EDUCACIÓN EN VALORES: EDUCACIÓN AMBIENTAL

 

 

 

 

 

 

 

 UNAS PROPUESTAS PARA LA REFLEXIÓN

 

 

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En 1997 se celebra en Tesalónica la “Conferencia Internacional Medio
Ambiente y Sociedad”, auspiciada por la UNESCO, donde se plantean los
nuevos retos de la educación para un futuro sostenible. En el documento
elaborado sobre Educación y Sensibilización para la Sostenibilidad, se
reconoce que una educación y una sensibilización apropiadas del público, constituyen
uno de los pilares de acción en favor de la sostenibilidad, junto con la legislación, la economía
y la tecnología, al tiempo que se pone de manifiesto la necesidad de
coordinar esfuerzos y de diseñar objetivos alcanzables.
La realidad que nos encontramos en el mundo educativo nos muestra
que son diversas las situaciones de partida –personales, de formación inicial
y permanente, de contexto social, cultural y económico de las personas
y de los lugares de trabajo–, por tanto, hemos de aceptar igualmente
que son múltiples las estrategias que han de proponerse para conseguir
el objetivo, tantas veces citado, de no tratar la educación ambiental como
una serie de actividades aisladas del resto del quehacer diario, ni como
unas propuestas agrupadas alrededor de una disciplina tradicional –generalmente
las Ciencias Naturales–, ni mucho menos creando una nueva
disciplina. Nuestro objetivo será el de configurar un marco educativo
donde la educación por la sostenibilidad esté presente en todo momento
y lugar.
Hace un tiempo, se pasó una encuesta al profesorado que participaba
en cursos de formación para analizar el estado de la educación ambiental
en su centro. Allí se detectaron las siguientes situaciones de partida:
A. Centros que querían abordar la educación ambiental desde el punto
de vista curricular. En unos casos contando con la ayuda mayoritaria
del Claustro, en otros, con sólo unas pocas personas interesadas.
B. Centros que deseaban trabajar una problemática ambiental determinada
que se daba generalmente en el entorno del centro, pero sin plantearse
ningún tipo de relación curricular manifiesta. Normalmente se
trataba de actuaciones circunscritas a un tiempo corto y a un espacio
concreto.
C. Finalmente aparecían un tercer tipo de centros, cuyo objetivo era
fomentar la concienciación y la participación en la resolución de problemáticas
ambientales de tipo más general.
Es evidente, que cada caso requiere una estrategia diferente:
- Si el claustro, a partir de un análisis del contexto, decide mayoritariamente
que la educación ambiental ha de implicarse de manera significativa
y permanente en todas las acciones del centro, es necesario promover
una reflexión para su desarrollo desde el Proyecto Educativo de Centro.
- Si existe un cierto compromiso conjunto entre el profesorado a la
hora de elaborar propuestas para abordar la educación ambiental, se
pueden ir realizando proyectos medioambientales, con el objetivo a
medio plazo de ir organizando de una manera globalizada, alrededor
de cada proyecto, los diversos contenidos curriculares.
- Aquellos centros que no se plantean integrar la educación ambiental
en su currículo, pero en cambio, de manera ocasional, abordan determinadas
problemáticas medioambientales, coincidiendo por ejemplo
con celebraciones como el día del árbol, el día del medio ambiente o
el día de la paz, pueden trabajar en la realización de campañas
medioambientales, porque ello permite una mejor aproximación a la
visión sistémica que propone la educación ambiental.
En todo caso, las estrategias deben estar centradas en un primer
momento en el propio ámbito escolar, proponiendo no sólo acciones de
mejora ambiental del centro, sino fomentando actuaciones en favor de
la sostenibilidad.
Si recordamos los tres aspectos que debemos atender (gestión, educación
y participación), podemos concretar nuestra acción en:
1. Diseñar un modelo de gestión ambiental para nuestro centro.
2. Promover la realización de proyectos educativos en temas de desarrollo
sostenible.
3. Propiciar la participación y el cambio en las relaciones interpersonales
en los centros escolares.
En cualquier caso, necesitamos temporalizar su aplicación, pasando
sucesivamente por:
- Fase de información-formación, con acciones dirigidas a profesorado,
alumnado e incluso a las familias.
- Fase de sensibilización, necesaria para despertar el interés colectivo
por el proyecto.
- Fase de investigación ambiental, donde se irán abordando los diferentes
problemas ambientales planteados en el centro.
- Fase de actuación, una vez elaborado un plan de acción diseñado
para llevar a cabo las propuestas de mejora consensuadas.
- Fase de seguimiento y evaluación, para comprobar el nivel de consecución
de los objetivos y valorar el proceso seguido.
Este proceso puede estar centrado también en problemáticas propias
de ámbitos físicos externos al centro escolar, o en aspectos sociales que
afectan a nuestro entorno.
Cuando uno de estos ámbitos de estudio es compartido por varios
centros escolares, nuestro proyecto de centro se convertirá en proyecto
de zona. En este caso se debe establecer una coordinación entre ellos
que facilite el intercambio de materiales e información entre todos los
centros participantes.
Es conveniente conseguir la colaboración de entidades o instituciones
que nos aporten los recursos necesarios, ya que este tipo de proyectos
requieren de algunos desplazamientos, visitas y trabajo de campo.
Alcanzada nuestra primera meta, debemos trabajar en nuestros centros
escolares en un segundo objetivo, centrado esta vez en la comunidad
local. Partiendo de las experiencias acumuladas por los diversos
estamentos de la comunidad educativa (alumnado, profesorado, familias,
personal no docente, etc.), trataremos de integrar al resto de colectivos
locales.
Con ello pretendemos hacer partícipes a todos los sectores sociales
del concepto de sostenibilidad y de los valores que implica, impulsando
desde los centros escolares el proceso democrático de toma de decisiones
conjuntas en la comunidad.
Por último, cabe señalar que un proyecto de “educación para la sostenibilidad”
debería iniciarse a través de la formación del profesorado,
utilizando posteriormente los centros educativos como punto focal para
involucrar a toda la comunidad local.
¿Una utopía? No, una realidad: Por una ciudad sostenible. Almassora
1997-1999. Se trata de un proyecto europeo de educación para la sostenibilidad,
que se desarrolló en doce ciudades europeas al mismo tiempo,
con la idea de fomentar la visión comunitaria, aludiendo a la necesidad
de que las personas expresen su opinión para formar una visión compartida
de un futuro sostenible deseado para esa comunidad.
En este proyecto, el núcleo inicial lo constituían un centro de
Primaria y otro de Secundaria, que siguiendo unas fases de actuación
–trabajo interno del grupo dinamizador; difusión de la experiencia al
resto de la sociedad; organización de una conferencia local; y actuación
sobre las problemáticas: la acción local– consiguieron poner en marcha
un proceso de Agenda 21. Sirva este ejemplo para constatar la capacidad
transformadora que tiene la educación y el papel de la educación
ambiental –como una dimensión de aquella–, para contribuir al desarrollo
de una auténtica “educación para la ciudadanía”.
Para alcanzar esa educación solidaria, es necesario crear ámbitos de
participación que gestionen los problemas ambientales de su entorno y
establecer alianzas entre ellos que permitan una mayor eficacia en sus
acciones. No debemos olvidar que si estamos haciendo hincapié en la
necesidad de abordar los problemas ambientales desde una visión sistémica,
de igual modo, la búsqueda y tratamiento de las posibles soluciones
a ellos deberá ser también global.
Sostenibilidad significa construir las condiciones de un mundo materialmente
suficiente, socialmente equitativo y ecológicamente perdurable.
Una de las áreas en que está dividida la Agenda 21 de la que hablábamos
anteriormente es la dedicada a las iniciativas de las autoridades
locales. En ella se dice lo siguiente:
Las autoridades locales, como nivel de gobierno más próximo a los ciudadanos,
son determinantes para conseguir mediante la educación y la movilización
pública los objetivos del Programa 21.
Y continúa diciendo ...
Cada autoridad local deberá iniciar un diálogo con sus ciudadanos, organizaciones
locales y empresas privadas para elaborar su Programa 21 Local.
En este proceso adquiere un papel fundamental el “Foro de
Participación Ciudadana”, que constituirá el órgano representativo de la
comunidad local. Deberá ser independiente y autónomo y nacer con un
objetivo claro, el de facilitar la participación de los ciudadanos y ciudadanas
de cada municipio en el diseño de su propio futuro, promoviendo
un comportamiento activo hacia el medio que les rodea y fomentando
actitudes de respeto y crítica responsable.
¿Pueden los centros escolares mantenerse al margen de este proceso?
Por supuesto que no. A todos nos afectan los problemas ambientales
y todos debemos preocuparnos por colaborar en la búsqueda de
soluciones. Por eso, junto a estrategias muy importantes como son la
información, la sensibilización y la capacitación para actuar en la resolución
de los conflictos, es necesario caminar hacia una responsabilidad
compartida.
Estas líneas son una invitación a todos los centros escolares ubicados
en ciudades donde ya se ha iniciado dicho proceso a que se integren en
su “Foro Ciudadano”, entendiendo éste como un espacio de debate, no
de técnicos sino de ciudadanos y ciudadanas que quieren aportar su
visión de futuro y contribuir a definir criterios de sostenibilidad para su
ciudad.
Es preciso trabajar en nuestros centros escolares en la línea de generar
propuestas que contribuyan a facilitar un cambio en nuestras concepciones,
hábitos y actitudes con relación al medio ambiente y donde,
a través del fomento de acciones de participación social, nos permitan
avanzar hacia una sociedad sostenible.


Información extraída del Portal del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte.

 

 

 
 
 

 

 
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