of Functioning, Disability and Health1).

ATENCIÓN A LA TARTAMUDEZ
La atención y seguimiento de la tartamudez suele ser una tarea en
la que se implican tanto familiares como sanitarios y educadores y el
esfuerzo principal se produce a la edad infantil. Por parte de los sanitarios
la vigilancia de las alteraciones en la consecución del lenguaje
naturalmente correspondería a los profesionales de Atención Primaria.
Aunque no existan protocolos o guías de actuación pormenorizadas, la
Asociación Española de Pediatría Extrahospitalaria aconseja la asistencia
por parte de un equipo multidisciplinar a aquellos niños que no superen los
problemas de tartamudez una vez cumplidos los 5 ó 6 años6. Asimismo en
los centros escolares, la tartamudez debe ser objeto de vigilancia en virtud
de su potencialidad como causa de necesidades educativas especiales y
de fracaso escolar. Así se recoge en la ley orgánica de ordenación del
Sistema Educativo7.
No obstante, la valoración de la discapacidad asociada a la
tartamudez, se puede realizar a partir de los 14 años de edad y tras haber
agotado todos los recursos terapéuticos disponibles8. La tartamudez más
grave se valora con un grado IIb de discapacidad para la comunicación
verbal, que origina un 24-35% de minusvalía. Si la tartamudez forma parte
de enfermedades o lesiones neurológicas, la valoración se hará en
relación a ellas y puede llegar a ser superior al 66% de minusvalía.

Tomado de: Cuerva Carvajal A, Márquez Calderón S, Sarmiento González-Nieto V.
Resultados de los tratamientos para la tartamudez. Sevilla: Agencia de
Evaluación de Tecnologías Sanitarias, 2007. Informe 5/2007.
http://www.juntadeandalucia.es/salud/AETSA.

Otros artículos:

Definición, Epidemiología, Diagnóstico y Atención a la Tartamudez

Tratamiento y Programas para la Tartamudez

Síntesis de resultados de los estudios sobre intervenciones para la
tartamudez en población infantil

Síntesis de resultados de los estudios sobre intervenciones para la
tartamudez en población adulta

 

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Disciplina
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Tartamudez

Miedos

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