EDUCACIÓN EN VALORES E INTERCULTURAL: IGUALDAD Y DIVERSIDAD EN LAS AULAS

 

 

 
 
 

La opción intercultural es la aspiración que intenta conjugar los objetivos
de las dos lógicas realmente existentes de gestión de la diversidad cultural,
la asimilacionista y la multiculturalista, es decir el reconocimiento y la
igualdad, la identidad y la cohesión social, la libertad. Conciliar diversidad
cultural y cohesión social son los grandes objetivos de la educación intercultural,
y esto se puede conseguir si la socialización del alumnado busca
una doble adaptación (a su propio medio y al medio común) y evita la desvaloración
de cualquier vivencia cultural; se enseña a los alumnos y alumnas
a vivir juntos en un mismo universo; y se les ayuda a construir su identidad
y su autonomía personal en este marco heterogéneo de referencias
y posibilidades. He aquí algunos caminos para intentarlo:
Los documentos institucionales (proyecto educativo, proyecto curricular,
reglamento de régimen interior, etc.) pueden convertirse en un
elemento estratégico importante de cara a modificar algunas prácticas
cotidianas, sedimentar una base de cultura común entre el profesorado
o poner en marcha un verdadero proyecto de innovación, aprovechando
precisamente la escolarización de alumnado de origen extranjero.
Incorporar la dimensión intercultural en estos documentos no debería
ser una tarea burocrática y aditiva, sino la ocasión para analizar la realidad
con lentes más precisas y justas y para asumir compromisos realizables,
logrando así una educación de más calidad y más eficaz.
Los temas transversales incumben sobre todo al profesorado: hacer
una educación no sexista significa poner sobre la mesa nuestras percepciones,
prejuicios y actitudes, significa someter a crítica nuestras prácticas
y las consecuencias que se siguen en el aula de ellas. Hacer una educación
antirracista pasa primero por tomar conciencia de nuestras creencias,
estereotipos e ignorancias, de nuestros usos lingüísticos y de las
condiciones que favorecen el mantenimiento de las desigualdades en el
aula. Una de las causas del fracaso de la transversalidad ha sido convertir
sus temas en añadidos descontextualizados y sin aparente relación
con la vida ordinaria de los centros y con aquello que se considera realmente
importante, que es, para el alumnado, lo que “sale” en el libro de
texto o lo que “entra” en los exámenes.
Todas las unidades didácticas deberían ser interculturales si realmente
tuvieran en cuenta los conocimientos u experiencias previas del alumnado;
si atendieran a las diversas ópticas y formas de acceso a un mismo
conocimiento; si buscaran su transferibilidad a otros ámbitos y contextos,
su funcionalidad para la vida escolar y no escolar. No es una buena
estrategia inventar unidades, maletas o jornadas interculturales, sino que
todos los contenidos del currículum pueden partir de los intereses más
desatendidos, pueden hacerse más inclusivos y pueden adquirir una
dimensión universal.
La agrupación de los alumnos y alumnas en grupos supuestamente
homogéneos en función de sus resultados escolares, de sus aptitudes, de
su conducta o de sus intereses futuros es una apuesta didáctica que va
claramente en contra de los objetivos de la educación intercultural, porque
tiene un impacto sumamente negativo en la calidad de las relaciones
sociales y no contribuye realmente a la mejora de los aprendizajes. La
investigación ha demostrado que si la cantidad y la cualidad de la enseñanza
se mantienen constantes, el efecto de la supuesta homogeneidad
es nulo. En cambio los efectos secundarios sí son apreciables tanto en
la distribución de los recursos disponibles como en la estigmatización de
determinados individuos o grupos.
La acción tutorial es uno de los elementos de más potencia educativa.
Entendida en su sentido amplio, como acompañamiento y ayuda al
alumnado, requiere de una relación personal y de un trabajo que puede
ir mucho más allá del ámbito académico estricto. La tutoría y el tutor/a
pueden convertirse en un referente muy importante para el alumnado
que desconoce determinados hábitos o supuestos de los centros educativos
o que tienen necesidad de una cierta protección ante un entorno
desconocido u hostil. La relación tutorial puede ser muy sensible a los
niveles de autoestima de los alumnos, a la calidad de la relación con los
compañeros; y la tutoría grupal es una oportunidad inmejorable para
trabajar los estereotipos y los prejuicios y para analizar las discriminaciones
a partir de las experiencias del propio alumnado. La esencia de la
acción tutorial es este esfuerzo de comprensión y de ayuda que todo
docente debe compatibilizar con la tarea de enseñar y de estimular el
aprendizaje.
Cuidar del autoconcepto personal de las alumnas y alumnos significa
acogerlos y aceptarlos incondicionalmente como personas, darles
seguridad y confianza, atender no sólo a sus capacidades cognitivas, sino
también a sus necesidades socioafectivas, de relación y de participación.
La imagen que tienen de sí mismos se construye fundamentalmente en
función del dibujo y las respuestas que reciben de los demás, especialmente
de las personas influyentes y con autoridad y de sus compañeros
más queridos y próximos: todos tendemos a acoplarnos a las expectativas
y requerimientos del entorno. Eso da al docente un papel de enorme
importancia: primero porque es una de las personas más influyentes
y sus reacciones (verbales, pero sobre todo no verbales) tienen un poderoso
impacto; pero también como observador, orientador y corrector de
las relaciones que se dan entre el alumnado.
El primer objetivo de la educación básica es proveer a todo el alumnado
de aquellas competencias, conocimientos y habilidades considerados
mínimos e imprescindibles para poder desarrollar una vida autónoma
y libre. Éste es el sentido de la escuela obligatoria y es el compromiso
que adquiere la sociedad (y, en su nombre, la escuela) con todos y
cada uno de los alumnos y alumnas. El derecho a la educación no es
simplemente el derecho a estar escolarizado, sino el empeño de los
poderes públicos para garantizar a todos, independientemente de sus
capacidades y condiciones, esta cultura básica. Es también el primer
objetivo de la educación intercultural; no en vano los índices de fracaso
escolar son alarmantes entre determinadas minorías y se ensañan entre
los más débiles.
Aprender a vivir juntos no es ya una consecuencia natural del orden
social, sino que debe ser una aspiración y una voluntad decidida y consciente
del entorno escolar. En un doble sentido: por una parte, los nuevos
medios y agencias de transmisión cultural no se han concebido para
conformar un núcleo estable de conocimientos, un marco de referencias
suficientemente sólido y comprensivo y, por eso, es necesaria una oferta
educativa que ayude al sujeto a construirse, a conocer la realidad con
instrumentos suficientemente contrastados, a clarificar los propios valores
y a asumir las consecuencias de sus actos. Por otra, la gestión y, hasta
donde sea posible, la resolución de los conflictos, debería formar parte
del núcleo duro e imprescindible del aprendizaje escolar, ya que se trata
de un dato ineludible de las sociedades contemporáneas.
La empatía es una estrategia didáctica que se compone de diversos
ingredientes: la proximidad (la capacidad de dialogar, de escuchar, de ser
receptivo); el lenguaje familiar y cálido; el optimismo y las expectativas
positivas sobre el progreso de todos los alumnos y alumnas; la flexibilidad
y la adaptabilidad; la sensibilidad y el interés por las experiencias
personales y por las capacidades del alumnado para resolver sus problemas
cotidianos; la beligerancia ante los insultos, las marginaciones y las
agresiones. La relación empática requiere implicación personal por parte
del profesorado, hacer visible la alianza que hemos establecido con el
esfuerzo y el aprendizaje del alumnado, teniendo claro que los problemas
a los que debemos enfrentarnos en la escuela traspasan el ámbito
estrictamente escolar.
Los alumnos y las alumnas son los responsables últimos de su aprendizaje
y eso debe traducirse en autonomía y autorregulación de su propio
aprendizaje. Esta concepción del trabajo educativo cuenta con instrumentos
ya clásicos en la historia de la pedagogía (contrato didáctico,
planes de trabajo, proyectos, rincones, talleres...). Uno de sus fundamentos
es contar con una programación previa sistemática y bien estructurada.
Requiere además unos principios de procedimiento que orienten la
vida del aula y del grupo: garantizar el respeto mutuo, rigor en los hábitos
y técnicas de trabajo, una organización que optimice el tiempo de
aprendizaje, unos materiales y recursos abundantes y de calidad, y una
evaluación individualizada y rigurosa.
Utilizar metodologías que estimulen y propicien la interacción, la
comunicación y el intercambio, tanto para conseguir un aprendizaje más
sólido y relevante como para conocer al otro y aprender a vivir juntos.
En este enfoque caben tanto las estrategias sociomorales (que requieren
la implicación personal de los implicados y el diálogo), como las estrategias
socioafectivas (que combinan la transmisión de información con
la vivencia personal) o el aprendizaje cooperativo en sus múltiples
variantes.
Escoger con esmero los libros de texto y los materiales curriculares
y estar atentos a sus derivas racistas, tanto en el texto como en las ilustraciones:
generalizaciones e interpretaciones culturalistas, afirmaciones
henchidas de etnocentrismo (desde el “descubrimiento” de América, a
la “reconquista” de la península), elusión de personajes, historias o aportaciones
no occidentales en todos los campos del saber. Utilizar fuentes
de información diversificadas y plurales utilizando las tecnologías de la
información y de la comunicación a nuestro alcance.
Interculturalizar todas las áreas del currículum. Hemos hablado ya de
la lengua y de la religión, pero deberíamos incluir aquí el área de conocimiento
del medio natural (potenciando la dimensión funcional de la
ciencia) y social (la comprensión de la realidad social del mundo en que
vivimos y la práctica de los hábitos propios del humanismo y la democracia);
el área de educación artística, tanto visual y plástica (dando la
importancia que se merece a la producción y al análisis de la imagen y
de las diversas manifestaciones artísticas), como musical (uno de los
ámbitos más propicios para conocer y positivar la diversidad cultural y
el mestizaje); la educación física (con su enorme potencial de expresión,
relación y gozo); el área de matemáticas (tanto en el planteamiento
como en las formas de resolver los problemas) y las tecnologías (un
terreno abonado a la flexibilidad, a la opcionalidad, a la aplicación y a la
inteligencia práctica).


Información extraída del Portal del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte.

Otros enlaces:

Introducción

ÁMBITOS Y DIMENSIONES DE LA PERSONALIDAD MORAL

INFINITAS MANERAS DE SER NIÑA Y DE SER NIÑO

LA INCORPORACIÓN DE LAS NIÑAS A UN ESPACIO DE NIÑOS

LAS MUJERES Y LAS NIÑAS CREAN MUNDO

LAS RELACIONES ENTRE NIÑAS, ENTRE NIÑOS, ENTRE NIÑAS Y NIÑOS

LA IGUALDAD Y SUS LÍMITES

¿QUÉ QUEDA DEL PATRIARCADO EN NUESTRAS AULAS ?

RECURSOS BIBLIOGRÁFICOS

La demanda social de educación en valores

El papel de los protagonistas: Alumnos y alumnas

El papel de los protagonistas: Familias

Modelos existentes en la educación del alumnado con necesidades educativas especiales

Orientaciones para atender a la diversidad desde el aula

Orientaciones para atender a la diversidad desde el centro

El papel de los protagonistas: Docentes

Discapacidades con las que solemos encontrarnos en la escuela

DIVERSIDADES CULTURALES

SOCIEDAD , EDUCACIÓN , CULTURA

¿CÓMO ABORDAR EL ESTUDIO DE UN PROBLEMA AMBIENTAL?

¿ES NECESARIA LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?

¿DÓNDE SITUAR LOS ORÍGENES DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL?

¿ES SUFICIENTE CON HABLAR DE EDUCACIÓN AMBIENTAL?

LA EDUCACIÓN VIAL EN LA ESCUELA

La función educadora en relación con los valores